Vía BBC Mundo

Los residentes de Oklahoma City, en Estados Unidos, aún no salen de la conmoción después del tornado que el lunes por la noche arrasó con numerosas áreas de la ciudad y zona aledañas, fundamentalmente el suburbio de Moore.

La tragedia dejó -hasta el momento- 91 muertos, 20 de ellos niños de una escuela primaria que fue destruida por el fenómeno meteorológico.

Paula Wade. Trabajaba en el área cuando llegó el tornado.

“Sabíamos que existía la posibilidad de que llegara un fenómeno meteorológico extremo. Pero cuando finalmente llegó estábamos trabajando, y donde trabajamos hay refugios”.

“Así que salimos para prepararnos para entrar en los refugios y al mirar hacia el oeste vimos una gran rotación; estábamos probablemente a unos 4 a 5 kilómetros de ella. Y aun desde esa distancia podíamos ver esta gran, ancha nube moviéndose”.

“Cuando salimos (de los refugios), no había pasado directamente por sobre el edificio, cambió de rumbo a último momento, hacia el norte. Así que pasó a unos 1,5 kilómetros de donde estábamos. Al salir, aún estando a esa distancia, teníamos escombros por todas partes: en el patio, en los coches estacionados. Eran materiales aislantes, polvo, ramas de árboles, que habían sido arrastrados por el tornado al pasar por otros edificios”.

“Una persona que trabaja conmigo perdió su casa. Y otros que viven junto al teatro tienen agujeros en el techo de su casa. Y me hermano está sin electricidad y no sabe cuándo volverá”.

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