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Opinión

8 de abril de 2013

Sebastián Arrau y su primera novela: “A la gente hay que seducirla como espectador”

Guionista y cineasta, conocido por escribir teleseries como Cerro Alegre, Machos y Papi Ricky; y por su película Muñeca protagonizada por Benjamín Vicuña. Hoy se atreve en un nuevo formato para seguir contanto historias: la novela. El arrebato es su primer libro. Será lanzado mañana y cuenta la historia del desamor de dos jóvenes y el encuentro personal de cada uno. Pero también en él habla se cuela un tercer personaje: un escritor que se halla once años después con su novela sobre el desamor de dos jóvenes.

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Sebastián Arrau está nervioso por la salida al mercado de su primer, El Arrebato. No es la primera vez que alguna obra lleva su autoría. Desde que estudió teatro y se dedicó a la escritura de obras y teleseries, más de ocho producciones dramáticas han salido al aire. Incluyendo una película dirigida por él y protagonizada por Benjamín Vicuña y Marcial Tagle. Pero con el libro es distinto.

Sebastián comenzó esta historia entre Tomás y Amanda cuando tenía 24 años y recién salía de la Escuela de Teatro y recién retomó el proyecto 11 años después. Hizo una relectura, sacó muchas cosas, dejó otras. Cambió el nombre de Amanda por Manuela y uno se entera de eso porque además de ellos, el escritor se hace presente explícitamente en la historia. Tomás y Amanda preparan el viaje a Barcelona, él se va primero y ella seguiría después. Y de pronto aparece este tercer personaje que se va inmiscuyendo en la novela y que nos dice que “son ellos los que he elegido para escribir esta historia que once años después me da vergüenza, algo de pudor y quizás miedo”. Y ahí uno se va perdiendo en varias historias dentro de una historia, en algo que “es completamente de uno, es un trabajo muy íntimo”, como dice Arrau. Y a pesar de que él mismo hizo el mismo viaje que Tomás y Amanda, Arrau dice que “los personajes tienen algo de mí, pero la siento bien poco autobiográfica”.

Sabe que la crítica puede ser dura, pero se da por pagado con poder completar y entregar este proyecto, porque dice que “cualquier persona que cuente historias quiere probar distintas formas o géneros de como contarlas de otra manera. Probé distintas formas de contar historias. La probé con una película, ahora con un libro”. Eso sí, con las películas no ve probable que vuelva a incursionar: “mucha plata y mucho tiempo y yo no tenía esa paciencia. Y después además enfrentarse a la crítica que son súper duros. O sea, no me arrepiento, aprendí, pero fue lo que fue”, dice, aunque recalca que nunca se sabe lo que pueda pasar. Eso sí, con los realities ni a la esquina.

¿Por qué quisiste integrarte como escritor explícitamente?
Me sentí que la persona que había escrito eso era otra persona. Y de hecho lo era. Era una persona 11 años menor, que era bastante mas cursi y hubo un momento en que me puse a cambiar esas cosas y de repente sentí la necesidad de decirlo. Porque sentía que en el fondo me estaba metiendo en algo que había dejado de ser mio, y que yo habia cambiado también. Entonces cuando empecé a filtrar me sentí un poco culpable. Entonces este personaje llega un poco a pedir perdón porque al final cambia el sentido de la novela que podría ser una historia de amor adolescente y feliz, y pasa a ser una novela que ahí agarra un peso literario más interesante.

John Cheever decía que no le gustaba leerse a sí mismo, ¿no te pasó eso?
A mí me encantó. Yo no me acordaba. Sabía de qué se trataba, pero había escrito mucho más de lo que me acordaba. Y empecé a meterme y me emocioné. Hay una escena en que lloré. Cuando hablan por teléfono, es puro diálogo. Y me emocioné y dije, aquí hay algo. Que no sé si seguirá estando. También cuando tenía 24 años escribí sin saber si lo iba a publicar, y después cuando lo revisé tenía la consciencia de que quería que se publicara entonces uno se pone mucho más pudoroso, porque conoce a los críticos y los medios chilenos. Pero bueno, también traté de dejarlo para mantener el espíritu.

El libro es bien cinematográfico, ¿te ayudó venir de hacer guiones?
Es que yo vengo de ahí. O sea eso de los capítulos cortos y que terminen con un enganche es como de teleserie. Claro, alguien podría decir que es una maña de guionista o puede ser una virtud, pero uno viene de donde viene. Entonces yo necesito entretener, en el buen sentido de la palabra. Mantener atento al lector, al espectador. Me gusta ayudar a la lectura, sobre todo que creo que es difícil encontrar lectores, entonces creo que hay que ayudar un poco. Pero es algo que viene de antes igual. Porque como estudiante de teatro era intensísimo, de los estudiantes de teatro de esa época. Ya venía de una cosa bien poética.

Tú vives en Nueva York hace cinco años ¿has notado algún cambio acá en la gente en cuanto a la tele, al cine chileno, al consumo de cultura?
Yo creo que la gente empieza a ir más a consumir cuando las cosas son interesantes. Uno tiene más espectadores porque en verdad empiezan a ser más interesantes. O sea, de repente uno empieza a ver películas de los años ’90 y eran pésimas. Y claro, uno las iba a ver porque estaba un actor que más o menos conocía y yo hacía teatro. Y claro, la justificación era que era chilena, entonces daba lo mismo. Y ahora la gente exige. A la gente hay que seducirla como espectador. Yo realmente admiro a los cineastas, yo hice una película y encuentro que la gente que se dedica al cine tiene una vocación tremenda que yo no tengo. Me encanta el cine como espectador, pero volver a hacer una película tendría que pensarlo varias veces más.

¿Estarías dispuesto a trabajar en un reality?
No, porque creo que no tendría mucho donde aportar. Hay gente que puede estructurar un reality pero a mí no me parece nada entretenido, me gusta la ficción. Me gusta imaginarme cosas. En un reality que a Juanita le guste Pepito y la otra esté enojada y diga cosas, no me parece muy interesante. De hecho no he visto tantos, el único que vi fue Protagonistas de la Fama, pero no me enganchan mucho. La gente no me atrae. Siento que lo más importante para seguir una historia son los personajes. Y si hay un personaje que es una persona que se metió a un reality ya me parece poco atractivo. Entonces me da lata verlo, con tanta consicencia, con tanta necesidad de exhibir su vida, no es algo que me atraiga.

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