Con fecha 7 de agosto de 2013, ingresó al Tribunal del Distrito Sur de Nueva York la respuesta que entregó el matrimonio conformado por Michael Hurley Muñoz-Fontaine y Malú Custer -nieta de Agustín Edwards- a la demanda que el 7 de junio fue presentada por quien fue su empleada doméstica entre enero y marzo de 2011, Felicitas Villanueva Gárnica, quien los acusa de “labor forzada” y “servidumbre involuntaria”, además de maltratos y de haberla hecho pasar hambre mientras trabajó con ellos en Estados Unidos, razón por la cual exige una indemnización cuyo monto debe ser fijado por el juez Hellerstein quien lleva el caso.

La pareja desestima todas las imputaciones -“los Demandados niegan las alegaciones expuestas”- y respecto de los hechos que están acreditados, como que se le pagó mucho menos de lo acordado e incluso de lo legal, asevera que “​carecen de información suficiente para formar una convicción sobre la verdad o falsedad de la declaración”, según consta en el documento de 25 páginas al que tuvo acceso The Clinic Online.

Según consigna el texto de los Hurley-Custer, presentado por sus abogados del bufete “Becker, Glynn, Muffly , Chassin y Hosinski LLP”, el matrimonio, considerado un referente en estilo por la revista Hola chilena, “niega todas y cada una las alegaciones en la queja, niega que la demandante tenga derecho a alguna compensación y niega que lo solicitado por la demandante esté justificado o sea apropiado”.

Además establece que Felicitas no refiere de qué forma podría ser reparada económicamente y que entregarle cualquier indemnización se “traduciría en un enriquecimiento injusto para la demandante”. En paralelo, plantea que “las lesiones alegadas (por Felicitas) fueron el resultado de condiciones no relacionadas -pre -existentes o posteriores- con la conducta de los acusados ​​o sus hijos” y que buscar alguna reparación por la angustia emocional que alega Felicitas no corresponde dado que ya fue resarcida por la Ley de Compensación de los Trabajadores del Estado de Nueva York.

Este último punto hace alusión a una orden de julio del 2011 en que el Departamento del Trabajo le ordenó a la pareja pagarle $6.302 dólares a Villanueva por concepto de sueldos atrasados ya que se acreditó que acordaron pagarle 2 dólares por hora -$800 dólares al mes, el equivalente $400 mil pesos chilenos-, lo que está bajo el sueldo mínimo de Nueva York de 5,15 dólares por hora. Nada de ello se concretó ya que “los Demandados ​​pagaron a la Demandante el total de US $800 en tres cuotas separadas, la primera vez en enero, la segundo a principios de febrero, y la tercera en el comienzo de marzo”. Es decir, el sueldo fue de cerca de $140 mil al mes, menos incluso que el salario mínimo chileno. Además durante todo ese periodo, Felicitas habría tenido un sólo día libre.

LOS CARGOS

La acción judicial de Villanueva significó un escándalo para la alta sociedad chilena al estar involucrada una descendiente directa del poderoso dueño de la cadena El Mercurio, quien ha estado en la palestra estas semanas por su rol durante la confabulación para el Golpe de Estado. Con todo, no es primera vez que el nombre de Agustín Edwards Eastman aparece vinculado a líos de familia, porque a finales de los 50 el poderoso empresario encerró a su hermana Sonia -quien militó en el MIR-, en una clínica en Londres por un embarazo fuera del matrimonio y luego, cuando ella dio a Luz, entregó a la recién nacida a un orfanato. Sólo años después, Sonia logró recuperar a su hija.

Hoy la polémica se centra en otra heredera, Malú, estudiante de Diseño Gráfico en Parson School, madre de cuatro hijos y casada con “Micky” Hurley, un decorador y comprador de antigüedades quien, según constató este medio, trató en 2009 de “pobre, miserable, roteque, acomplejado, sin antepasados” a un fotógrafo que le solicitó pagarle un trabajo adeudado. Es este matrimonio, junto con sus tres hijos mayores, quienes, afirma Felicitas en su demanda, la habrían maltratado de diversas maneras, principalmente negándole una alimentación adecuada, situación que también afectaba a los menores: “raramente compraba comida y, cuando lo hacía, ella rara vez compraba suficiente comida para los niños y la Demandante, comprando sólo pequeñas cantidades de leche, yogurt, huevos y pan, nada más”.

“La Demandante (Felicitas) preparaba los desayunos y almuerzos de los niños con pan y leche o lo que estuviera disponible” y por ello los niños estaban “igualmente mal nutridos y a menudo rogaban y lloraban por alimentos”.

En más de una ocasión, continúa el escrito, Felicitas “compartió su propia comida con los niños quienes padecían hambre casi todos los días. En los días en que no había suficiente comida en la casa para comer y la Demandante era capaz de salir discretamente de la casa, ella caminaba a una bodega cercana y compraba un taco, un pedazo de pan o un trozo de fruta, lo que podía pagar con el poco dinero que tenía en su poder dada la resistencia de los Demandados a pagar sus salarios. Cuando regresaba a la casa con la comida que había comprado, ella tenía que esconder la comida o los hijos de los Demandados discutían con ella para que les diera la comida”.

“Como resultado de la desnutrición y la mala alimentación, la salud de la Demandante se deterioró hasta el punto en que sufría dolor diario debido a las infecciones estomacales, enfermedades, y otros dolores crónicos”, detalla el documento. “Mientras tanto, los Demandados ​​habitualmente gastaban dinero para beber botellas de vino, antes de salir a cenas suntuosas, dejando a los Demandante y a los hijos a su suerte”.

También, reclama que hubo abusos físicos: “estaba arreglando el scooter del hijo mayor cuando el niño tuvo una rabieta y golpeó a la Demandante en la cabeza con el manubrio causándole mareos y dolor considerable”.

“El día en que la Demandante finalmente escapó de la casa, estaba agachada sacando leche del refrigerador cuando el hijo mayor de los Demandados le golpeó la cabeza con la puerta de la nevera, causando que se tambaleara de dolor, mareos y desorientación. Cayó al suelo y experimentó mareos, seguido inmediatamente por una profunda preocupación por su propia seguridad personal”, reza la acción judicial.

Más aún, cuando la empleada doméstica comenzó a experimentar síntomas asociados con la hipertensión, Custer le dijo “que su única oportunidad era ir a un ‘hospital de los pobres’, que no tenía ni idea de dónde estaban los hospitales públicos, y que no iba a acompañar a la Demandante porque ella no quería interactuar con ‘esas personas’ que reciben atención médica en los hospitales públicos”. De paso, se comprometió a traer el medicamento desde Chile, ya que los medicamentos eran demasiado caros en los EE.UU. Este último punto es admitido como cierto por la nieta de Agustín.

Sobre las demás acusaciones, los Hurley-Custer relatan en su escrito que éstas son falsas, carecen de fundamento o no tienen información para afirmar la veracidad de los dichos. Sólo admiten, por ejemplo, que Malú “es un descendiente de Agustín Edwards, cuya biografía es un asunto de interés público y habla por sí mismo” y que sus hijos R, M y O tenían entre siete, cinco y tres años, respectivamente, en el momento de los hechos alegados en la demanda”.

También aseveran que los menores no dañaron a Villanueva, aunque admiten “que Edwards en una ocasión dijo a la demandante que los niños se estaban adaptando a un nuevo hogar”. En suma “niegan la acusación de que la demandante fue abusada o maltratada de alguna manera a o que participaron en cualquier conducta ilegal”.

La sentencia de este caso debería conocerse en diciembre.

Vea la respuesta de los Hurley-Custer: