Luego del fallecimiento del ex DC, Adolfo Zaldívar, varios parlamentarios le dirigieron palabras de buena crianza y muchos lo enaltecieron por su carrera política. La DC incluso considera reintegrarlo al partido de forma honoraria luego de su expulsión en 2007.

Sin embargo, el rector de la UDP, Carlos Peña, hace uso de su vitrina en El Diario de Agustín para desmitificar la figura de Zaldívar, señalando que “sus quejas contra el modelo nunca fueron radicales. En verdad, él abogaba por la economía social de mercado: el modelo del capitalismo que instaló Ludwig Erhard en Alemania, con un amplio tercer sector y con un extenso apoyo a las pymes”.

Peña recuerda que luego de su fallecimiento, el Presidente Piñera decidió elogiar la consecuencia del ex senador: “es difícil, sin embargo, conciliar los hechos con esa afirmación”, destaca el rector y recuerda que Zaldívar, “para ser candidato presidencial de la democracia cristiana echó mano a la misma ambición y las mismas artes que criticaba en los demás”, además de destacar que Zaldívar no apoyó a Soledad Alvear cuando ésta lo derrotó en las elecciones internas. Peña también recuerda que el hermano de Andrés Zaldívar obtuvo la presidencia del senado durante el Gobierno de Bachelet con votos de la Alianza y que aceptó el cargo de embajador durante el Gobierno de Piñera.

“Si la consecuencia fuera el apego sin excepciones a la propia personalidad, no cabe duda de que Adolfo Zaldívar habría sido consecuente como el que más”, señala Peña, pero agrega que Zaldívar, al igual que la mayoría de los “políticos profesionales”, no fue consecuente en su vida pública: “la muestra más obvia de eso fue su incorporación al propio Gobierno de Piñera. ¿Cómo conciliar sus críticas al “modelo” -en cualquier caso más tronantes que precisas- con su aceptación de un cargo político en un gobierno que, a este respecto, se situaba en las antípodas?”.

A pesar de aquello, Peña aprovecha de darle un espaldarazo al fallecido Colorín al destacar que “lo mejor de Zaldívar se vio en dictadura”, señalando que ahí las características de su personalidad encontraron un medio para transformarse en virtudes: “no sólo defendió a las víctimas de crímenes contra los derechos humanos (en una época en que esos crímenes se contaban en susurros), sino que, además, fustigó legalmente a la dictadura una y otra vez”. Sin embargo, Peña destaca que esas mismas cualidades “lo llevaron a defender (con más hostilidad que entusiasmo) un camino propio, una senda que no transitaba ni por la izquierda ni por la derecha. Fue, en ese sentido, el democratacristiano de los democratacristianos, pero al mismo tiempo el que menos contribuyó a su éxito político. El mejor y a la vez el peor, políticamente hablando”.