Mañana se conmemorará un nuevo aniversario del triunfo de la ciudadanía chilena sobre la dictadura de Augusto Pinochet. Será el abrazo número 25 de los dirigentes políticos que dijeron NO al régimen militar. Entre los que festejarán en el estadio Lo Blanco de El Bosque estará Carlos Montes, jefe metropolitano de la campaña por el NO el 5 de octubre de 1988 y hoy candidato a senador por Santiago Oriente.

El seis veces diputado por La Florida repasa en entrevista con The Clinic OnLine el último cuarto de siglo democrático, con una fuerte crítica a las dos décadas de la extinta Concertación en el poder, con el neoliberalismo como práctica hegemónica.

Mañana se cumplen 25 años del triunfo del No. En 2011 la oposición lo conmemoró proponiendo una nueva alianza política, ¿en qué pilla la fecha a su sector hoy?

-Yo creo que la Concertación después de haber perdido las elecciones anteriores, y el conjunto de la centroizquierda, empezó toda una reflexión de las razones de la derrota y cómo había sido lo que hizo durante los años que gobernó; qué cosas había logrado, cuáles no y los desafíos que tenía. Esta reflexión se expresó en dos documentos muy importantes, como son un acuerdo sobre educación y otro sobre reforma tributaria; en los cuales se plantean las reformas profundas, los cambios estructurales que se necesitan. Ambos casos están en la lógica de enfrentar los temas de desigualdad. Yo creo que hasta ahora Michelle Bachelet ha recogido eso y lo ha expresado. Este bloque de Nueva Mayoría es más amplio, ¿hasta qué punto es un bloque que tiene el dinamismo de la sociedad? Eso está marcha, es un proceso que no está completamente logrado. Obviamente para llevar adelante las reformas se requiere una mayoría en el Parlamento, pero también una ciudadanía que hace suyos los objetivos de una manera activa y se exprese en esa dirección.

¿Qué es la Nueva Mayoría?

-Ahora es lo que es: una alianza electoral que tiene bastantes acuerdos programáticos; ¿pero cómo se vincula con la ciudadanía y hasta qué punto adquiere la voluntad y fuerza transformadora que se requiere para lo que Michelle quiere hacer? eso está en proceso.

¿Y a qué se podría parecer la nueva Mayoría si miramos la experiencia latinoamericana o la historia de Chile?

-Yo creo que es bien singular y propio de Chile. Yo estuve exiliado en México y es incomparable. No veo dónde, porque hay pocos países que tienen esta estructura de los tres tercios. Yo creo que es una amplia alianza de centroizquierda que está por transformaciones antineoliberales; que busca reorganizar la sociedad sobre bases que respondan a otros principios, de igualdad y de una mejor sociedad.

En las movilizaciones del 2011 fue duramente criticada la obra de la Concertación, se los acusaba de traidores por la implementación de políticas noliberales, ¿lo ve así?

-El movimiento del 2011 tiene distintas interpretaciones. A mi juicio, lo más profundo que yo entiendo es que se dijo “no nos gusta la sociedad en qué vivimos”, con criticas diversas, algunos con una critica radical al modelo, otros porque no podían entrar al modelo. Y eso es muy valioso, porque moviliza culturalmente. Ese movimiento en primer lugar abrió las compuertas a la crítica cultural, a la crítica más global a la sociedad. Y la traducción política todavía no termina de decantar; son procesos también en marcha, el efecto político que ese año tendrá está en marcha. Yo soy parte de una generación que a fines de los 60 vivió algo muy parecido: también hubo un cuestionamiento global a la sociedad, grandes movilizaciones de los estudiantes que tuvieron impactos bastante grandes en la reforma universitaria y en muchos cambios que se implementaron en Chile.

¿Y cómo dirigente político de la Concertación, asume esta crítica?

-Yo creo que en materia netamente económica y de producción, todo se subordinó a crecer, crecer y crecer; y por lo tanto todo lo que tenía que ver con capacitación laboral, leyes laborales, se subordinó a ese objetivo por mucho rato. Y no se conjugó bien lo que era eso, crecer, con avanzar en estos otros cambios. Porque se dijo “crecer, enfrentar pobreza, insertarse en el mundo, transitar a la democracia”. Esa fue un poco la lógica básica. Y eso se tradujo en que el plan laboral de la dictadura se mantuvo prácticamente intacto, se cambió muy poco.

En lo que se refiere a lo social -educación, salud, vivienda, previsión- la dictadura trató de montar mercado o cuasi mercado; y al comienzo en algunos aspectos la Concertación trató de romper esa lógica. (Ricardo) Lagos llegó con la nueva Loce el año 91, llegó con un proyecto de cambio estructural del modelo educativo, pero ahí no había votos, no había condiciones; y se optó por decir “cambiémoslo desde adentro con la acción del Estado”, cosa que al final a gente del propio bloque de centroizquierda le terminó gustando la idea de echar a competir colegios, de estimular mucho a los colegios subvencionados (…) el financiamiento compartido, que fue un tremendo error que surgió en ese contexto. En lo que a mí se refiere, yo estuve en posiciones minoritarias en todos estos debates; lo mismo que en Vivienda, donde el año 95 pudimos haber pasado a otro estándar y otras condiciones. Y ahí hubo un debate. El error mayor en todo caso fue de (Jaime) Ravinet cuando se optó por un modelo más de mercado en Vivienda, en 1997. Yo creo que Chile -según me cuenta incluso la gente de la OCDE- se ha transformado en un ejemplo de lo que no hay que hacer en Educación, Salud, Vivienda, Previsión, de pretender transformar esto en mercados; estos servicios que constituyen derechos y que además hay ahí una responsabilidad pública y tienen que ser resultado de un proyecto de la sociedad.

¿Cómo va a ser recordada la Concertación?

-Con la Concertación la historia va a decir que Chile creció mucho, dejó desigualdad y concentración muy fuerte; daños al ambiente y despolitización de la sociedad, pero creció mucho. Fue una forma de transitar. Este crecimiento y esta desigualdad social generaron reacciones contrarias de la sociedad, sacudieron a la sociedad en 2011. Es valioso que eso se desplegara acá, donde ahora surge esta Nueva Mayoría con una candidata que dice “vengo porque quiero hacer reformas profundas, lo que no hicimos antes, o lo hicimos mal o a medias”.

¿Cuándo en la Concertación se impuso la posición neoliberal?

-En Educación eso se consagró el 94 con el informe Brunner, en Salud el Auge fue un intento de revertirlo, en Vivienda el conjunto de decisiones del 97 son muy pro mercado, en Previsión el intento de crear el pilar solidario era para romperlo; pero son reformas parciales que dejan pendientes muchas cosas para terminar de hacerse. Yo creo que lo peor de todo ha sido Educación sin lugar a dudas y por eso la presión ha sido muy fuerte.

PADRE PÍO AL SENADO

Al comienzo de la campaña usted partió muy abajo en las encuestas ante Soledad Alvear, ¿cómo está hoy?

-En primer lugar quiero decir que en la elección anterior yo fui precandidato, incluso lancé la candidatura hasta que finalmente Soledad Alvear decidió bajarse de la presidencial ante Michelle Bachelet y yo también bajé la mía. Y prácticamente nadie compitió con ella. El efecto político de si yo esa vez le ganaba hubiera sido muy negativo. Ahora no está esa complejidad, Alvear ha tenido una ventaja respecto a mí en el nivel de conocimiento, por el tiempo que estuvo en ministerios -tiene 16 años como ministra y 8 de senadora-. Llevamos más o menos los mismos años en cuanto a actividad política. ¿Cómo veo las cosas? En todas las encuestas y elementos que tengo estamos cerca. Hay algunos que me dan para arriba o abajo, pero estamos cerca -aunque yo estoy trabajando como si no estuviera cerca-. Creo que es perfectamente posible que yo gane y en eso estamos trabajando. Yo creo que estoy en el margen de error, tengo 3 o 4 puntos todavía que revertir, pero no tengo certezas de eso porque yo no creo nada en las encuestas en este momento.

¿Caballo alcanzado-caballo ganado?

-Así dice el dicho, pero hay que verlo. Esto se decide el día de la elección, pero tenemos que trabajar bastante todavía para lograrlo. Mi problema mayor es el nivel de conocimiento, no en la élite, no en los que leen más los diarios, sino en lo popular. Normalmente los niveles de conocimiento se revierten con recursos, pero yo no tengo esa posibilidad.

Andrés Velasco dio su apoyo a Alvear. Él le ganó a Bachelet en el distrito 23, ¿está muy abajo usted en el barrio alto?

-Yo estoy bajo, pero Soledad Alvear no está muy bien tampoco; allá es muy fuerte la derecha. Pero el apoyo de Andrés Velasco está bien, es parte de las campañas. Yo recibí el apoyo de Revolución Democrática, el Partido Comunista también. Antes me apoyó el MAS e Izquierda Ciudadana. Es propio de las campañas, yo comparto lo que Andrés Velasco dijo sobre temas valóricos o las malas prácticas. Esta coalición debe ir sumando distintos apoyos para Michelle Bachelet.

En La Florida ya está el mito de Carlos Montes como una institución comunal. Se habla de “las señoras de Carlos Montes”…

-Lo que pasa es que yo soy nacido y criado en la Florida. Jugué 12 años en la liga deportiva infantil, viví siempre ahí -salvo cuando me echaron del país- y tengo un vínculo bastante fuerte. Saqué un 50% un par de veces y doblamos en un distrito donde es raro doblar. A mí me parece bien que hayan surgido caras nuevas en la comuna y es muy importante que una de las líderes del movimiento estudiantil del 2011 llegue al Parlamento. Confío mucho en que Camila Vallejo sea electa y cumpla un buen papel en el Congreso.

¿Los movimientos sociales están con Carlos Montes?

-Yo en el tema educación he trabajado harto con dirigentes estudiantiles, incluso con Gabriel Boric y otro dirigentes. He mantenido una relación y tengo cercanía con bastantes de ellos -que me apoya Giorgio Jackson y Camila Vallejo está bastante claro-, pero el movimiento social tiene muchas más facetas y complejidades.

Trascendió que en la campaña lo bautizaron como Padre Pío, ¿ha sido mucho el bullying electoral?

-Es que este fue un miserable- amigo mío, que nos queremos mucho-, pero que no vive en Santiago y vino acá, vio un cartel que aparezco como para arriba mirando y me puso el Padre Pío. Entonces es una broma que es propia del internado que es el Parlamento.

¿Tiene ayuda santa?

-Ojalá tuviera ayuda santa, pero no está tan clara que la tenga, pero es que puta a mí nunca me han gustado ni mis consignas ni mis fotos en los afiches -y los hace gente muy calificada, muy buena-, y al final yo digo “ya”. Esta vez me costó decir “ya”, pero dije “ya” y dicen que funciona porque de todo el mundo que la ve nadie deja de tener opinión, o negativa o positiva pero nadie pasa indiferente. Yo soy poco de esto del marketing, de hecho nunca había estado en una gigantografía, pero ahora me dijeron que si no ponía no existía nomás.

¿Si pierde está dispuesto a ser ministro de Bachelet?

-Voy a ganar el 17 de noviembre.