“Los errores políticos se pagan con cambios políticos” dijo Carlos Larraín luego del cambio de gabinete. El comentario del presidente de RN respondía a la pregunta de si el cambio de Rodrigo Hinzpeter significaba un acuso de recibo del gobierno ante las críticas generadas por generadas por la falta de manejo político del hasta ayer ministro del Interior.

Más allá del diplomático silencio de los timoneles de partido, lo cierto es que el gran ausente del desfile del cambio ministerial fue Rodrigo Hinzpeter, el nuevo ministro de Defensa, quien fue el único que rehusó el micrófono dispuesto en el patio de los naranjos. Mientras los nuevos miembros del gabinete y los presidenciables desfilaban ante la prensa, Hinzpeter salía por la puerta de Morandé 80 y, lejos de las cámaras, retiraba sus cosas.

La salida de Hinzpeter del Ministerior del Interior se vislumbra como la consecuencia que su rol generó en la opinión pública y dentro del mismo oficialismo. El caso sobreprecios, que costó la salida del abogado Alejandro Peña, fue sólo la última de una serie de polémicas ocurridas bajo sus tres años de servicio en la cartera de Interior.

El año 2010, el conflicto de terrenos protagonizado por la comunidad de Rapa Nui terminaba con una fuerte represión y la negación del entonces ministro a presentarse en la isla para solucionar el conflicto. El mismo año, Saif Khan, ciudadano pakistaní, fue arrestado y acusado de tener lazos con musulmanes radicales y conexiones con el Mapu Lautaro, entre otras cosas. En el momento, Hinzpeter aseguró que habría indicios de terrorismo en el caso del pakistaní, y luego de siete meses en prisión preventiva, se comprobó la inocencia de Khan.

Este último sería uno más de los episodios relacionados con casos de seguridad y que tienen como emblema al bullado Caso Bombas, que también terminaría con todos los imputados en libertad y la credibilidad del ministerio colgando de un hilo.

Por otro lado, la represión desmedida sería la tónica para enfrentar los conflictos sociales, como las movilizaciones estudiantiles del 2011 y el conflicto en Aysén a comienzos de este año, donde los habitantes de la región fueron reprimidos con balines de acero.

Todo esto redunda en la crítica que la UDI hizo el año pasado a Hinzpeter por su manejo político. Hinzpeter fue más un ministro de seguridad que del Interior, descuidando la relación con el Parlamento y el rol que debía jugar para impulsar las leyes que salían del Gobierno.

Por esto, la entrada de Andrés Chadwick al ministerio del Interior, solo transparenta el rol que el primo del presidente ha ejercido desde su ingreso a La Moneda el año pasado, cuando desde la Segegob se convirtió en una suerte de ministro del Interior en las sombras ante la falta de manejo político del hoy ministro de Defensa.