Las primeras nociones para sentarse a escribir este libro le vinieron a Eugenio Tironi cuando recibió la visita de los hermanos Juan de Dios y Pablo Larraín, que lo buscaban para tener algunas referencias y anécdotas de quienes, como Tironi, habían participado en la campaña del NO. Además, le pedían que leyera el guión y participara de la película que fue nominada al Oscar con un pequeño papel, el de “el sociólogo”.

Con ese ejercicio, Tironi comenzó a encontrarse con imágenes, lugares y personas que parecía haber olvidado: “lo que hace este libro es reconstruir la historia mía y a través mío, de lo que fue mi generación entre el año ’73 y ’88 y con eso me refiero a la gente que quedó marcada por el Golpe y quedó al lado de los derrotados”, explica el sociólogo.

Tironi, quien estuvo en el “Equipo Técnico” de la campaña del NO, cuenta en su libro cómo se buscó apelar a valores como la unión, la reconciliación y el perdón. A 40 años del Golpe, el consultor señala que “la reconciliación no supone que el país esté todo de acuerdo, o que no haya conflicto ni movilizaciones. Yo creo que hoy día Chile es un país reconciliado”. Además siente que la promesa del NO, en cuanto a la unión del país y el funcionamiento de las instituciones democráticas “es una promesa que se ha cumplido plenamente. Nosotros ya no vivimos con el temor de la represión, ni con el temor de que no podemos expresar nuestras ideas porque vamos a sufrir venganza. El miedo que se sentía en los ’80 no tiene parangón con el que puede sentirse hoy día. Esa promesa del NO es una promesa plenamente cumplida”.

Mucha gente compara la represión de hoy con la de los ’80.
Hay un problema con hacer ese tipo de comparaciones. Yo no creo que sea respetuoso decir que la represión en Chile con Pinochet es comparable con el Holocausto. Decir eso es banalizar el Holocausto. La matanza sistemática de un pueblo, simplemente por ser parte de ese pueblo y esa cultura. Con todo lo monstruoso que fue Pinochet, eso no fue así. Lo mismo digo hoy día, comparar lo que son los riesgos de una marcha por el centro de Santiago con lo que era la resistencia contra la dictadura es una banalización moralmente repudiable. Así que con todo el cariño que le puedo tener a los jóvenes, ese tipo de cosas no son triviales. Y no son triviales sobre todo para las víctimas de los derechos humanos.

También hablas de cómo el PC pasó de la vía pacífica a la armada, y ese es un sector que siempre ha criticado a los que estuvieron en la transición ¿qué te pasa con eso?
Lo más curioso es que hoy día esos sectores, el Partido Comunista, acusa a los que estuvimos tras el NO de haber negociado, de habernos vendido al sistema, que es la misma acusasión que el MIR le hacía a Allende a fines de los ’60 y hasta el ’70. Y yo en la dictadura pensé también que la mejor manera de ayudar y robustecer a Pinochet era enfrentarlo con la vía violenta. Yo me acerqué a las propuestas del Partido Comunista, pero justo partieron para otro lado. Se produjo ahí una fractura en la izquierda muy profunda, muy dolorosa, cuya huella sigue hasta hoy día.

¿Cómo ves lo que hace derecha con el apoyo del PC a Bachelet? Que tratan de convencer a la gente que se viene la dictadura del proletariado.
Lo encuentro completamente patético. Absurdo. Me gusta mucho que se produzca este acercamiento, porque de cierto modo repara esa fisura de la cual te hablé. Aquí todos nos hemos equivocado, el Partido Comunista, yo y los que estuvimos con el NO, y los que más se equivocaron son los que estuvieron con el SI y la dictadura. Entonces que vengan estos últimos a levantarse como jueces me parece inaudito. Y yo encuentro que el hecho de que el Partido Comunsita se sume a Bachelet y al resto de la izquierda, es una reparación, una sanación. Hay antiguos alcaldes pinochetistas y está bien. Tenemos antiguas autoridades del regimen de Pinochet de lo más bien dando vuelta y nadie los anda estigmatizando y criminalizando. Tenemos un gobierno de derecha formado por mucha gente que participó en ese regimen, ganaron con democracia, con votos y está muy, muy bien. Entonces por qué no aceptar este otro acto reparatorio que es que el Partido Comunista se incorpore al juego democrático de una forma digna, en la mesa principal y no en la mesa del pellejo.

En el libro dices que tuvieron que reconstruir su identidad a partir de cuando gana el NO, porque toda su vida había sido buscar cómo sacar a Pinochet.
Muchos amigos míos nunca pudieron sacarse eso de encima. Sin Pinochet se derrumbaron. Y lo trágico es que los deudos de Pinochet no están entre los que votaron por el SÍ, sino por los que votaron por el NO, o los que no votaron o se opusieron a la votación. Hay muchas personas que no han logrado reconstruir ni darle un sentido a sus vidas sin Pinochet. Y curiosamente uno los encuentra más entre sus opositores que los que fueron sus partidarios, que se adaptaron de lo más bien.

También hablas de tu cercanía con Carlos Ominami. ¿Cómo fue para ti ser el blanco de varios ataques de Marco Enríquez Ominami por el tema del lobby?
Marco parece que depositó en mí algunos demonios que no ha logrado exorcisar de otra manera. Y si yo le sirvo para procesarlos, encantado. Pero esto del lobby, bueno es que ¿qué es lo que no es lobby a estas alturas? Parece que esto que estoy hablando contigo es lobby, porque con esta entrevista estoy tratando de influir. Entonces como yo soy una persona que se mueve en mundos distintos a la vez, soy un blanco fácil para esta acusación, a la vez banal, respecto del lobby. Me muevo en el mundo privado, me encanta y no me voy a mover de ahí. Pero lo hago en mis propios códigos y parte de mis códigos es que tengo opinión, escribo y seguiré haciéndolo, le guste a quien le guste. Pero le deseo toda la suerte a Marco Enríquez, si uno mira las cosas con perspectiva, él hizo una contribución importante el 2009, ahora, estuvo como víctima de la Concertación y permitió el triunfo de Piñera, pero como dicen, dios escribe con líneas cruzadas.