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Opinión

14 de Febrero de 2013

“Yo le cocinaba, le lavaba los platos y hasta los calzones”

El hombre más envidiado de Chile ya no lo es. Tatón pasó de tener la media mina a ser vilipendiado por irse de lengua en contra de su ex, la Miss Chile Camila Recabarren, que anunció tras el quiebre que esperaba una guagua de otro hombre. El galán argentino, que habló con nosotros antes de su mediático paso por Primer Plano, cuenta cómo llegó a Chile, se hizo empresario nocturno, y por qué le va bien con las mujeres jóvenes. "Mi pareja debe estar dispuesta a una o dos veces al día”, dice.

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Foto: Alejandro Olivares

Días después de esta entrevista, Tatón Púrpura desapareció del mapa farandulero. No se supo más de quien había sido uno de los hombres más envidiados del país. Por esos días había terminado una larga relación con la veinteañera Miss Chile, Camila Recabarren. La modelo lo había denunciado por hurto acusándolo de dejarla sin ropa, sin calzones y sin su corona. Al final Tatón optó por devolverle todas sus pilchas. Y de ahí no se supo más del empresario trasandino de 57 primaveras.

Pero a mediados de enero, el blondo volvió con cuática al enterarse que su ex polola estaba embarazada pero de otro. Acongojado, quiso irse al patio de los callados y se mandó un cóctel de pastillas y copete, que no le provocaron el efecto esperado.

Tras el colapso, reapareció en Primer Plano pelando a su ex, sin ningún filtro, y dijo, picado, que habían terminado la relación porque él la pilló con otra mujer, que ella era de hacer tríos, que él la vestía de pies a cabeza con ropa marca Zara, que el mismo podría ser el padre de la guagua, asegurando que ambos habían estado en un motel en diciembre (aunque ahora sumó otra teoría: la guagua sería de un concejal de La Serena).

Antes que quedara la escoba, lo entrevistamos sobre su vida en Chile, su pasado en Argentina, sus negocios nocturnos, las mujeres y su faceta romanticona. Y aunque tratamos de contactarlo en estos días para actualizarla, no contestó nunca.

¿Cuándo llegaste a Chile?
-En el 79. Mi papá trabajaba para el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Y, bueno, cuando cayó ella, cayó también mi papá.

Era peronista tu papá.
-Amigo de Perón y de Evita. Era peronista de la primera época, de los descamisados, del 55, de los primeros montoneros cuando aún no eran extremistas. Yo quería estudiar Derecho. Pero por el apellido, no pude seguir ni estudiando, ni trabajando. Y como venía jugando hockey en la selección mendocina y fui pre seleccionado argentino, se me ocurrió venir a Chile a probar suerte en el hockey chileno. Fue así como agarré mis cosas y me vine care huevo. Sin nada.

¿En qué trabajaste acá?
-En aquella época Chile era blanco y negro, era la dictadura. Andaba sumamente perdido. Pero me quedé en el departamento de soltero de un amigo argentino. Al poco tiempo, me hice amigo de otros argentinos que vivían en el mismo edificio. Y con ellos comencé a trabajar en publicidad y radio. De hecho, comenté una vez en radio Chilena sobre el campeonato mundial de hockey sobre patines que se jugaba en San Juan. Ahí estaba Pedro Carcuro joven, imagínate… En esa época, carreteábamos harto. Imagínate, tres solteros viviendo en un departamento, uf. Carreteamos tanto que estuve como tres meses sin salir a ningún lado, quedé chato.

¿Y qué tipo de carretes?
-No tomábamos mucho, pero gozábamos harto con chicas. Por ejemplo, en uno de estos carretes, habían tres parejas de puros chilenos. Pero los pololos estaban muertos de curados y como no tomábamos mucho, les quitamos las minas, que estaban aburridas y nos fuimos con ellas. Y no te cuento cómo lo pasamos. El mejor carrete para nosotros era agarrarse minas.

¿Dónde carreteabas?
-En la Peña del Nano Parra, en San Isidro con Alonso de Ovalle, que cerraba a las 12 por el toque, pero nos quedábamos hasta las seis de la mañana tocando el bombo y cantando folclore argentino, la milonga campera, que cantaba José Larralde, que es de izquierda. Me encantaba.

¿Y tú eres de izquierda?
-No lo soy. No soy ni de izquierda, ni de derecha, ni de centro. Ni de nada.

Te viniste arrancando de una dictadura para venirte a otra.
-Chile era lo que me quedaba más cerca y tenía sólo dos lucas argentinas. No podía ir tan lejos y como tenía amigos acá, no lo pensé. En Chile nunca tuve problemas políticos, ni en dictadura ni en democracia, porque nunca me he metido en el tema. Tengo mi opinión. No me gusta la extrema izquierda ni la extrema derecha. Todos los extremos son malos. Me gustan las cosas más de centro, pero no soy progresista. Para mí las cosas son paso a paso, sino mira lo que le pasó a España, ahí tienes un claro ejemplo de un progresismo brutal, ahora no tienen espalda para respaldar nada.

Los cabarés

¿Acá en qué trabajaste finalmente?
-En una agencia de publicidad con amigos. Recién había conocido a la que se transformaría en mi primera esposa. Pero a ella no le gustó mucho el tema de la agencia por el tema de los carretes. Y dejé la agencia y los papás nos ayudaron económicamente y nos compramos una pollería en San Pablo con Radal. Cuento corto: me asaltaron, mi polola estaba embarazada de mi primer hijo y un día sábado le dije vámonos a la playa. Y nos fuimos a vivir a El Tabo, sin ni uno. Un día caminando por la playa La Castilla me di cuenta que la gente acampaba en un sitio eriazo. Me pregunté por qué aquí la gente no hace camping.

Y te tincó.
-Sí. Averiguamos las tierras, las compramos, y hasta hoy funciona ese camping que hicimos en los ‘80. Cuando me separé se lo traspasé a mis hijos. Después instalé una disco y una parrillada frente al casino de Viña. He hecho hartas cosas. Cuando me separé, me fui a Argentina, conocía a otra y tuvimos carnicerías. Cuando me separé de ella, me vine a Chile. Conocí a una niña que estudiaba Derecho y nos pusimos a pololear. Y pusimos un negocio en Maipú. Era un café con piernas y un local de PollaGol. Pero nos estafaron y me choreé. Vendimos los negocios y nos fuimos a La Serena en el 2000. Allá instalé el primer café con piernas de Coquimbo.

¿Cómo te fue?
-Al principio la gente era medio reacia. Pero después me fue súper bien. Y cuando empezaron a cambiar la mano, o sea, a ponerle luces oscuras y las minas casi en pelotas, lo vendí. Cuando se puso como cabaré, no me gustó. Había perdido la esencia.

¿No te gusta la onda cabaré?
-No. No me gusta ir a pararme como un baboso frente a una mina, no. No me calienta. Me gusta la mujer vestida para desvestirla. Si vai a un lugar de esos las minas están casi en pelotas y qué queda para la imaginación, nada.

En Coquimbo te llamaban “El Farkas”.
-Sí. Por el pelo, que lo tenía más largo que ahora y por lo rubión. No era por lo excéntrico. Ni nada de eso. Quizás porque ganábamos bien y me veían paseando en un descapotable que tenía por la playa. Pero no tenía tanta plata como él. No tenía para andar repartiéndole a la gente. Lo único que repartía eran flyers para entrar a la discoteca.

Chilenas calentonas

Eras dueño de locales nocturnos y andas con minas jóvenes. No eres pintoso y te pescas a las medias minas. Eres como una especie de Negro Piñera.
-Bueno, a todos los hombres les gustan las minas guapas, el problema es conseguirlas, jaja. Y a mí ni a él le ha costado… En lo que me diferencio es que soy un caso atípico: no tomo.

¿Nada?
-Me puedo tomar un whisky un día sábado. Pero con uno duro toda la noche. Siempre me ha gustado la noche, pero nunca quedar borracho. Me cargan los curados. Pero más las mujeres con trago. Es desagradable. La mujer es lindo conquistarla y que levante su ánimo con palabras, pero no con el copete. La mujer medio curaíta, no. El olor a copete es matapasiones.

¿Y drogas?
-No, nunca nada. Siempre he sido súper deportista. Juego golf. Cuando Camila estaba en China, gané el torneo de BCI en el Club de Golf que hay en Pan de Azúcar. Atrasado en un montón de cuotas, pero me inscribí porque estaba aburrido y me gané un fin de semana en el Sheraton de Viña, quería aprovecharlo con Camila, pero se perdió. Bueno, tengo un año para cobrar el premio y puede ser con otra mina. Lo único que hago es fumar bastante, pero para bajar la potencia, jajajaja. A mí me gustan las mujeres y como te dije no hay mejor carrete que con una buena mujer.

¿Qué tipo de mujeres te gustan?
-Camila no era de mi gusto. Era muy alta. Y soy de mujeres blancas, de ojos verdes, pelo negro.

¿En qué te fijas?
-Una mujer con buena defensa y mala delantera, no funciona. Prefiero mirar cuando se va y viene. Si hay algo que me gusta de Chile, son sus mujeres, me encantan. Son buenas en todo: trabajadoras, cariñosas, empeñosas y buenas para la cama.

¿Te han tocado buenas?
-No me puedo quejar de ninguna. La mujer chilena, es increíble.

Algunos dicen que la mujer chilena es fea.
-No existe la mujer fea. Todas son bellas. Tienen menos poto que la argentina y la brasileña, pero es más pechugona. No es tan estilizada, maqueteada, operada, como la argentina que no le encuentro ninguna gracia, pero la chilena suple todo en la cama y yo las encuentro bonitas. Las colombianas también me gustan: son ardientes, fogosas, calientes. Doy fe de eso. Una vez estuve con una y quedé encantado. Y he estado con cubanas, pero son muy gritonas y mandonas. No me gustan.

¿Siempre te han gustado las minas más jóvenes?
-Es que las viejas no aguantan mi ritmo.

¿Cuál es tu ritmo?
-Es feo decirlo, pero mi pareja debe estar dispuesta a una o dos veces al día. Jaja.

Las mujeres cincuentonas, que son de tu edad, en qué ritmo están
-De verdad no sé. No me fijo en ellas. Te mentiría si te dijera algo. Además que hace mucho que no estoy con una mujer de mi edad.

¿Por qué te va bien con las mujeres jóvenes?
-Debe ser porque me sé relacionar con la gente más joven. Yo soy de los que baila salsa, merengue, de todo. Pero los de mi edad, no bailan mucho. Prefieren tomarse un copete y se la pasan sentados. Y si no están con problemas de salud y de físico. Pero no me gusta opinar mucho de ellos. Están en una edad complicada.

¿Te complica tener 57?
-No, para nada.

¿No te da lata cuando te tratan de viejo y viejo verde más encima?
-No. Esos son los picados. La gente es muy hipócrita también. Otro en mi caso, habría mantenido oculta mi relación, pero yo no. Hay que tener bolas para enfrentar el qué dirán. Todos los que me criticaron seguramente tuvieron su cabra joven por ahí. Yo creo que puede ser envidia también. Pero me da lo mismo. No soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo. Había gente que le desagradaba mi relación. Pero no nos importaba nada. Acá en Chile son todos muy cahuineros. Hay un doble estándar tremendo. Se cree que las mujeres que andan con hombres mayores, es porque andan detrás de su plata.

¿Y no?
-No. Puedo decir que cuando me quedé pato-pato-pato después de mi separación, la que me ayudó fue Camila que me llevó a su casa y me ayudó en todo.

Igual te molestó cuando Yerko te trató de Tatonkamón…
-Me hizo bullying, me discriminó, me trató mal. Fue una falta de respeto para alguien que estuvo en el mismo canal, que no cobró ningún peso, que les prestó la locación para grabar gratis, que siempre fue muy amable. Pero la tele es así. Cuando estaba con ella, era el ídolo. Ahora, solo, soy el viejo de mierda. En todo caso, me da lo mismo que me traten de viejo.

No pareciera.
-Mi juventud va por dentro. Hay que tener muchas patas, con la edad que tenía yo, para empezar una relación con una joven como lo es Camila. Y durar tanto tiempo.

Eras la envidia de viejos y jóvenes…
-Y seré la envidia por muchos años más. Porque quieran o no, yo fui el primero en su vida.

¿Contigo perdió la virginidad?
-Fui su primer hombre. Yo a ella le enseñé todo.

Dicen también que el gusto por los hombres mayores dura poco…
-Tú sabes que la excepción ratifica la regla. Se tiene la idea que el hombre mayor ve más tele, toca menos para el lado. Pero si tienes al lado a una mujer que te tiene bien y tú también, eso no pasa. Conozco parejas jóvenes que se tocan una vez por semana. Pero yo siempre he sido de tocar varias veces por semana. Me motivo.

¿Con viagra?
-No me hace falta todavía. El deporte, la gimnasia, te ayuda mucho. Me siento joven, pero es actitud, aunque tenga mis arrugas. Y me mantengo bien. No tengo guata, tengo mis músculos. No soy un Brad Pitt, pero tampoco soy lo más feo del mundo.

Te tiñes el pelo.
-Sí. Tengo lunares, manchones, en el pelo con canas. Tengo una cana horrible.

Romanticón

Tienes fama de ser románticon y conquistar con el verso…
-Sí, soy bien romanticón y calentón también, jaja. Tengo bla bla, facilidad de palabra. Y me gusta escribir poemas, mis versitos.

¿Qué tipo de poemas?
-Son poemas basados en emociones, pero para eso necesito que me inspire una mujer. En todo caso, no me gusta mostrarlos.

Lánzate uno, aunque sea.
-No. No te voy a contar. Eso vale plata. No, es una broma. No cobro nada.

Eso hasta que te llamen de los programas.
-De hecho, me llamaron de Primer Plano, pero les dije que no. No quiero exponer más mi vida. Ni tampoco quiero sacar provecho.

¿Qué poetas te gustan?
-Soy de la época de Bécquer, me encanta los 20 poemas de amor de Neruda, bellísimos pero no dichos por él porque suenan latosos. Me gusta Borges, aunque no tanto, pues nunca me terminó de convencer. Me gusta mucho la poesía gauchesca como la de Martín Fierro y Santos Vega. Por ejemplo (pone voz de poeta) “cuando la tarde se inclina/sollozando al occidente,/corre una sombra doliente/sobre la pampa argentina./Y cuando el sol ilumina/con luz brillante y serena/del ancho campo la escena,/la melancólica sombra/huye besando su alfombra/con el afán de la pena”.

Qué te pasa con ese poema
-Me emociona mucho.

Decías que a las mujeres les gustaba el hombre romántico…
-Pero si hablamos de juventud, no hay romanticismo. Es puro carrete, las mujeres se curan y no saben qué puta hacen. Pero siempre hay una mujer romántica que le gusta que sean cariñosas con ellas… Jamás soy de decirle “date vuelta, bájate el calzón, no. Esa onda no”. No somos animales. Por eso me gusta la conquista. Soy más romántico. Yo soy el que te corre la silla, te abro la puerta, soy el que te pone las velas, el que te dice cosas cariñosas al oído. ¿Te gusta eso?

No, gracias. Lo encuentro de un chanta.
-No. Eso es ser atento. Tampoco es de machista, de hecho, yo no soy machista, yo comparto todo. A Camila le cocinaba, le lavaba los platos, le lavaba la ropa.

¿Hasta los calzones?
-Todo, todo. Y no lo puede negar. Y no tenía problemas en hacerlo. No me da miedo ayudar a la mujer. No tengo esa tranca.

LA TELE

¿Por qué terminaron con Camila?
-El mundo que se le abrió, y que ayudé a que se le abriera, le impactó y capaz que quería hacer su propia vida. Y yo siempre dije “que yo era el arco y ella, la flecha”…. Yo tenía calculado que con Camila máximo iba a llegar a los 60. Con cueva.

No te tenías fe.
-No. Siempre me tengo fe. Pero a ella se le iba a abrir un mundo de posibilidades con gallos pintosos, con mucha plata, con más mundo. Y yo nunca iba a ser un ancla para ella. Eso lo tenía súper claro.

¿Te gusta la tele?
-Cuando tenía las tres discoteques, nadie sabía que eran mías. Todos pensaban que eran de mi mánager. Mientras más piola, mejor. Por eso, me daba cosa aparecer en tele. Estaba más nervioso que la cresta. No me gusta la exposición.

Pero pasas saliendo
-Sí, pero siempre aparecía para defenderla. O cuando fui para un programa especial de Miss Chile. Pero no me gusta la tele. No es mi mundo.

¿Te dolió que te dejaran como un cafiche?
-Nunca fui cafiche. Jamás. Yo la apoyaba y ayudaba en todo. Yo le compré todos los zapatos para que se fuera a China, le conseguí toda la ropa en Zara, los canjes para los trajes de baño. Todo eso lo hacía yo. Era un trabajo de mánager, pero no alcancé a cobrar lucas.

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