Derecha: la noche más oscura



Una buena lectura de los resultados electorales de anoche debe ser capaz de captar las tendencias fundamentales. Y la principal noticia, al final de esta larga jornada electoral, es la derrota contundente de la derecha y el triunfo de las alternativas del progresismo. El nuevo ciclo político e histórico, iniciado por las movilizaciones estudiantiles del 2011, continuado por el triunfo de la Nueva Mayoría en las pasadas elecciones municipales, ha sido ratificado este domingo. Tres de cada cuatro electores votó opciones de cambio en la elección presidencial. La actual oposición consiguió amplias mayorías en ambas Cámaras. Los principales líderes estudiantiles que postularon fueron elegidos con altas votaciones. Matthei, la alternativa presidencial de la Alianza, obtuvo en votación 20 puntos menos que lo que consiguieron hace cuatro años con Piñera. Un gobierno, en su estrategia comunicacional ensimismado en el activismo estadístico, no logró capturar el interés ciudadano y no traspasó nada de su modesta adhesión a la candidatura continuista.

Los chilenos no conocemos, aun, la larga serie de conspiraciones y circunstancias que hicieron posible esta extraña sucesión de candidaturas (Golborne, Longueira, Allamand, Mathei). Pero es evidente que esta secuencia no ayudó a arropar la idea que sería bueno que la derecha continuara gobernando el país. Esto será ratificado con creces en la votación del 15 de diciembre. Un sector político que es incapaz de autogobernarse, difícilmente puede conducir la nación. La confusión entre carácter y vulgaridad, jamás resuelta en la estrategia publicitara de la campaña de la candidata de la Alianza se reflejó también en la floja votación. No en vano, este pasquín nos ha deleitado con “Grosera otra vez”. No en vano Parisi la calificó de mala mujer.

Y la noche es oscura para la derecha, aunque tenemos luna llena sobre el territorio nacional. Porque esos lobos que aúllan en ese territorio de la política chilena pelean demasiado duro. Hasta el desangre. Carlos Larraín, en innoble estilo dio por muerta la candidatura de la derecha muchas veces en estos meses. Y en los últimos días, profundizó su línea de sabotaje a la candidatura UDI, posiblemente porque sabía que así el daño que le provocaría a Evelyn Matthei sería mayor.

Ahora las cuentas serán cobradas con toda intensidad. Sin embargo la UDI, tiene que prepararse también para otra batalla. Amparada en el binominal y en los quórums supra mayoritarios tendrá que resistir en el Congreso, con una desfavorable correlación de fuerzas, los proyectos de reforma que están contenidos en el Programa de la Nueva Mayoría y que son ampliamente respaldados por los chilenos. Pero ha perdido para esa batalla a todas sus grandes espadas (Novoa, Longueira, Matthei), ha sido incapaz de retener sus senadores por Santiago y ha visto reducida su bancada en la Cámara Alta. RN tendrá que vivir el cambio de socio controlador, de Larraín a Piñera, y sabemos cuánto conoce el Presidente de esas operaciones. Pero Andrés Allamand no le hará la vida fácil. Sobreviviente de varios intentos de asesinato político, será una contraparte clave en el futuro de la derecha.

No hay dos opiniones respecto a que el Presidente Piñera iniciará su campaña de reelección el mismo día que entregue la banda presidencial a Michelle Bachelet. Lo probable es que además de intentar controlar RN, el Presidente pretenderá mantener con vida el fogón de la nueva derecha, aunque irrite al máximo a los socios gremialistas. Y claro, nuevamente la UDI deberá optar por apoyar al empresario o declarar la guerra.

Es cierto que el desafío para Michelle Bachelet es grande. Lo de la segunda vuelta es una tarea que hay que abordar seriamente, aunque de resultado predecible. Pero sabemos que las propuestas de la candidata están en sintonía con el pensamiento mayoritario de los chilenos. Aquello abonará una segunda vuelta donde el propósito será marcar una distancia muy grande con la representante del inmovilismo y de los conservadores. En el caso de la derecha, perder en segunda vuelta es su problema menor. Su drama no solo es de su intrínseca imposibilidad de convivencia interna. Su dificultad dramática es su obsolescencia doctrinaria y su elemental distanciamiento de la voluntad de los ciudadanos. ¿Cómo saldrán de este pozo profundo? hoy es muy difícil de prever. Pero es evidente que el país marcha, con tranquilidad, pero con paso firme, hacia nuevos y mejores destinos.

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