Foto: Alejandro olivares

¿Por qué te interesaron las favelas?
No fue tanto una elección. Primero trabajé en la ciudad formal, porque no habían programas para las favelas. A partir del 93 el Gobierno Municipal de Río de Janeiro elaboró el “Favela Barrio”, que buscaba urbanizar estos asentamientos. La idea era aunar lo urbanístico con lo social, lo económico y la cultura. Se buscaba entender las políticas públicas no como una acción militar contra las favelas, si no como un desarrollo social.

¿Por qué las autoridades intervinieron las favelas?
Hace 15 años las favelas se le caían en la cabeza a la clase media. En los tiroteos, entre los traficantes, los muertos caían desde los morros a los edificios que están a los pies de los cerros, donde vive la clase media. Un amigo me contó que en un edificio de Ipanema cayó un cuerpo justo en medio del prisma de iluminación, en una torre de diez pisos. Es decir, tuvieron que caer varios muertos sobre la ciudad para que recién se elaborara una solución.

¿Con qué te encontraste en las favelas?
Con una población trabajadora a merced de los traficantes, que no sólo debe soportar esa violencia, sino que también la de la policía, que trata a la favela como campo enemigo.

¿Cómo es la relación entre lo formal y lo informal en Río de Janeiro?
Es diferente a Chile. Acá hay dos puntos de conexión determinados por el fútbol y la samba. Los jóvenes de la clase media se juntan con los jóvenes de la favela en los partidos, en los torneos, en los bares, y en la escuela de samba. En Santiago, en cambio, el punto de conexión entre la villa y la ciudad formal es mucho más débil o inexistente. No he visto allá lugares donde el deporte actúe como un conector, tampoco he visto grandes salones de baile donde los chicos de la clase media interactúen con los de las villas.

¿Los traficantes en las favelas quieren una ciudad más amable?
Ellos no se oponen, porque no pueden tener a los habitantes contra ellos. Si la comunidad quiere la urbanización los traficantes la apoyan.

¿Cuántas favelas se han intervenido?
Deben ser unas 250 de las mil favelas que hay. Pero los proyectos se abandonaron. Las urbanizaciones hechas hace 15 años por el “Favela Barrio” hoy están completamente destruidas, porque el Estado no mantiene. Cuando pasa eso es casi lo mismo como si no se construyera. Hay poca conciencia en América Latina que hay que mantener lo que se hace.

Brasil será sede del Mundial de Fútbol y de las Olimpiadas. ¿Qué está haciendo el gobierno en las favelas para dar una buena imagen?
Hay un programa que se llama “Morar Carioca”, que es la continuidad del “Favela Barrio”, pero asumiendo los errores e intentando corregirlos. Hay que ver si el poder público tiene el aliento de llevarlo para adelante con coherencia y consistencia a lo largo del tiempo, y no sólo por el Mundial o las Olimpiadas.

SANTIAGO

¿Qué te sorprende de Santiago?
Santiago es una ciudad profundamente partida. La ciudad formal, la del primer mundo, no tiene nada que ver con las villas. No hay un punto de contacto entre las dos ciudades.

Hay una ciudad para los ricos y otra para los pobres…
Sin duda, son dos ciudades que no tienen absolutamente nada que ver una con la otra. Ni los ricos frecuentan los barrios de los pobres, ni los pobres los barrios de los ricos. Eso se rompe sólo cuando los pobres, por razones de trabajo, visitan a los ricos.

¿Qué tensiones genera esta desconexión?
De todo tipo,. Partiendo por los imaginarios. Los ricos imaginan que los habitantes de las villas son todos ladrones; y los pobres imaginan que los ricos son todos exclusivos y excluyentes.

Entonces no sólo hay dos ciudades, sino que además son rivales…
Sí, son dos puntos sin conexión. Por eso creo que lo que falta en Chile no es hacer techos ni casitas, sino que faltan puntos de conexiones entre estos dos mundos. ¿Cuáles son? El trabajo, el deporte y la diversión. Estos tres grandes conectores generan lazos sociales. Hay que formular programas que, además de habitaciones, construyan ciudades, hagan escuelas de mejor calidad, centros de salud, bibliotecas públicas, que creen espacios para la convivencia. Esta tarea no se logra con el voluntarismo de un intendente o un presidente, es un proceso continuo de gobiernos sucesivos.

¿Has hablado con las autoridades chilenas?
Después del terremoto estuve en una reunión en La Moneda. Había mucho interés, pero creo que no hubo una formulación de programas.

BLOCK

¿En que se parecen las poblaciones a las favelas?
No se parecen. En Chile, en Uruguay y en Argentina las villas son anémicas, de baja intensidad. Por eso no tienen capacidad de albergar grandes programas , porque hay poca cantidad de habitantes.

¿Qué te parecen los block como solución habitacional?
Eso se transformó en el verdadero problema. Los block que he visitado en Santiago tienen un tremendo potencial negativo, allí no existe urbanidad.

¿Sentiste miedo?
No, porque comparado con Río las armas acá no se ven. Allá te reciben con ametralladoras cuando vas a una favela. En Santiago no tuve esa sensación intimidante. Lo que sí vi fue un hacinamiento tremendo. Nada que ver a la realidad de Providencia, que queda a pocos kilómetros. Es increíble que Chile tenga estas condiciones de vida infrahumanas cuando es una de las potencias económicas de América Latina.

¿Tú ves a Chile como un país desarrollado?
Es un país desarrollado, pero muy injusto. Hay un crecimiento económico y un abismo social. Hay dos países en uno: uno del primer mundo y otro del último.

¿Cuáles son los problemas de los block?
Que entre ellos hay espacios de nadie, no asumidos ni por el poder público ni por la propia población. Existe abandono, suciedad, falta de árboles. Hay, además, apropiaciones caóticas, cada uno expandiendo y explotando su vivienda sobre el espacio público, sin ningún orden. Realmente, son lugares de absoluta exclusión. Lo peor es que nadie elige vivir allí, es gente que no tiene otra alternativa en su vida.

¿No existe el espacio público en los barrios?
Es casi imposible encontrarlo. Se tiene la idea de que lo público son las banquitas y lo que queda entre cada edificio, pero eso no es. El espacio público tiene que ofrecer distracciones para diferentes edades y lugares que congreguen. En Santiago no he visto ningún lugar así en los barrios marginales.

¿Por qué todo esto pasa en la periferia?
Porque en la periferia están los terrenos más baratos. Hay un circuito perverso en el cual la ciudad se expande sobre las aéreas más débiles y muchas de ellas no edificables. En Santiago he visto construcciones sobre basurales o cerca de los ríos. Pasa lo mismo en todas las capitales latinoamericanas. De hecho, Caracas es una de las favelas más grandes de América Latina.

Entonces esto es culpa del mercado del suelo…
Sin duda, pero el mercado se beneficia con esta situación, porque cuando se instala un nuevo grupo habitacional, por presión después se va ordenando que se construyan calles, e iluminación pública, que vienen a valorizar otras aéreas alrededor. Así el circulo de la expansión se va regenerando permanente y alejándose cada vez más.

¿Qué responsabilidades tienen las políticas habitacionales?
Total, absolutamente toda la responsabilidad, porque fue en nombre del Estado que se construyeron todas estas casitas y bloques, que son una desgracia urbanística. La gente que hizo esto no tiene idea de lo que es una ciudad asociada, ni mucho menos lo que es el equipamiento público necesario para que la vida social se desarrolle.

¿Cómo es que se permiten estas aberraciones urbanísticas?
Yo creo que no se piensan. Hay un no pensamiento de la cuestión urbana en su conjunto. Sólo se colocan parches, es decir, se identifica un problema y se corrige. Pero mientras la política actúe sólo como un bombero nunca habrá una buena solución habitacional.

CIUDAD INFORMAL

¿Qué te parece la estética que ha adquirido la ciudad informal?
Cuando uno mira la favela de noche y de lejos, hacia los morros, es un paisaje bellísimo, como pinos de navidad. Pero de día es diferente. De cerca, la favela ya no se ve tan bien, sobre todo porque adentro uno ve el abandonamiento, el hacinamiento, la falta de espacios públicos… pero a pesar de eso, hay una poética propia. La favela, hasta antes del dominio de los traficantes, era un lugar donde se decía que se vivía más cerca de las estrellas, donde muchos compositores hicieron sambas hermosas. Pero cuando la droga se tomó ese lugar la vida ya no fue tan agradable. Se empezó a hacer más hip hop y funk, había más protesta social, y la favela se convirtió en un lugar de exclusión.

Acá en Chile la belleza es casi inexistente en las políticas habitacionales.
No existe. De lo que he visto, encuentro difícil poder derivar una idea estética.

¿Por qué?
Porque nadie se preocupa del derecho a la belleza. Hay un conformismo por la estructura. Una vez, caminando por una favela, en la Mangueira, un habitante me dijo: “La Mangueira es muy fea”. Eso es reclamar el derecho a la belleza, a tener espacios bonitos, tal como los que hay en la ciudad formal.

¿Cuál es el efecto privado que tiene la buena intervención de un espacio público?
A una inversión pública la gente en las favelas responde mejorando sus casas, tanto como en la ciudad formal. Cuando la autoridad mejora un parque o una calle la gente se preocupa por una cuestión de valorización y de aprecio al lugar.

¿Por qué hay tan pocos arquitectos que se interesan por la ciudad informal?
Hay muy pocos trabajos de viviendas sociales de calidad en Latinoamérica. En algún momento –antes de la década del 60- hubo buenos proyectos, pero después vino una amnesia y se optó por la solución inmediata y cuantitativa del block. Hasta ahí llegó el diseño.

¿Cuánto cuesta un buen proyecto de vivienda social?
Dinero siempre hay, el problema es que se usa mal. Está mal repartido. Lo importante es que ese dinero llegue a los sectores más frágiles que no tienen la posibilidad de contratar a un arquitecto y que precisan de la mediación estatal para tener viviendas con calidad urbanística.

¿Cómo se recupera la ciudad informal?
Hay que hacer una política para reurbanizar los block. En Santiago me asustó la cantidad que hay en la periferia, todos con cero calidad. Yo creo que una política pública responsable debería incorporar equipamientos, servicios y lugares de trabajo como quioscos o peluquerías, para que la gente no tenga que transformar sus propias viviendas.

Acá en Chile se hizo una “reforma tributaria” para mejorar la educación. ¿Crees que una reforma tributaria para recaudar más recursos para la vivienda es una solución?
Sin duda. Una reforma tributaria para la vivienda ayudaría a tener mejores barrios y no depósitos de gente.