En una columna publicada hoy por El Mercurio, Eugenio Tironi se refirió a “la emergencia y prolongación” del modelo político-económico que sustentó la dictadura militar, planteando que es un error justificarlas mediante “la personalidad” de sus principales ideólogos, Sergio de Castro y Jaime Guzmán.

“¿Cómo fue que este grupo llegó a tener una influencia determinante en el régimen militar, al punto de transformar a las Fuerzas Armadas en meros ejecutores de “El Modelo” que ellos habían diseñado?, ¿qué hizo que los militares se entregaran a las entonces extravagantes ideas de los chicago-gremialistas?”, se pregunta el sociólogo.

“Yo tengo una hipótesis: la muerte de Allende en La Moneda”, responde, asegurando luego que “los chicago-gremialistas le deben todo lo que tienen -que no es poco- a Salvador Allende”.

“En efecto, si ese martes 11 Allende hubiese aceptado una salida negociada -como sus colaboradores le pedían-, los “chicago-gremialistas” jamás habrían llegado a ser lo que fueron. El régimen golpista no habría actuado con la crueldad con que lo hizo, es cierto, pero tampoco se habría lanzado a la radical revolución que emprendió”, expone Tironi.

“La muerte de Allende hizo que para Pinochet no hubiese vuelta atrás. Fue su espectro lo que pulverizó la idea de un régimen transitorio que llamaría rápidamente a elecciones, como lo tenían planeado los golpistas y sus instigadores”, detalla.

En la misma línea, el columnista concluye que fue “para borrar su sangre que los militares renunciaron a las ideas restauracionistas e hicieron suyos los planes refundacionales de los chicago-gremialistas”.