Nicole Senerman, comunicadora audiovisual: “La homosexualidad me importa una raja”

Nicole Senerman, comunicadora audiovisual: “La homosexualidad me importa una raja”

Antes de llegar al teatro y haber participado en aclamadas obras como “El año en que nací” y “Cristo”, Nicole Senerman (36) pasó por el programa Mekano y estuvo tras el exitoso podcast “Rucia Sucia”, donde hablaba sin tapujos de su lesbianismo con mucho humor. Hoy, debuta como directora de teatro con la obra “Yo” que reflexiona sobre la memoria, la identidad y el éxito.

foto: alejandro olivares

¿Cómo ha sido ser la directora de tu primera obra teatral?
-Difícil y solitario. De repente lo encuentras gigante, luego tan pequeño en relación con el mundo. Y de repente me doy cuenta que estoy obsesionada con la obra y que esté perfecto no sé qué y de repente se incendia Valparaíso. Ayer miraba la tele y decía “conchetumadre, hueón, qué hago, me voy a Valparaíso, pero en qué chucha voy a ayudar en Valparaíso”. Me preguntaba dónde están las prioridades, cuál es la importancia del arte, por qué se está quemando Valparaíso, por qué hay terremotos, por qué estoy poniendo toda mi fuerza en estrenar esta obra. Mucho conflicto. Siento que mi comodidad me incomoda.

¿De qué se trata la obra “Yo”?
-Es una dramaturgia colectiva que se propone trabajar ejercicios con respecto a temas de interés como la identidad, el éxito, el cerebro, la memoria.

Vienes del mundo audiovisual, ¿cómo es que llegaste al teatro?
-Fui a Ámsterdam a hacer un documental de una obra que estaba haciendo Manuela Infante que se llamaba “Cristo” y ese documental terminó siendo parte de la obra. Y la obra se convirtió en un trabajo teatral con audiovisual. Y así llegué al mundo del teatro. Y me quedé.

Tú estudiaste comunicación audiovisual y pasaste por la tele. ¿Cómo es que te interesó la televisión?
-Fui criada en Estados Unidos, donde mis papás trabajaban mucho, y la tele era la persona que nos cuidaba. Ahí me forjé muy en el lenguaje pop de la tele y terminé estudiando televisión, básicamente, porque la verdad es que en aquella época quería estudiar periodismo, pero decidí que no, porque caché que los periodistas mentían, y después trabajé en la tele que es mucho más mentiras, ja, ja, ja.

¿Te ha cambiado la percepción que tienes de los periodistas?
-Me ha cambiado. Es que era chica. Y cuando uno es chica, es más radical, más absoluta. Pero después uno aprende a mirar otras cosas y entender que no son como uno piensa. Y salí del colegio con ganas de hacer un montón de cosas y no me convenció el periodismo, buscaba otro lenguaje, porque siempre quise o pintar o cantar o bailar. Y sentí que la cámara hacía eso por mí, ¿cachai?, como no sabía pintar ni dibujar… Y la televisión está tan presente en mí, que me di cuenta que en el fondo, a través del trabajo de video en cámara, podía de cierta forma ser más artista, aunque suena terrible.

¿Por qué suena terrible?
-Es difícil, porque me estás preguntando sobre el yo. Entonces, es como decir “yo soy artista, yo soy no sé qué cresta, yo soy esta otra cosa”. Y no sé muy bien lo que soy. Y te cuento: estaba en un programa de televisión que se llamaba Bikini, el primero que dirigí y el único.

En ese programa terminaron peleados con Villouta.
-Terminamos hechos bolsa, pero también hay que entender que estaba en un mal momento mi tío, a quien yo adoro, y era muy difícil trabajar con alguien así en ese momento. Y, claro, hicimos un programa molotov, que explotó, y estuve cesante casi un año.

¿Qué hiciste en ese tiempo?
-No sabía muy bien como reinventarme, porque sentía que era un fracaso gigante no haber podido hacer eso, que era mi sueño. O sea, haber estado en Vía X, dirigiendo un programa en la noche, con todo mi lenguaje y que no haya funcionado, fue una derrota grande y no supe muy bien como reinsertarme. Y ese año, aparte de tomarme un shop, no, en serio, vi mis opciones de volver a la tele y como antes de eso había estado en Mekano, sabía que no quería volver a ese tipo de tevé, por mucho que también me guste.

¿Y cómo es haber sido asistente de dirección en Mekano?
-Lindo. A ver, ¿cómo puedo decir que Mekano era lindo? Es que Mekano- para mí y mucha gente que lo vio- es importante. Aprendí mucho, mucho, mucho haciendo tele franjeada. O sea, entender cómo funciona el rating, cómo funcionan los tiempos en la televisión, la exigencia que tienen las personas que trabajan en televisión.

Tú entraste en la época de los Reggeaton Boys.
-Sí, me gustaban harto. Llegué cuando se fue Viñuela, que fue el principio del fin de Mekano. Pasé veranos enteros en Reñaca, donde uno estaba todo el día grabando en la playa, comíamos juntos, y llegaba a dormir al hotel. Era un reality constante. Era puro trabajo. No eran vacaciones soñadas. Igual me cagaba de la risa. Habían personas del team que me caían muy bien.

¿Cómo quién?
-Daniela Aranguiz, más conocida como care cuica, era a toda raja. Me reía mucho con ella y era muy asertiva, muy inteligente y tenía bien claras las cosas.

RUCIA SUCIA

Cuando estuviste cesante, se te ocurrió el podcast Rucia Sucia, el primero de todos y que fue todo un éxito. Ahí expusiste tu lesbianismo con mucho humor.
-Sí. Hay que considerar que ese podcast fue diez años atrás. No habían salido los pokemones que ayudaron a que los gays se abrieran. Básicamente, se trataba de decir que ser gay en Chile no es difícil.

¿Y por qué crees que ser gay acá no es difícil? El discurso es contrario: que ser gay es muy difícil.
-Por eso mismo. Si uno parte por desarrollar un discurso propio y defiende ese discurso lo más posible, también podría contagiar de esa misma creencia a otros. En el fondo, era como decir: “yo creo que ser gay en Chile no es difícil y ustedes que van a escuchar este podcast espero que piensen lo mismo y les voy a demostrar”.

¿Cómo?
-A través de programas concretos, uno puede dejar de mirar esto como algo terrible. E, incluso, meter a otra gente que está alrededor tuyo y hacerlos darse cuenta quiénes son los raros y empezar a cuestionar ese tipo de cosas…

¿Por ejemplo?
-Entrevistaba a mi mamá y le preguntaba qué le había pasado a ella cuando se dio cuenta que era heterosexual y cómo habían reaccionado sus papás, ¿me entendís? O qué es lo peor de tener dos hijos heterosexuales. Esa era la lógica. Dar vuelta la lógica. Era decir “mami, es muy terrible eso”. Como si ellos fueran los que están en el lugar más difícil.

En uno de los podcast, filtraste una confesión que le hiciste a un cura sobre tu lesbianismo.
-Es que hay una periodista en mí y quería saber por mí misma lo que pensaba un cura de la homosexualidad. Entonces, me entrevisté con el cura y prendí mi grabadora, que llevaba escondida y le empecé a contar que yo era muy católica, que había vivido siempre bajo ese tipo de crianza familiar. Todo mentira, realmente atroz, piensa que yo soy judía. Y, básicamente, le conté que me había enamorado de una mujer y que era primera vez que sentía amor, algo tan profundo casi como lo que sentía por Dios, y que alguien muy cercano me había dicho que me iría al infierno si continuaba con este comportamiento.

¿Qué te dijo?
-Él me decía que uno a veces tiene que luchar contra sus instintos más básicos y me parecía muy increíble escucharlo decir eso. Y me dijo que, efectivamente, estaba bastante enterado que ya no había un infierno, lo cual es bueno, porque estaba al día, pero con otras palabras me dijo que me iría al infierno igual. No fue una persona ni cruel, ni agresiva, si no como muy aleccionadora. Y quedé con muchas ganas de volver a hacer la segunda parte.

¿Qué ideas tenías en mente?
-Que mi polola iba a hablar con el cura y le diría que, después de la conversación que habían tenido él y mi novia, ella se había suicidado.

Oye, qué macabra.
-Sí, era una idea un poco macabra. No lo hice, pero siempre pensé que lo debería haber hecho... Pero, a todo esto, a mí la homosexualidad me importa una raja en estos momentos de mi vida.

¿Por qué te importa una raja?
-Es algo que está muy integrado ya. Es lo que soy. No es algo que me preocupe. Son otras cosas que entran en mi cabeza: tener hijos, formar una familia, preguntas que también se hacen los heterosexuales.

Son los gays los que se quieren casar.
-Es un statement. Es decir “ojo, nosotros también pagamos impuestos, también somos parte de la sociedad, votamos y merecemos los mismos derechos”. Pero encuentro que casarse es una tontera, pero gigante. Yo no me casaría.

¿Por qué no?
-Siento que implica y conlleva un montón de cosas con las cuales no estoy dispuesta a lidiar. O sea, las relaciones, por lo menos en nuestra generación, se acaban a diferencia de la de nuestros padres y abuelos. A lo mejor tenís mucha suerte y bacán, qué bueno que no se acabó, excelente, pero amarrarlo a un matrimonio, como creyendo que eso hará que no se acabe, lo único que hará es traer problemas. Yo lo encuentro un cacho. No, no me casaría, pero sí creo en el matrimonio homosexual.

Pero sí adoptarías hijos.
-No lo sé. La gente tiene que poder adoptar. Hace mucho tiempo un grupo de seres humanos se dio cuenta que las familias homosexuales tienen doble ingreso y no niños. En ese sentido, son una familia que se sustenta, que ganan dinero, y pueden perfectamente adoptar un hijo y darle una vida, por lo menos, en el sentido más básico, de colegio, ropa, etcétera. Entonces, no veo por qué no. Ahora, empezar a entrar en la figura paterna o materna, me da lata. O sea, yo tengo una figura paterna y una materna y soy gay. Corta.

A Bachelet, cuando le preguntaron en un debate sobre la adopción, dijo “pasito a pasito”.
-Esas respuestas de Bachelet no son de ellas como persona natural, son de ella representando un montón de personas que anda acarreando encima. Te aseguro que Bachelet se toma pisco sour, se pone traje de baño, se ríe con sus amigas, debe pensar que la adopción homosexual no es un paso al infierno. Sin embargo, cuando cumples un rol público por lógica, lamentablemente, tus opiniones personales a veces te las tenís que guardar, porque ella no se está representando a sí misma, sino que a los intereses de otros.
Y eso es lo triste y por esas razones la gente la odia.

Eres la antecesora de Joven y Alocada. ¿Qué te parece ella?
-Es la vocera nueva. No, no sé si es la vocera, me parece bien, la raja, súper bien. Es bonito como el pokemon evoluciona, ¿cachai?

Para ti, ¿ella es pokemona?
-No. Cuando digo el pokemon, pienso en que Rucia Sucia era la primera etapa de un pokemon. ¿Cachai cómo funciona el monito de pokemon? Ya, poh. La Rucia Sucia fue como una etapa del pokemon, después salió otra cosa que se llamaba “La guinda de la torta”, que parece que no le fue tan bien pero igual le fue bien, y después apareció Joven y Alocada. Yo no soy de la generación de Joven y Alocada. Ella debe tener como diez años menos que yo y fui a ver la película y dije “estoy vieja, corta, ¡estoy vieja!”.

Me pasa algo similar con esa película.
-Encontré muy interesante el ejercicio de hacer esa película. Necesario, la raja, deslenguado, vamos al frente, mostremos lo que hay que mostrar. Pero no sentí que me representara a mí. Y, por supuesto, que no poh. Si tengo como veinte años más que el público que está ahí sentado de quince, ¿cachai?

MEO Y LOS PITOS

La primera vez que MEO se candidateó a la presidencia, trabajaste para él.
-Sí, dirigí algunos spot de la campaña y era bonito, porque eran de autoría netamente personal.

¿Te gustaba el proyecto de país que tiene MEO?
-Estuve en un momento y después no tanto, así como son las cosas, y de verdad creo que la consecuencia es un valor sobrevalorado. Hay cosas que uno puede defender y después decir “no, sabí qué parece que ya no, cambié”. Uno cambia todo el rato. Cuando chica fumé mucha marihuana y ahora me carga la marihuana. Y estoy súper en contra. Y si mis alumnos entran volados a clases, los echo, ¿cachai? Y eso es como quien te viera y quien te ve, bueno, esta es la persona que soy hoy.

Tanto te carga el olor a pito como para echar a tus alumnos…
-Sí. Encuentro que en clases tener un alumno que fumó pito no sirve de nada. Por favor, ni siquiera es más creativo, están ahí todos pegados, no. O sea, si hubiera alguien que fuera brillante cuando fuma marihuana… O sea no, no, no. Me parece que la lesera es tontera.

¿Por qué no te gusta, alguna mala experiencia personal?
-Mi historia personal familiar tiene que ver con el tema de las drogas, los excesos. Cuando chica, claro, vamos con todo. Pero ahora que soy un adulto, me doy cuenta de las cagás que dejan los excesos en las familias, así que no me puedo relacionar. Incluso, no puedo estar muy cerca. Cuando estoy en una fiesta y están todos volados, me da lata y me voy. Me aburre. Y lo otro que pienso es que mi único bien real es mi cabeza. No tengo casa propia, no tengo cuentas en el banco. Y también me pregunto cuánto me quiero cuidar, y no necesito hacer yoga para eso, no necesito meditar para eso, no necesito dejar de comer carne ni ser vegana para eso. Son decisiones mucho menos pretenciosas hacia fuera. Siento que todas estas decisiones de verbalizar tanto este mundo zen que las personas empiezan a tener, me hacen cuestionarme cuánto para adentro es.

EL AÑO EN QUE NACÍ

Actuaste en la exitosa obra “El año que nací” sobre jóvenes que nacieron durante la dictadura chilena. Hablemos de esa obra. ¿En qué año naciste?
-En el 77 cuando Pinochet daba el discurso de Chacarillas.

¿El mismo día?
-Claro, al mismo tiempo, yo soy el fruto del discurso de Chacarillas, ja, ja, ja. No, nací el mismo año, pero no el mismo día.

La obra es bien personal. Los actores aportan con su historia. Algunos vivieron más de cerca la dictadura. Pero a ti te pasó la dictadura por el lado.
-La historia de mi familia representa a un montón de historias también, que es la de la gente que la dictadura le pasó un poco por el lado. O sea, sabían que vivían en un país con dictadura. Sin embargo, no pertenecían realmente a ninguno de los bandos y estaban resguardados ya sea económicamente o por otras cosas. Esa es la realidad de mi familia. Nosotros nos fuimos a vivir a Estados Unidos durante esa época, pero por otros motivos, y en Atlanta tuve una crianza muy distinta a la que hay acá. Llegué de una escuela pública, sin uniforme, con mucha opinión, a un colegio inglés donde me pusieron uniforme, panty de lana, bastante victoriano.

¿En qué año volviste a Chile?
-Con la democracia, después del plebiscito, pero tampoco volvimos por eso. Volvimos a Chile porque mi mamá lloraba cuando veíamos Sábados Gigantes. Mi mamá necesitaba volver a Chile, echaba de menos a su familia, echaba de menos a sus amigos, echaba de menos la dinámica. No quería hijos gringos, lo cual ya éramos, yo por lo menos sí.

¿Qué tenías de gringa?
-Todo, no McDonald, si no visión de mundo. Sé que uno piensa en Norteamérica como el demonio y en muchos sentidos lo es, pero mi experiencia personal de niña fue súper libre y libre de prejuicios y racialmente muy mezclada. Y cuando volví, encontré que Chile era pequeño y fui puesta en un lugar que era muy cerrado. Fue muy difícil. ¿Cachai? Un colegio en el que había que usar marcas, donde las mochilas eran Il Gioco, donde todos se peinaban igual, donde habían cosas que había que hacer y tener y dentro de toda mi experiencia en gringolandia no era esa.

Cuando volviste con tus papás, deben haber pensado que eran exiliados.
-Sí, poh, nos volvimos como unos falsos retornados. Y cuando llegué a Chile, la cara de Pinochet no la identificaba.

¿Qué era para ti Pinochet?
-No tenía una percepción clara. Ni siquiera de quienes eran los malos y los buenos, pero ahora tengo clarísimo quienes son los malos y los buenos, y por supuesto la gente de derecha es la buena, ja, ja, ja.

¿Y tu familia era facha?
-Mi familia es de derecha, la mayoría de mis familiares son de derecha, mi madre no, mi abuelo era de la vieja escuela de los socialistas y después de todos estos años se ha vuelto de derecha.

¿Tu familia tiene algo que ver con Senerman, el dueño de la torre Titanium?
-Ellos son los Senerman millonarios. Él es primo de mi abuelo. Pero no chorrea nada para acá. No tengo nada que ver con ellos. Una vez una persona, con quien yo salía, llegó con un titular de un diario de economía y decía "El imperio Senerman". Y ese titular lo tuve pegado en mi casa harto tiempo. Era como diciendo algún día lograremos estar de ese lado de los Senerman. Tener un imperio así. Era demasiado chistoso.

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