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Mundo

12 de Febrero de 2014

La venganza de los nerds: geeks llegan a la elite militar gringa

Con sus casi dos metros y complexión atlética, William McRaven, el comandante de Operaciones Especiales de EE.UU. (SOCOM), encarna la imagen que se espera de un militar de elite, pero los que alzan la vista para hablarle del futuro de sus Fuerzas son expertos en sensores, “drones” o analistas de datos. McRaven, de 58 años, […]

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Con sus casi dos metros y complexión atlética, William McRaven, el comandante de Operaciones Especiales de EE.UU. (SOCOM), encarna la imagen que se espera de un militar de elite, pero los que alzan la vista para hablarle del futuro de sus Fuerzas son expertos en sensores, “drones” o analistas de datos.

McRaven, de 58 años, fue el director sobre el terreno de la histórica misión del equipo 6 de los Navy Seal que dio muerte al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, en mayo de 2011, y hoy por hoy es uno de los oficiales de más prestigio de Estados Unidos.

Él fue quien abrió la bolsa mortuoria del terrorista para confirmar su muerte y es el responsable de que los comandos de Operaciones Especiales se hayan convertido en una fuerza militar en la sombra con un protagonismo sin precedentes en EE.UU.

“Solo representamos el 1,7% del presupuesto del Pentágono, somos una inversión muy rentable”, indicó hoy en un encuentro con la industria militar organizado por la Asociación Industrial de Defensa Nacional (NDIA) en un hotel de Washington.

McRaven, que contribuyó también a la captura del depuesto líder iraquí Sadam Hussein en Irak en 2003, se olvidó de mencionar que ese modesto porcentaje se traduce, dentro del mayor presupuesto de Defensa del mundo, en más de 10.000 millones de dólares al año.

Este almirante de la Armada se encumbró en el Pentágono entre 2008 y 2011 como el jefe del oscuro Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC), responsable de coordinar a los soldados mejor preparados del país.

El presupuesto del SOCOM se ha cuadruplicado desde el 11 de septiembre de 2001 y el número de efectivos se ha duplicado y seguirá creciendo en los próximos años hasta los 70.000 soldados, todos ellos sujetos a unos requisitos físicos excepcionales y con capacidades para todo tipo de misiones.

En una época de austeridad militar, las Fuerzas Especiales con su ataques de precisión quirúrgica, que reducen la posibilidad de un conflicto abierto, se han convertido en una opción relativamente barata, frente a costosos despliegues navales o de infantería o bombardeos a gran escala.

Este encuentro de la industria con el estamento militar es una mezcla entre las visitas de James Bond, el agente 007, al garaje de inventos de “Q” y una tienda de aeromodelismo y juegos de rol, en la que no faltan dianas móviles robotizadas con la cara de Osama Bin Laden, un clásico en campos de tiro de todo el país.

McRaven ha asegurado hoy que su prioridad tecnológica es que sus tropas puedan contar con un “exoesqueleto armadura” que les permita movilidad sin exponer partes vitales y obtener un punto adicional de fuerza para derribar puertas, cargar grandes pesos o desplazarse más distancias.

Para ello, McRaven ha pedido un premio de 10 millones de dólares para la idea más avanzada y espera que en junio pueda contar con las primeras propuestas de cómo será el soldado del futuro.

Pese a las alegorías de superhéroe y la cercanía a “Iron Man”, el nuevo combatiente cada vez se expondrá menos a entornos hostiles inciertos y se fijará más en la tecnología y la inteligencia.

Las empresas y los comerciales presentes en este encuentro ofrecen software de análisis de riesgos, de computación de datos y de imágenes satélite interactivas, capaces de analizar el movimiento de objetivos, para reducir al mínimo posible la necesidad de un “plan B”.

Con tecnología de comunicación satélite como la de la empresa Black Tree, los comandantes pueden dirigir a sus tropas desde la distancia como peones en un tablero en tiempo real.

Otros presentan aparatos como el helicóptero de seis rotores de la empresa Brimrose, con cámara y fusil incorporado para disparar a distancia.

“Se puede usar de día o de noche y le hemos añadido capacidad de disparo”, indica a Efe uno de los gerentes de esta compañía de Maryland.

Proxdynamics ha creado un “drone” con forma de helicóptero de juguete del tamaño de la palma de la mano que puede ser lanzado en operaciones de infiltración para ver el entorno, mientras que Batelle promociona el submarino autónomo Proteus capaz de cargar torpedos.

También están los pesos pesados de siempre: Lockheed Martin o Boeing, que siguen aumentado su catálogo de “drones” ante la curiosa mirada no solo de militares estadounidenses, sino también de latinoamericanos, europeos y de países árabes y musulmanes.

Pese a las comparaciones con “Rambo”, el ejército del futuro echará mano con más frecuencia de robots y tecnología de análisis, que pese a tornar la guerra en algo parecido a un videojuego se asegurará, en lo posible, que las fuerza especiales siempre puedan exhibir el éxito de un nuevo trofeo.

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