Para tener éxito en política es fundamental una buena estrategia de comunicación, pero si lo que se pretende son elevados niveles de popularidad, como los que desde hace seis años tiene el presidente de Ecuador, Rafael Correa, no basta con eso: hay que ir a los sectores clave y tocar la fibra sensible.

Según un estudio de la empresa mexicana Consulta Mittofsky conocido esta semana, Correa, en el poder desde 2007, es el segundo presidente latinoamericano mejor valorado, con un 84 % de aceptación, aunque ha perdido seis puntos y un puesto en la clasificación en relación con un anterior sondeo de esta firma, difundido en abril.

Pero, pese al descenso, tanto ésta como otras encuestas confirman que el gobernante andino es uno de los pocos, si no el único en América Latina, y por supuesto en su país, que ha conseguido niveles de aceptación de en torno al 80 % durante tanto tiempo.

Un estudio de la firma Perfiles de Opinión efectuado a principios de mes indica que el 64,2 % de los encuestados califican la gestión de Correa de muy buena y el 18,5 % de buena, mientras que el 15 % la consideran mala y el 2,3 % muy mala.

¿Cómo mantener estos niveles de popularidad de forma sostenida durante tantos años? Desde luego, la fragmentación de la oposición ayuda bastante, pero además hay otros factores, como una presencia constante en la vida de los ecuatorianos a través de los medios públicos de comunicación, algo que el presidente y su equipo manejan a la perfección.

Cada sábado Correa escenifica su protagonismo en su “Enlace Ciudadano”, retransmitido en directo por televisiones y emisoras de radio, y a ello se suman sus frecuentes entrevistas en esos mismos medios y las ruedas de prensa que concede.

Estos canales amplifican sus mensajes en defensa de la gestión propia y también sus críticas a los oponentes, con menciones especiales a medios de comunicación a los que suele tachar de “prensa corrupta”.

Y estas ideas, además, son recogidas en las informaciones que distribuyen varios medios públicos escritos, impresos y digitales.

Es evidente, por otro lado, la empatía que el mandatario consigue en sus intervenciones públicas, la claridad con la que expone sus ideas y al fuerte carga política que emana de ellas.

Se trata de una “excelente conexión con la opinión pública”, un vínculo “entre lo que quiere la gente y lo que dice y hace el presidente. Mas bien lo que dice”, según dijo a Efe el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), Daniel Montalvo.

Correa está siempre en contacto con la realidad por medio de encuestas y se preocupa de conocer cómo va a tomar la gente las decisiones sobre sus políticas públicas.

Cuando tiene que enfrentarse a asuntos polémicos, como la reciente decisión de explotar parte del crudo que yace en el subsuelo del Parque Nacional Yasuni “dispone de un sistema de campaña y propaganda excepcional, como no lo ha tenido otro presidente desde el retorno de la democracia en 1979”, agregó Montalvo.

Otra de las claves de su éxito es la orientación de su gestión política hacia áreas de gran demanda social. Correa ha sabido volcarse en la búsqueda de mejoras en los campos de la educación, la salud, los pobres y los discapacitados, entre otros, y esos sectores le retribuyen por ello.

Como indica Paulina Recalde, directora de la encuestadora Perfiles de Opinión, “hay un reconocimiento a su gestión en áreas sensibles de las políticas públicas”.

La experta opina que, además de ello, y de nuevo en el terreno de la comunicación, otra baza del gobernante ecuatoriano es la búsqueda de la “adhesión emocional”.

Y junto a estos elementos está el hecho de que Ecuador ha vivido en los últimos años numerosos procesos en las urnas entre elecciones y consultas populares y eso mantiene en activo las adhesiones y las movilizaciones de apoyo al presidente, aunque no hay que perder de vista que en estas citas electorales también participan los oponentes.