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Alberto Fuguet habla del mundo literario, su nueva novela y el relanzamiento de “Sudor”: “Yo fui censurado y amenazado de muerte no por malo, no por escandaloso, sino porque esas cosas no se dicen”

Cuando "Sudor" apareció en 2016 fue recibida como una novela ardiente y explícita de Alberto Fuguet; hoy, una década después, se lee más bien como el retrato de una época: un Chile vanidoso y confiado, donde todo parecía posible. Y muy caluroso. Reeditada por Tusquets tras años de una especie de silencio forzado, la novela regresa acompañada de una conversación donde Fuguet habla de escándalo, literatura, las amenazas reales que recibió en México y del libro que viene, "Ushuaia", su primera historia con una mujer en el centro.

Por 17 de Enero de 2026
Francisco Paredes/The Clinic
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—”Sudor” es una novela gay… hot.

—Puede ser, puede ser, sí.

—¿Estoy mal?

—No, pero creo que son otras cosas.

—Yo creo que cuando salió al mercado, hace diez años, eso era: la novela gay de Alberto Fuguet.

—Sí, y hot, para gente que no tenía amigos gay y no conocía la ola de calor. Ahora creo que ambas cosas son más parte del día a día.

¿Qué cosas cambian en una década? Era 2016 cuando Alberto Fuguet (62) lanzó “Sudor”, una novela de más de 600 páginas, sobre Alf, un editor de libros homosexual que debe recibir y pasear a una vaca sagrada de la literatura latinoamericana y a su hijo “nepo-baby”. Una historia plagada de referencias a personajes locales de la fauna literaria, cultura pop, mucho Grindr, sexo y encuentros casuales y sudorosos en el Santiago de 2013, el último año del primer gobierno de Piñera.

Pasaron dos cosas al momento del lanzamiento: se habló de una novela “provocadora”. Fuguet venía de las mejores críticas de su carrera con “Missing” (2010) y de enfrascarse luego en una (nueva) polémica entre críticos que profesaban su amor u odio absoluto con “No ficción” (2015) -su primer libro donde introducía amor homosexual y cuando el autor empezó a hablar libremente en entrevistas de ser gay-. En “Sudor” se dio el gusto de reírse de los egos y penurias de la escena literaria local y de la región.

Pero, al mismo tiempo, todo terminó mal: el personaje del escritor era una sátira de Carlos Fuentes, el mítico autor mexicano, y de su hijo. Esto en México se tomó tan mal, tan atrevido, que terminó con cancelaciones de sus presentaciones en ese país y hasta con una amenaza de muerte. Así, “Sudor” terminó con su vida pública.

Ahora vuelve a ser editado por Tusquets, la casa editorial del chileno desde hace tres años, que ha estado relanzando sus novelas, y este año publicará “Ushuaia”, su nuevo libro, donde por primera vez Alberto Fuguet pone a una mujer protagónica.

Para volver a “Sudor” una década después, y hablar sobre la escena chilena y lo que viene por delante en su nueva novela, Alberto Fuguet se sentó a conversar en el estudio de The Clinic en una larga conversación.

Una novela acalorada de los 2010

Cambió mucho la marea en diez años sobre algunos de los temas que toca el libro; en la introducción justamente se habla de que quizás es un retrato a una soledad gay masculina. Cuando decantas “Sudor”, ¿qué es lo que para ti queda arriba de la historia?

—Yo siento que este es un libro como “dosmildiecero”, o del año del bicentenario. Yo cada vez entiendo más que es una sátira a un Chile en la flor de su éxito, por así decirlo. La famosa isla… ¿Cómo decía (Piñera)… un paraíso.

Este libro prueba que sí lo fue, que aquí se podía hacer de todo, que uno podía reírse, salir de noche y mirar el futuro solo positivamente. Que aquí simplemente el verdadero problema era con quién salgo o dónde pido el catering o qué chalas caras importadas voy a usar, por hacer un estereotipo. No había como ninguna neblina.

—Y la explosión de las aplicaciones de citas de encuentros sexuales, que igual hoy día ya están normalizadas, pero en ese momento era como no puedo creer que tengo todo este acceso carnal a un dedo de distancia.

—Y también yo creo que era ingenuo y el libro está escrito así, como que si yo tengo buena prosa y puedo ser simpático, puedo conquistarme a quien quiera. Me parece que hoy se sabe que es mucho más oscura la cosa, que hay muerte, que hay droga, que hay asaltos.

—Chemsex.

—Chemsex. Que puedes ir a una cita y termina un médico matándote y llevándote a San Fernando, o sea, (antes) estaba en un mundo mucho más ingenuo. Un poco parecido a comienzos de siglo con Internet: yo ahora puedo bajar toda la música del mundo y todo va a ser positivo. Nadie se imaginaba que iba a haber algo tóxico en Internet.

—Cuando sale esta novela, tú ya habías hablado públicamente de ser homosexual, pero igual fue un pequeño terremoto. Los críticos locales literarios no están acostumbrados a que uno de sus nombres más famosos haga un libro de sexo explícito, gay o no da lo mismo.

—Ya, pero porque son todos cartuchos y la mitad son gays. Eso es lo raro (se ríe). Ellos probablemente tienen sexo explícito en sus casas.

—Ojalá.

—Probablemente no. Yo creo que el libro juega con lo porno, pero no solo lo porno de ver videos, o sea, porno en marcas, en nombres reales. Por eso tiene 500 páginas y no 100. La idea es exagerar, exagerar y, claro, si vamos a exagerar con sexo, exageremos con sexo. Eso es.

Y exageremos también en marcas y en canciones y en fiesta, como que sea una “Hoguera de las vanidades”, que es el libro en que yo me inspiré, un poco. Era hagámonos la hoguera de las vanidades de Santiago. Me parecía que en ese momento se podía hacer. Y si yo iba a escribir un libro gay, que fuera no triste, no melancólico. Y me parecía que era un libro que no se había escrito ni en Chile ni en América Latina, que no fuera tema el clóset y fuera eso: con quién puedo agarrar. Sí siento que es un libro sobre gente que está sola, que está desesperada buscando vínculo, pero eso se nota por debajo. Y que fuera cómico y que fuera ágil y que se pudiera leer como una serie. Y si la gente se puede escandalizar un poco… se escandalizaron. Bueno, bien, eso no es culpa mía.

—¿Pero a ti te gusta escandalizar cada cierto tiempo, o remover un poco el status quo? Es quizá un poco lo que hiciste en el 91, también.

—No, no creo, pero me parece que es fácil a veces remecerlo, porque la gente es demasiado preocupada del qué dirán. Pero también, en el caso de este libro, y en general de todo, existe miedo a quedar mal, a pelearse con la gente. Ahora el miedo a que te funen. Hay algo de eso que la gente se cuida mucho. La gente tiende a pelar, o sea, en algunas cosas estamos igual que en la colonia. Es muy distinto lo que se dice públicamente que lo que se dice privadamente.

Y mi impresión es que la labor del escritor es contar historias con las que la gente se pueda identificar y que digan ‘está contando la firme’, por así decirlo. Entonces, si eso es escandalizar… pero no es que yo digo ‘ahora voy a escandalizar’. Yo soy alguien que trato de escribir los libros que no se han escrito. Yo siento que llego atrasado, pero después como que me adelanto (se ríe). Como que yo ya no supe quién era la persona de moda o el tema de moda. Por ejemplo, yo nunca entendí que había que escribir un libro ultrapolítico.

—¿En qué sentido?

—Como “Mala onda”. Surgió porque todo el mundo estaba escribiendo libros contra Pinochet y libros contra la dictadura. Y donde siempre quedaba muy claro que todos los protagonistas eran contra Pinochet, entonces: ¿qué pasaría si partiéramos con un libro en que no quedara claro si el bueno está a favor o en contra? Y eso escandalizó.

Yo pensaba que en el mundo real no todo el mundo estaba en contra. Entonces, es como preocuparse de quién me puede servir a mí literariamente. Pero yo siento que yo soy un chico bueno y no escandalizo a nadie.

Ahora, tanto en “Mala onda”, o en el momento con “Sudor”, justamente por tu cercanía con el mundo pop y con no hablar de política de manera tan literal, siempre hay una crítica de que quizás eres muy liviano para el contexto que hay.

—Se equivocan (se ríe).

¿Cómo te has tomado tú eso?

—Ya me río. Y además la gente que es densa se está hundiendo. La verdad, a mí me parece que todo es pop ahora. Y yo nunca esperé, reconozco, que yo iba a estar en un momento en que yo me parecía a la cultura general. Antiguamente eran dos o tres personas, eran los freaks, eran gente mirada en menos, que no podían acceder a puestos importantes, pero hoy todo el mundo va a recitales, sabe de música, todo se transforma en pop.

Una amenaza real

Alberto Fuguet se ríe cuando se buscan comparaciones locales con una figura del tamaño de Carlos Fuentes en México. El autor de “La muerte de Artemio Cruz” y “Aura” es quien libremente inspira al personaje que aterriza en el Santiago de “Sudor”, acompañado de las genuflexiones del mundo literario local y de su hijo, un joven fotógrafo, parecido al que Fuentes tuvo en la vida real y que murió a los 26 años. Se le propone que es un Donoso, en referencia al Boom, pero lo desestima por el poder que ostentaba Fuentes políticamente. “Lo más parecido aquí es como Neruda”, sentencia.

“(Fuentes) lo que menos hacía era escribir, pero todo lo tenía. Él exigía cenas con La Moneda o La Casa Blanca, le interesaba la política, le interesaba el poder, le interesaba la plata, la economía, era un tipo de escritor que ya no existe, y en ese sentido Donoso se parece más al escritor de ahora, que es como duda, tartamudo, raro, pero Fuentes no tenía dudas, era una estrella en todos los sentidos”, dice Fuguet.

La cosa es que el reírse de esa figura reverenciada en México tuvo sus costos: primero, la cancelación de una de sus presentaciones en ese país y, en la Feria de Guadalajara, una amenaza de muerte, que lo llevó a terminar con protección policial y tomarse un tiempo de la escritura.

—La amenaza hizo que “Sudor” se enterrara, sobre todo en México. ¿Cómo fue ese momento? En Chile no nos enteramos tanto. Es un poco bizarro que un escritor termine amenazado de muerte por haberse metido con una vaca sagrada en la literatura.

—A Salman Rushdie lo acuchillaron, estuvo escondido.

—Pero se metió con Dios, Rushdie.

—Bueno, pero Carlos fue parecido (se ríe). En un momento me dije ‘qué lata todo’, me hizo perder mucha gente. Cambié de agente, al final terminé cambiando editorial, pero tampoco yo podía cuando pasó… soy periodista y no puedo llamarte a ti, un año después, para decirte ‘oye esto pasó y tú me dijeras bueno, ¿por qué no me contaste antes?’

—¿Pero tuviste miedo real en ese momento?

—Sí. Mi pololo tuvo miedo. Pero más que miedo tuve como shock; como recién ahora estoy como capacitado (de hablarlo). Lo que a mí me shockeó es que todo el mundo estaba de acuerdo.

—¿En que te merecías una amenaza de muerte? ¿Los mexicanos como país, dices tú?

—Gente chilena, también. Tú me preguntabas si me gusta escandalizar. No. ¿Entonces, te gusta que te manden a matar? No. Ahora, dicho eso, con el tiempo fui procesando que es como una forma de decir ‘vales algo’, de manera extraña. Porque en el fondo lo que querían era silenciarlo y lo lograron. En México lo lograron silenciar, se logró que no hiciéramos más entrevistas.

Yo creo que todavía este libro no va a funcionar mucho en México y todavía faltan 10 años, tiene que cambiar mucho. No la sociedad mexicana, que es extremadamente liberal y loca y Ciudad de México es el Berlín de América Latina. Pero todavía hay gente que cree que el escritor más fome debería ganar, que el más tonto, el más izquierdista o al más woke deberíamos premiarlo, que la persona que rechaza ir a una invitación porque va María Corina Machado es la persona que merece los aplausos, como que todavía la literatura está manejada entre política, buenas maneras, el que vende menos es necesariamente el mejor.

Entonces el mundo literario está muy chapado a la antigua, claro, les pareció que era de mal gusto. Básicamente, yo creo que yo fui censurado y amenazado de muerte, no por malo, no por escandaloso siquiera, sino porque esas cosas no se dicen. Escribieron un artículo diciendo cómo yo, que no soy tan tonto, me caí tanto. En el sentido que todo mafioso entiende, basta ver un par de series, de que uno puede hacer lo que uno quiere, ¿no?, pero la mujer y los hijos no se tocan.

Chile today

—¿Cómo ves hoy día, a diferencia de como lo veías hace diez años, el mundo literario chileno del que te ríes tanto en “Sudor”? Se democratizó, hay nuevos personajes, tenemos mucha editorial independiente. ¿Cómo te mueves tú en ese ecosistema?

—Bien, o sea, me encantaría ser más parte del mundo independiente. Yo voy a la Furia del libro a veces, y no tengo libros ahí, digamos. Pero me parece increíble que la nueva escena musical, sea como literaria. No sé si todo el mundo los lee, pero sí se publica muchísimo y pasan cosas.

—En alguna de las entrevistas de los últimos años dijiste la frase ‘Vender es un pecado’. Eres un escritor que tiene sus seguidores y siempre se van a vender sus libros, y eso ya le da desconfianza a algunos. ¿Tú crees que eso sigue pasando o ha cambiado?

—Menos. Mis alumnos quieren vender, mis alumnos quieren llamar la atención, mis alumnos están dispuestos a ser funados. Tienen menos culpa en ese sentido, porque vienen más de una cultura pop.

—¿Sentiste rechazo en algún momento, en los últimos cinco años, desde el MeToo, de ser escritor hombre de temas de hombres y afectaciones de hombres, o ser un hijo del boom?

—No, si queremos hablar de odio, tendríamos que remitirnos más para atrás. No, no, al revés, al revés.
Yo siento que de un tiempo a esta parte la cosa está mucho más suave y tranquila y eso también hay que estar ojo, porque no es bueno no sentirse cómodo. Yo siento que el odio puro y duro fue mucho antes y eso ya lo superé y para mí por eso, también parecido como lo de Carlos Fuentes, no sé, yo siento que a mí me mandaron a matar mucho antes, entonces no fue literalmente con balas.

—¿Cuándo?

—Antes de que salió “Sobredosis”. Yo creo que nací un poco muerto. Por ejemplo, The Clinic no era muy amigo mío. Cuando salió “Sobredosis” no le gustó ni a El Mercurio, que El Mercurio me tratara pésimo, que era el diario mío, donde yo tenía cierto éxito. Pero también me trataron mal en el otro lado y al medio, entonces no había manera de dónde ubicarse.

Y yo creo que eso, que con el tiempo yo lo entiendo, que es como la mirada del extranjero, del que es distinto, el que ve las cosas. Entonces, yo los miedos que yo tuve…

—¿Como miedo de no poder volver a publicar en ese momento?

—Miedo como a no poder ir a una fiesta, que te vieran la mano y no te la aceptaran, como que Lemebel te escupiera en un restaurante y todo el mundo dijera bravo. Este tipo de cosas ya como que se acabó. Y yo siento que ahora el mundo se parece mucho más al mío y ahora creo que The Clinic se parece mucho más al mundo que está funcionando, para bien o para mal. Es más pop, menos misógino.

—Y cómo te llevas con éticas y estéticas actuales, como frenteamplistas, el Chile moderno.

—Ah, bueno, yo lo voy a echar de menos. Me parece que fue divertido mientras duró. Sí, sí. Había ahí una estética y yo creo que ahí me falta un libro que me gustaría hacer, digamos. Como una especie de “Sudor” post Yungay.

—¿Y cómo ves que viene la nueva mano del nuevo gobierno de José Antonio Kast?

—Bueno, yo creo que va a haber una nueva estética. Me parece que es mucho más… “Mega”, por resumirlo en una palabra. No tiene que ver con la élite, sino tiene que ver mucho más con el mall, tiene que ver más con TV abierta, algo así, creo que por ahí va la cosa, todavía no soy capaz de articularlo como simbólico pero creo que en la misma vocera hay algo.

—Y ya que eres parte de la comunidad homosexual, ¿eres de los que están preocupados de que van a estar perdiendo derechos o avances de la comunidad LGTBQ dentro de un gobierno republicano?

—No tanto, fíjate, porque yo creo que hay cosas que ya no se pueden echar para atrás. Dicho eso, cuando armen un campo de concentración ahí tú me puedes llamar. Ha habido cambios en la familia, ha habido cambios en las parejas. Si bien lo simbólico sí se puede, hay cosas como que ya no se pueden echar para atrás. Porque ya está todo en casa, cuando ya hay ya que no es algo ajeno, es algo cercano. No se está hablando del otro, sino es un primo, un hijo.

Creo que a Kast le hubiera gustado estar en otra época, haber ganado, pero el mundo ya es otro creo yo.

—Hitos justamente de ese mundo, como el matrimonio homosexual. ¿Esas cosas son importantes para ti, eres partícipe de reivindicación de derechos?

—Totalmente, totalmente. De ahí a que yo tenga que hacerlo, a mí espero que no me casen, digamos. No me casen.

Ushuaia, la novela que viene en 2026

“En ‘Sudor’, como todos por desgracia, está más de lo que yo pensé que iba a escribir y que uno piensa que no vería lo escrito”, confiesa Fuguet, al hablar sobre reencontrarse con textos tras diez años. “Es como ‘chucha madre'”.

—Ah ya. Igual vino una caña moral después de escribir “Sudor”.

—Sí, sí, sí, sí. Pero me parece que es mejor escribir los libros con caña.

Desde su mudanza a Tusquets, Fuguet se ha estado reencontrando con sus libros del pasado y encontrándoles nuevos lectores, lo que lo entusiasma. Y, este año, toca la novedad: “Ushuaia” será su nueva novela, de la cual se sabía solo el título.

“Tiene un epígrafe: “Un destino melodramático””, cuenta el autor, y dice que no, no sucede en la extrema ciudad del sur de Argentina.

—Es un libro de mujeres.

—Es una novedad, Alberto Fuguet haciendo un libro de mujeres. Como Scorsese filmando “La edad de la inocencia”.

—(Se ríe). O la famosa frase, cuando Ellen Burstyn se le acerca a Scorsese y le dice: ‘Tengo el guión de Alicia ya no vive acá’. ¿Qué sabes tú de mujeres? Y él contesta: ‘Nada, pero me gustaría aprender’.

Me pareció que escuchando fans o lectores, me doy cuenta que todo hombre, por así decirlo, tiene madres. Entonces me pareció que había un tema.

No es que Alberto Fuguet se puso woke, y va a tratar de subirse a la ola del feminismo moderno.

—No creo, no creo. Pero básicamente una mujer… ¿Qué pasaría si una madre ochentera tuviera un hijo emo? Va por ahí. Desde el punto de vista, yo creo que termina ganando más la madre y la mujer. Y nos vamos más hacia el pasado, porque la madre se llama Leticia, tiene mucho más historia, porque el chico es mucho más joven. Me pareció eso, dándome cuenta en la calle que hay mucha mujer que no tiene marido, hogar uniparental. Había un tema ahí que yo sentí que no se había tocado y que yo podría tocarlo.

Y otra novedad es que tiene es que es sobre una extranjera, es como una argentina que se radica en Chile, así que un libro como bilingüe, hablado en argentino y en chileno. Y apuesto por la comuna de Maipú, es un libro sobre los suburbios.

*Puedes ver la conversación completa y sin edición en el YouTube de The Clinic.

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