A principios de 1985, unos hombres se establecieron en una perdida playa de la Tercera Región. Tenían recursos, vehículos, embarcaciones. Levantaron empresas dedicadas a extraer productos marinos. Sus barcos se cruzaban en el mar con los de la Armada, sin despertar sospecha alguna. Hasta que los pescadores de la zona comenzaron con los rumores: algunos eran demasiado distintos a ellos, no parecían “gente de mar”.

Así fue que empezó a trizarse el más ambicioso proyecto del Partido Comunista y el FPMR: un gigantesco desembarco ilegal de armas facilitadas por Cuba, para derrotar política y militarmente a la dictadura. En esta historia se inspira el sexto capítulo de la serie Los archivos del cardenal.

Las Armas de Carrizal: Yunque o Martillo

Norte de Chile, puerto de Chañaral, 19.00 del 27 de diciembre de 1985. Un hombre alto y delgado baja de una camioneta Toyota azul, último modelo, junto a un chofer. Camina hacia un grupo de pescadores. A pocos metros, atracado en el muelle, está un antiguo pesquero, el Chompalhue, de 140 toneladas y 20 metros de largo. El hombre alto no es un empresario como aparenta. Es Alfredo Malbrich, conocido como “Albacorilla”, miembro de la logística militar del Partido Comunista, y uno de los cabecillas de una operación a gran escala que está a punto de producirse: la mayor internación ilegal de armas en la historia de Chile.

A cargo de la operación está un equipo de militantes del PC, varios de ellos gente de mar. Cuando el Chompalhue se hace a la mar lo hace con los papeles en regla. No existe sospecha de que ese pequeño barco de madera, adquirido meses atrás con dineros del partido, los conduce a más de doscientas millas de la costa, donde espera hacer contacto con un carguero cubano, para el traspaso de toneladas de armas de guerra.

Malbrich y su chofer no se embarcan. Se quedan con la vista fija en el pesquero que deja el muelle. Luego, suben a la Toyota y parten raudos hacia el sur.

De esta forma, cuatro días antes de iniciarse 1986, el PC chileno echa andar una silenciosa máquina para transformar ese en “el año decisivo” para derrocar a Pinochet. Sus máximos dirigentes creen que están las condiciones para ello: el país lleva tres años de masivas protestas callejeras, los partidos y movimientos de oposición han roto su letargo y la dictadura ha respondido agudizando la represión. Para el PC, que desde 1980 impulsa todas las formas de lucha contra la dictadura, ha llegado el momento de potenciar el enfrentamiento. Para ello cuenta con un dispositivo armado propio, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), y con la ayuda del régimen cubano de Fidel Castro.

“Los magníficos” del PC

A comienzos de 1985, la dirección comunista decidió aprovisionarse de armas para seguir con su estrategia de todas las formas de lucha. La comisión militar del PC había creado un equipo con gente del FPMR, del Trabajo Militar de Masas (las llamadas Milicias Rodriguistas), y con otros compañeros de las estructuras regulares de la colectividad. Eran militantes dispuestos a cualquier sacrificio para llevar a cabo lo que el partido calificó como “una operación militar estratégica”.

Al frente del equipo puso a un militante con la chapa de “Pedro”, un cuadro político militar que había trabajado en la logística de los revolucionarios sandinistas durante la guerra civil de Nicaragua. “Pedro” era alto y corpulento, un comedor insaciable. Según el programa Informe Especial de TVN, emitido el 28 de junio de 2006 y dedicado a este caso, su verdadero nombre era Orlando Bahamonde.

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