La mañana del sábado 23 de noviembre, Daniel Ballesteros Pérez (17) fue apuñalado 18 veces al interior de su pieza, al interior de un centro del Sename, ubicado en Til til. Llevaba ahí poco más de un año, después de ser condenado a tres años de reclusión tras ser encontrado culpable de un robo con intimidación.

Los funcionarios del centro oyeron los gritos de los internos, que dijeron encontrar a Daniel desangrándose dentro de su celda/pieza, pocos minutos después de abiertas las puertas para salir de los dormitorios. Pero los esfuerzos por salvarlo fueron en vano y antes del mediodía Daniel se convirtió en el primer adolescente muerto al interior de ese moderno centro penitenciario para jóvenes.

Eso sí, la muerte no fue casual. La cámara de seguridad del pabellón donde dormía Daniel no funcionaba desde dos semanas antes del incidente. Pero el menor venía desde al menos un mes diciendo que le podría pasar algo malo, que había sido amenazado por otros internos, específicamente por un grupo de alta peligrosidad que había sido internado en el CRC Til Til hacía pocos meses. Así constaba en el libro de coordinación el 17 de octubre pasado, lo que no bastó para protegerlo y a fin de cuentas, haber salvado su vida.

Nadie escuchó

La historia delictual de Daniel estuvo marcada por el consumo de marihuana. De familia evangélica, su vida marchó como la de cualquier otro niño hasta los 14 años. A esa edad comenzaron los malos hábitos, primero con el consumo de drogas y el rodearse de “malas juntas”. De ahí se involucró en hurtos y delitos menores, hasta que fue procesado por robo con intimidación.

Por esa razón fue condenado a cumplir su reclusión en el Centro Conductual Metropolitano Norte, que se encuentra a un costado de Punta Peuco. Fue derivado ahí, a pesar de que cuando cometió el delito, en 2012, estaba en tratamiento en el Cosam (Centro Comunitario de Salud Mental) de Pudahuel por su adicción a las drogas.

Ahí se conoció como un joven de perfil no violento, que fue blanco de las burlas y amenazas al ingreso del grupo de mayor peligrosidad. Según su familia y los funcionarios del centro, los conflictos al interior del centro eran frecuentes. Por eso, dicen, incluso alertaron al director del centro, Juan Carlos Bustos; a la directora regional, Paula de la Cerda; e incluso al director Nacional Rolando Melo.

Por eso, la tesis de una riña fue la primera información que circuló sobre la muerte de Daniel, antes de revelarse que ya existían las amenazas anteriores. Incluso, el mismo sábado el Sename informó que la muerte del joven sólo involucraba a él y otro agresor.

El jueves pasado, cinco días después de ocurrido el asesinato, >el director nacional del Sename decidió sacar a Juan Carlos Bustos de la dirección del recinto.

La decisión, según Sename, fue tomada luego de comprobarse que existía una constancia en el libro de coordinación del Centro que alertaba que el menor se sentía amenazado al interior del recinto y esta información no fue entregada a Melo, a pesar de las consultas el día de la tragedia y los días posteriores.

“En las entrevistas que me hicieron nosotros no teníamos antecedentes de que existiera una amenaza respecto del joven, sin embargo se mencionaba un documento, que me llegó en fotocopia tiempo después. Lo primero que hice fue ir al centro, busqué el libro que correspondería a ese antecedente y el 17 de octubre aparecía una nota de Daniel que se sentía amenazado”, señaló Melo en una entrevista con Radio ADN el viernes en la mañana.

Su familia, que no quiso dar declaraciones, señaló fuera de micrófono que sabían de los hostigamientos y que incluso estas amenazas se las habría manifestado Daniel a la psicóloga que lo atendía en el centro. Esas falencias también eran recurrentes críticas entre los familiares de otros jóvenes reclusos del centro, que reiteraron los problemas al interior del centro la misma mañana del sábado que murió Daniel.

Bomba de tiempo

Según el psiquiatra Rodrigo Paz, el joven nunca debió estar en ese centro. El psiquiatra, conocido por la atención que le brindó al “cisarro”, reclama por que Daniel nunca debió entrar al Sename. “Debería haber estado en un hospital psiquiatríco o en unidad de desintoxicación de drogas, como muchos de estos chiquillos que no deberían llegar al Sename”.

Paz señala que en estos casos, cuando son llevados con otro tratamiento los pacientes pueden dejan de consumir, lo que hace desaparecer las conductas antisociales. Y en el caso de Daniel, además debió integrar un pabellón de reclusión de un perfil no delincuencial, para tener menos contacto con los internos de perfil más psicopático.

Incluso, tal como los funcionarios del recinto relataron, se barajó la opción de que los niños más violentos fueran llevados a otro centro, cosa que no se concretó. Los problemas de este tipo en el Senam se conocían desde hace tiempo.

De hecho, la misma dirección del Servicio Nacional de Menores reveló que a la empresa concesionaria de tratamiento psiquiátrico que funcionaba en el centro de Til Til, Cercap, se le había rescindido contrato el 11 de noviembre pasado. Esto, a pesar de que le quedaban cuatro años más de licitación, la que se adjudicó en marzo de 2012 y comenzó a operar en el centro en noviembre de ese año, cuando se inauguró

“Estos antecedentes se suman a otras informaciones que hemos recibido que evidencian un ambiente hostil al interior del Centro Metropolitano Norte, lo cual se aleja completamente de los fines para los cuales fue diseñado este lugar, que debiera aportar en la reparación y reinserción social de los jóvenes infractores de ley”, señaló la máxima autoridad del organismo público de infancia.

Ese ambiente hostil, según los funcionarios del centro, era una bomba de tiempo. “Se pasan de casa a casa, abren las puertas, amenazan a los funcionarios, hay peleas internas de pandillas de jóvenes”, denunció el presidente de la Asociación Metropolitana de Trabajadores del Servicio Nacional de Menores, Raúl Jeria.

Sin embargo, este sábado el diario La Tercera reveló un informe de la Comisión Interinstitucional de Supervisión de Centros, que en junio de este año ya había alertado sobre los problemas que ocurrían en el centro de Til Til. Un interventor por cada 15 adolescentes y grupos de convivencia que “no tienen distinción etaria o de perfiles”, son algunos de los problemas detectados. Además, la recepción a sugerencias y reclamos de los internos obtuvo nota 1 (de 1 a 7), dato clave tras la revelación de la constancia que había dejado Daniel.

Para Paz y los funcionarios del Servicio les parece insuficiente. Por esta razón, el lunes pasado se tomaron las oficinas del Sename, buscando la renuncia del director nacional y de los responsables de la muerte del adolescente. “El director del Sename debe al menos poner su cargo a disposición del Presidente de la República. Aquí hay un niño que ingresa vivo al Sename y que sale muerto. Que no pase esto es un insulto a este niño, su familia y a los que hemos pedido cambios en el Sename hace tiempo”, dice el director de la Corporación Sofini.

Con todo, el Servicio ya tomó medidas. A la instrucción de un sumario interno y las evaluaciones para retomar el control del centro, se inició el proceso para llamar a una nueva licitación que se haga cargo del que fue presentado como el más moderno centro de reclusión juvenil del país, tras su inauguración, el año pasado.

Además, el grupo de menores que habría participado en el asesinato de Daniel ya fue trasladado a otro centro CRC de San Bernardo y la investigación, a cargo de la PDI y la fiscalía de Colina, ya habría detallado que entre dos y cuatro jóvenes de este grupo fueron los responsables de la muerte de Ballesteros.