Al ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, comenzó a desordenársele el gallinero, pese a las altas preocupaciones que ya tiene con el conflicto con Perú en La Haya y con Bolivia por las aguas del rio Silala. Esta vez la Asociación de Diplomáticos de Carrera (Adica) -cuya directiva en su mayoría es pro gobierno- puso el grito en cielo por el proyecto de modernización institucional que pretende llevar adelante la cartera que, entre otros aspectos, busca profesionalizar la planta del servicio exterior.

Todo consta en una carta enviada por el presidente de la Adica, Francisco Devia, el pasado 17 de octubre -que publica íntegramente The Clinic Online- donde acusa ante el subsecretario, Fernando Schmidt, que la Dirección de Personas y Desarrollo Organizacional del ministerio les ha impedido participar de la iniciativa. Y opinión ni hablar.

“En este este escenario, y dado que hasta ahora la autoridad no ha dispuesto un mecanismo que permita una participación efectiva de nuestra asociación, Adica no puede avalar que el mecanismo empleado para elaborar el citado borrador pueda considerarse un ejercicio que haya contado con la participación de los funcionarios ni siquiera a nivel de consultas. No podemos dejar de observar que resulta evidente que la modalidad impuesta no contribuye a el ya maltrecho clima laboral al interior del Ministerio de Relaciones Exteriores y constituye una repetición de errores cometidos en el pasado con resultados conocidos”, se lee en el documento.

Este “alzamiento” contra Moreno, responsable último de las iniciativas legales, se debe a varios punto concretos de la propuesta no escuchan a las bases y que, según la carta, sólo ha sido conocida en términos verbales.

Lo mismo de siempre

La Adica insiste en que la creación de una “subsecretaría de Comercio Exterior” -que busca mejorar las relaciones comerciales con el resto del mundo- es un error estratégico, porque sólo desfavorecerá el trabajo político de la Cancillería, que es “la gran debilidad estructural”, del servicio exterior. Estas expresiones se enmarcan en medio de los problemas limítrofes y a pocos días de las elecciones municipales.

Al respecto, la Adica no evita palabras fuertes aludiendo a que la modificación ampliará la “desorganización en la política exterior de Chile, sin reparar que ello ha causado las debilidades tenidas a la vista en nuestras relaciones bilaterales, particularmente con países fronterizos”.

La asociación critica también una política de pago de bonos para mejorar el rendimiento funcionario y la movilidad del escalafón, cuestión que califican de “inconducente”, “por cuanto la práctica la práctica ha demostrado su inaplicabilidad en el pasado”.

Al respecto la Adica insiste en que la actual administración peca de “falta de creatividad, precisamente en una instancia en la que debería buscar cambios legales que permitan vincular los méritos a los progresos en el escalafón”. En otras palabras, la Cancillería no es una empresa.

Y más: “Se insiste en una visión descompensada de la carrera diplomática acentuando las exigencias sobre algunos grados en particular, dejando en evidencia un criterio que privilegia la desigualdad…”.

Otra queja es que a diferencia de otros cargos dentro de la Cancillería, el único al que no se le exige título profesional para asumir es a un embajador, cuestión que aseguran permite carreras “vitalicias” e impide el tiraje de la chimenea.

Y como buenos diplomáticos, agradecen y reconocen algunos aspectos positivos del proyecto en el último párrafo de la carta, pero “que las razones de forma, y particularmente las de fondo antes expuestas nos obligan a representar a US. nuestra profunda decepción que ha tomado el actual ejercicio de modernización de la Cancillería”. En suma, cero “rapport”, o “sintonía”, para el hombre de a pie.

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Carta de Adica