Roberto Méndez: “Quien sea Presidente va a tener que llegar a un acuerdo de convivencia con los estudiantes”

El director de Adimark afirma que si en las primarias del domingo participa menos de un millón de personas, los candidatos de la derecha y la oposición tendrán un serio problema de legitimidad, pero más allá de lo que suceda este domingo advierte que quien triunfe en noviembre va a tener que buscar canales de diálogo con el movimiento estudiantil para poder gobernar. De otro modo, asegura, la institucionalidad estará en serio riesgo.

Después de las elecciones municipales, en que las encuestas de los diarios La Tercera y El Mercurio fallaron groseramente en las predicciones, el director de Adimark, Roberto Méndez, decidió darle, por precaución, una pausa al sondeo Adimark. Luego, retornó en marzo, pero sin medir preferencias para las elecciones primarias. La razón, dice, es el nivel de incertidumbre de un proceso que se realiza por vez primera y con un padrón electoral que no es claro.

Con todo, el analista político afirma que hay ciertas cosas que sí son predecibles, por ejemplo, que si vota más de un millón de personas, los partidos pierden poder a la hora de definir los resultados y algo más: que quien postule a la Presidencia, con opciones de ganar, deberá prepararse desde ya para enfrentar a los estudiantes, quienes han sido, concede, la “bestia negra” de Sebastián Piñera.

¿Qué es lo esperable para las primarias de este domingo?
Es difícil decirlo. Nunca en la historia del país habíamos tenido dudas respecto de algo tan básico: cuánta gente va a ir a votar. Y las estimaciones van desde 400 mil personas hasta 4 millones. Es una enorme incertidumbre sobre la cual no hay mucho que hacer, porque después de la inscripción automática no sabemos ni cuántos muertos o chilenos que están en el extranjero están inscritos. Además no ha habido encuestas, es decir, no hay ninguna estimación formal y a eso se suma que no tenemos tradición de primarias. Esto es un enigma. Ahora, creo que si vota menos de un millón de personas sería un gran fracaso y pondría en duda la legitimidad de los candidatos que participan en esa primaria porque no participaría ni el 10% del padrón. Con dos millones de personas votando, la primaria es un éxito.

Una de las razones que se esgrimía en privado en la UDI para rechazar, por ejemplo, la franja televisiva es que a mayor convocatoria menor control tienen los partidos políticos sobre los resultados de los comicios, ¿es así?
En la medida en que más gente participa, la máquina partidaria pierde efecto, se hace más difícil para los partidos controlar a los votantes, por lo mismo, ojalá la convocatoria fuera amplia. Tengo la sospecha de que podemos tener una sorpresa positiva y que puede llegar mucha gente a votar.

¿Y la franja aporta en eso?
Una franja tan corta no influye mucho. Está en la memoria, es cierto, la franja del plebiscito y eso le da cierta solemnidad a esta elección, pero el mundo ha cambiado y hoy la gente tiene las redes sociales para informarse y por lo mismo la televisión ya no es la única vía de contacto, como sucedía antes. Hay muchas formas para transmitir ideas y por eso, creo yo, podría ir mucha más gente de lo esperado.

¿Cuál cree usted que va a ser la tarea más difícil en la Nueva Mayoría tras el 30 de junio?
Son cuatro comandos que tienen que funcionarse aún cuando existen versiones muy contrapuestas sobre temas como la asamblea constituyente y la reforma tributaria. Lo más complejo sería, sin embargo, si Orrego no sale segundo porque eso sería muy malo para la DC y para quienes en la centro izquierda se identifican con las posiciones más moderadas y cristianas. Esos grupos, si Orrego no es segundo, no tendrían representación en el conglomerado y sería esperable que buscaran otros caminos, lo que modificaría el escenario político actual.

¿Qué otros caminos?
O se van solos o se unen a la derecha, porque la barrera infranqueable entre la derecha y la centro izquierda ya la rompió Piñera cuando triunfó con más del 50% de los votos en la segunda vuelta, entonces, las posiciones de la gente hoy son más bien de identificación valórica que de ejes rígidos de izquierda y derecha.

¿Y en la derecha qué será lo más difícil?
La derecha tuvo bastante éxito en esta etapa en no mostrar hostilidad, en no caer en juegos sucios, y fue una competencia sorprendentemente leal, entonces no creo que existan tantos problemas para unir a la UDI y RN. Además están comprometidas las confianzas públicas, si se han hecho estas primarias con el compromiso de los partidos nadie podría pensar en apostar por aventuras locas.

¿Como levantar a Golborne si Longueira pierde? La encuestadora Marta Lagos lo dio como un escenario posible dado que Allamand podría no ser tan competitivo como el ex gerente de Cencosud.
No me queda claro esa premisa, porque no ha habido encuestas, entonces no tengo evidencia que Allamand o Longueira sean menos competitivos que Golborne. RN y la UDI van a tener que hacer una nueva propuesta capaz de dar una buena competencia frente a Bachelet, pero no creo que después de las primarias la derecha vaya a buscar a Golborne.

Otra premisa asentada en la derecha es que el Gobierno no se la ha jugado por ningún candidato porque Piñera está apostando porque nadie del sector le pueda hacer el peso y así retornar en 2018, ¿comparte ese criterio?
Esto es parte del comidillo, ahora yo no conozco a ningún ex Presidente que no haya querido volver. El único que no quiso volver a jugar fue Aylwin, pero Piñera por cierto que debe querer, aunque no creo que eso, la opción de un eventual retorno, tenga efectos en la campaña.

Pero dada la relevancia que le han dado los candidatos de la derecha a Piñera en la campaña, debe tener alguna incidencia.
Eso es otra cosa. Cuando el Presidente alcanzó el piso del 40% se transformó en un factor decisivo, lo que se demuestra en la campaña de los candidatos peleándose por decir que son el candidato de Piñera. Ha sido positivo para el gobierno todo esto que ha pasado, porque los candidatos identificándose con el gobierno son un testimonio de éxito. Ahora, con los problemas estudiantiles puede que baje un poco su respaldo.

Los estudiantes, como usted menciona, han sido actores clave en esta administración, ¿Cree usted que han sido la bestia negra de Piñera?
Sí, sí, sin duda, los estudiantes han sido eso para Piñera, el factor gravitante en crear un clima complejo, un ambiente social que le ha traído mucho costo para el Gobierno.

¿Es más complicado dialogar con el movimiento para la derecha o cree usted que un eventual mandato de Bachelet tendría las mismas dificultades?
E movimiento estudiantil siente una lejanía impresionante con toda la esfera política. Un dato que pasó un poco inadvertido, fue una encuesta del Instituto Nacional de la Juventud demostró que un 60% no ve diferencia entre Gobierno y oposición, y sin miedo a equivocarme puedo decir que quien quiere que sea gobierno va a tener en contra a los estudiantes desde el primer día. El tema educacional va a seguir presente.

Y la reforma a las AFPs, la Asamblea Constituyente…
Se han agregado otros temas, pero el tema de la educación es el más relevante, porque es una demanda específica: educación gratuita y de calidad. Entonces quien sea Presidente va a tener que enfrentarse con los estudiantes y llegar a un acuerdo de convivencia, porque si no nuestro clima institucional se va a dañar seriamente. El movimiento estudiantil no dialoga ni con los partidos políticos y por lo mismo toda la clase política va a tener que buscar cómo establecer canales formales de diálogo, aunque sea muy difícil negociar, porque no tiene liderazgos claros. El movimiento estudiantil es muy bueno en poner los temas en agenda, y muy ineficiente en alcanzar soluciones, pero algo habrá que hacer.

¿Y a usted qué se le ocurre?
Mesas de diálogo y trabajo con plazos, con metas, con representantes que den confianza a los políticos y a los estudiantes, no veo otro camino. Los estudiantes nos van a penar en todos los gobiernos si no se canalizan sus demandas.

Comentarios