Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

Paulina Urrutia habla sobre su regreso al teatro: “Me emociona lo generosa que ha sido la vida conmigo”

Dos años después de la muerte de Augusto Góngora, y tras haber terminado quimioterapias para tratar un agresivo cáncer en febrero pasado, una de las más célebres actrices locales volvió a las tablas, nuevamente trabajando la memoria y la fractura del país. Urrutia habla con The Clinic sobre volver, sobre enfrentarse no a la muerte sino que a la sobrevivencia, y cerrar el círculo con la obra "Proyecto Villa", en lo que considera es una nueva etapa: "Se acaba una vida. Yo eso siento, que con Augusto y todo lo que pasó y con la enfermedad mía. Y ahora que sigo viviendo, sin lugar a dudas, esa vida se terminó".

Por 23 de Mayo de 2026
Francisco Paredes - The Clinic
Compartir

Fue exactamente hace dos años, en mayo de 2023, cuando Paulina Urrutia actuó en el Centro GAM, en la obra “Proyecto Villa”. Pero alcanzó a presentar solo un par de funciones.

“Ocurre que Augusto fallece, entonces nosotros alcanzamos a hacer la primera semana y Daniela Contreras y Edison Cájas, que son los creadores y directores, deciden suspender la temporada”, recuerda la actriz, sentada en el sillón que es parte de la escenografía, refiriéndose a la muerte de su pareja, el periodista Augusto Góngora, quien sufría de Alzheimer.

“Estamos sentadas en el sillón que aparece en el afiche de ‘La memoria infinita'”, dice sonriendo, refiriéndose a la película de Maite Alberdi que documentó su historia de su amor y cómo Urrutia se dedicó a cuidarlo durante su olvido.

“Entonces es muy loco, porque ayer conmemoramos la partida de Augusto, el 19 de mayo de 2023. Y ahora estamos en plena temporada de ‘Proyecto Villa’, con Augusto de otra manera, con nosotros en esta misma sala”, dice.

Con una breve temporada de dos semanas que ha tenido funciones agotadas, “Proyecto Villa” es una performance que habla de la memoria y los espacios que la guardan: se centra en las residencias que se transformaron en centros de detención y tortura durante la dictadura. Basada en testimonios reales, presenta a Urrutia y Daniel Candia en escena, con momentos y fragmentos, con interacción del público, para repasar una vez más nuestras fracturas.

Desde GAM habían buscado remontar la obra el año pasado, pero, entre otras cosas, la salud de Urrutia se interpuso: fue diagnosticada de un agresivo cáncer de mamas durante 2024 y recién en febrero pasado terminó parte del tratamiento. “Yo estaba enferma, habían topes de fechas, yo estaba con quimio, se fue complicando, la última oportunidad que nos dieron fue en enero y tampoco coincidía porque yo estaba a la espera de exámenes, ya justamente terminando la quimio”, explica ella.

Quizás fue para mejor, pensando en cerrar un ciclo de manera perfecta en el calendario. O “mágico”, como dice ella. Urrutia ha estado haciendo muchas cosas entre medio de la enfermedad, desde charlas, a talleres, incluso una participación breve en una teleserie vertical.

Pero justamente la última obra que había hecho, es la obra con que retorna al teatro, después de que todo cambió: “Se acaba una vida. Yo eso siento, que con Augusto y todo lo que pasó y con la enfermedad mía. Y ahora que sigo viviendo, sin lugar a dudas, esa vida se terminó”, dice.

—¿Estas contenta de regresar al teatro, de regresar con esta obra, de estar ensayando otra?

—Me encantaría decir que estoy feliz, yo diría que estoy emocionada. Me pasa algo, como una mezcla de que jamás me imaginé. Me emociona lo generosa que ha sido la vida conmigo, ¿me entiendes? Yo diría que esa es la emoción que tengo, encuentro que la vida ha sido muy generosa conmigo.

El arte, la cultura y ser parte de la historia de un país

Urrutia es, por supuesto, una de las grandes actrices nacionales, en televisión, en cine, y su historia con las tablas es icónica: debutó en 1987 y fue parte de la mítica compañía La Memoria, junto a Alfredo Castro. Musa también de Ramón Griffero y de Alejandro Moreno, en 2010 protagonizó la que es quizás una de sus interpretaciones más inolvidables, “La amante facista”, un clásico contemporáneo de la dramaturgia nacional. Urrutia, quien fue ministra de Cultura durante el primer gobierno de Michelle Bachelet -“soy la única que soportó cuatro años”, dice entre risas-, ha sido además directora artística del Teatro Camilo Henríquez y hoy también es parte del directorio del Teatro Municipal de Santiago.

Siempre ligada a puestas en escena que reflexionan sobre la fractura democrática, de alguna forma u otra, se unió al proyecto de “Proyecto Villa”, justamente porque viene de una generación nueva. “Es un proyecto muy chiquitito de gente muy joven, que decidió trabajar con gente mayor como nosotros. Entonces tiene varios ingredientes que son especiales, además de que no es una obra tradicional, es una performance. Y toca el tema de la memoria”, dice, sobre su interés de participar en el montaje originalmente.

Urrutia, junto a Daniel Candia, en “Proyecto Villa”. Foto: Centro GAM.

“La primera vez que nos reunimos con los directores, Augusto ya estaba enfermo y él me acompañaba a todas partes, los ensayos y todo”, recuerda Urrutia. “Entonces ellos presentan el proyecto para que yo me sumara, y el primero que responde es Augusto. Dice, ‘oye, pero a mí me parece genial’, le encantó. Y yo así como: soy yo la que tengo que responder. Y claro, lo más bonito es que gente joven está interesada en la memoria. Y no son ellos quienes cuentan la historia, es el público quien revive esa historia”, dice Urrutia.

—¿Y para ti cómo fue volver al escenario? Lo pregunto física y emocionalmente.

—No lo sé, no lo sé, todavía estoy como mirándome. Como estoy abierta a otros espacios educativos, estoy abierta a una cosa más luminosa del arte, cómo el arte puede contribuir a la vida y a la formación de las personas.

El teatro tiene un lado que es bien complejo, porque nosotros trabajamos con lo más duro, lo más difícil de la humanidad, el error, el dolor, el miedo, la rabia, para que la gente tenga conciencia, conecte y no olvide, aprenda, crezca. Pero claro, a nosotros nos toca el trabajo duro de vivir eso y de expresarlo.

—Es una obra cargada para volver al teatro; quizás querías ir a hacer musicales, comedias, no sé.

—También vuelvo a mi esencia, evidentemente es el teatro, el teatro que me significa, que creo que aporta también. El “Proyecto Villa” es muy especial, es una obra muy sencilla, muy poco ostentosa y hace que no te cuenten el pasado, sino que experimentes en carne propia lo que se vivió en este país. Y eso al mismo tiempo produce algo con el público que es muy especial, el público queda muy conmovido, entonces claro, hace mucho sentido.

Por el otro lado, frente a mi situación de salud, siempre estuve muy abierta ambos espacios: o sea, o yo me salvaba, en términos de ir sanando poco a poco lo que vivía en términos del cáncer, y por otro lado, que las cosas no resultaran tan bien.

Fue un proceso largo, fueron dos años, un tratamiento de quimio que no resultó, una operación que no resultó y que después, bueno, de a poquito fuimos saliendo. Hubo tiempo para pensar que las cosas no necesariamente iban a resultar bien.

La verdad es que yo más bien me imaginé en el otro escenario. Yo creo que estaba más preparada para no volver. Entonces la vuelta ha sido como…yo misma me sorprendo, veo al público (se ríe), yo de nuevo en esto. Estoy como súper adentro y afuera, viviendo y mirándome. Esta obra es maravillosa por eso, porque me permite entrar y salir permanentemente”.

Por estos días, Urrutia está además ensayando otro montaje: el clásico “Los Invasores”, de Egon Wolff, dirigida por Marcelo Leonart. Dice que ha reflexionado sobre la temática de ese montaje, habitualmente leído como una lucha de clases, pero que también en otra dimensión habla sobre “el otro” que habita en una misma persona.

Dice la actriz: “Entonces la posibilidad hoy día de hacer esas obras desde otra perspectiva es súper interesante, porque es un teatro maduro, profundo. Y claro, hoy día este juego con la gente que ocurre con las actrices y actores, me imagino yo también con la edad, la gente ve nuestros trabajos, pero al mismo tiempo nos está viendo a nosotros ya con nuestra opinión, nuestro punto de vista, nuestra propia historia”.

—Creo que la gente viene a ver esta obra, “Proyecto Villa”, porque le interesa el tema, pero también vienen a ver a Paulino Urrutia en escena.

—Yo creo que cuando los actores y las actrices ya somos viejos también la gente viene a ver una mirada, una postura en lo que uno hace y los temas que a uno le importan, más allá de que los resultados sean buenos o malos.

Y eso es bonito, porque el arte empieza a tener otra dimensión de lectura, empieza realmente a contribuir en el imaginario colectivo, empieza a ser cultura, en vez de solamente arte. Pasa por la memoria y pasa por la lectura de cada uno. Y uno forma parte de un tejido o de una capacidad de lectura de nuestro entorno desde perspectivas comunes.

Con Ramón Griffero nosotros hablábamos de que nuestro público era cómplice. A mí esa palabra nunca se me ha olvidado. Y pasa un poco acá, uno mira a la gente y uno conecta con su propia historia, y hay parte de ese tejido que nosotros hemos, como artistas, ido tejiendo, una manera de mirarnos y mirar lo que ha pasado en nuestro país con cómplices. Con gente que ha ido mirando nuestras lecturas en el tiempo.

Y eso es muy bonito, porque eso es cuando el arte pasa a ser un relato común y se convierte en cultura. Nosotros pasamos a ser parte de la historia de un país.

De salud y gratitudes

—¿Puedo preguntar en qué va tu enfermedad?

—Lamentablemente en el sistema público donde yo me traté, no existía el tratamiento, el protocolo para mi cáncer específicamente. Entonces por eso tuve todas estas dificultades. Pero felizmente a partir del año pasado se incorpora la terapia para el triple negativo. Lo cual va a significar que muchas mujeres van a poder tratarse.

Pero yo no lo alcancé. Entonces, yo desde el 16 de febrero estoy de alta del cáncer, pero me falta todo un proceso de reconstrucción mamaria y obviamente un monitoreo, que ahora tengo en julio.

Yo estoy totalmente entregada, confiada. No soy experta en cáncer, para nada, entonces yo estoy entregada a lo que sea, porque mi filosofía de vida muy básica es que bueno, tarde o temprano nos vamos a enfermar y nos vamos a morir. Si no en esta, chuta vendrá otra. Yo pensaba que íbamos derecho en esta, pero parece que no.

—¿En un minuto soltaste o siempre has sido desprendida? Te ves muy resuelta de encarar cosas que a todos los demás nos aterran.

—Bueno, mi madre falleció cuando yo era muy joven. Yo estaba en mis primeros años de universidad, mi hermana estaba en el colegio. Mi madre tenía 46 años, le dolió la guata en febrero y se murió en julio. Y mi abuela, que era como el centro de todo, a los dos meses después estaba muerta.

Todo el mundo sabe lo que ocurrió con Augusto, su enfermedad, su muerte tan joven. Yo creo que he aprendido que la muerte simplemente es parte de la vida, que va a llegar en algún momento determinado. Y la vida ha sido muy generosa conmigo, porque nunca he tenido que experimentar una muerte como un accidente.

Pienso que la enfermedad y la muerte son procesos totalmente naturales, así como los nacimientos, como la vida. Entonces, la verdad yo creo que siempre fui así.

Cuando niña sí tenía mucho miedo, pero era por el apego. Cuando uno es niño, uno depende de otro.
Pero yo creo que mi proceso de individuación, de convertirme en yo misma, siempre fue muy íntimo, muy propio, muy responsable de mí misma. Y la responsabilidad conmigo misma tiene que ver con eso, con lo que yo puedo lograr, pero al mismo tiempo con todas las precariedades que tengo, todas las vulnerabilidades que tengo.

Por lo tanto, para mí, increíble cómo viví este proceso con Augusto. Que yo me enfermara y que me muriera lo encontraba lo más natural del planeta, sobre todo por lo que nosotros logramos como pareja.

Esta nueva vida está llena de cosas, no solo volver al teatro, sino de dar talleres a cuidadoras, de encuentros con comunidades, verle otro camino a experiencias de vida que son difíciles. Igual habría otras personas que hubieran dicho ah no, hasta cuándo conmigo. Le encontraste un sentido al daño.

—He tenido la oportunidad de dedicarme al teatro, al arte en todas sus plataformas y diversos formatos y propósitos y esa es nuestra pega en la vida: encontrar el sentido. Nosotros los artistas tenemos una pulsión de vida extraordinaria por eso, porque le encontramos sentido a la vida, a eso nos dedicamos, nos dedicamos a entender nuestra realidad, a mirarla, a cuestionarla, a enjuiciarla, dar solución.

Yo creo que esa es la gracia de un creador, entonces es muy raro que un creador si tiene ese propósito en lo laboral, no lo tenga para sí mismo.

Urrutia en la escenografía de “Proyecto Villa”. Foto: Francisco Paredes – The Clinic

El arte como construcción de sociedad

Paulina Urrutia fue presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; es decir, fue Ministra de Cultura, antes de la existencia del actual ministerio (que comenzó en 2018). Hoy no tiene intención de hablar de política en entrevistas. Pero el debate de cultura hoy trasciende los partidos.

Diste un discurso esta semana, en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, donde hablabas de la importancia del arte y decías que construye sociedad. ¿Es un aporte que no se puede ver en el PIB, pero se ve de otra manera? ¿Hay hoy que defenderlo?

—Nosotros, cuando creamos la institucionalidad cultural, hoy día el Ministerio de las Culturas, recuerdo que teníamos un gran hincapié, un mega desafío, probar que éramos industrias creativas y por lo tanto que teníamos un aporte importante a la economía de un país.

Pero claro, si uno analiza el valor del libro, el valor intrínseco de lo que significa la generación de contenido y de visión de mundo, de nuestra realidad y de expresión, de nuestra idiosincrasia en la creación de nosotros como chilenos.

Lamentablemente siento que con los 20 años que estamos cumpliendo de la creación del Ministerio, creo que algo no entendió el mundo político con el asumir una tarea pública en materia de desarrollo artístico, consolidación de industrias culturales, desarrollo de infraestructura.

Por ejemplo, con un ministerio tan joven como el nuestro, justamente porque uno de los focos fundamentales en términos de la política pública fue la generación de espacios culturales para el encuentro de la comunidad con la creación artística, para el acceso, para los espacios donde se produjera el diálogo, la conversación, yo jamás me imaginé el estallido social con chicos que de nuevo estuvieran agarrando una piedra para tirarla.

No trabajamos para eso, trabajamos para que la gente joven tuviera espacio para decir lo que creía, lo que pensaba, lo que sentía, para que nunca más tuviera que una piedra para poder ser escuchado. Jamás me imaginé que íbamos a quemar centros culturales y que hubiese gente que defendiera eso.

—¿Sentiste que habían fracasado en algo, como generación?

—Absolutamente, absolutamente y absolutamente. Leerlo así desde el mundo cultural, fue el mayor fracaso. No haberse dado cuenta que esa era nuestra pega: generar los espacios necesarios para que hubiese diálogo, para que la gente pudiera tener la posibilidad de decir lo que pensaba, de poder expresar.

Y luego, bueno, la decepción absoluta de los discursos. La gente lo que quería era participación en la vida política de un país, eso era la institucionalidad cultural. Que trascendiera los gobiernos, que obviamente tienen que poner sus énfasis, pero siempre enfocadas con ir acompañando, ir viendo las dinámicas sociales, ir comprendiendo de qué manera teníamos que estar al servicio de esa contribución y del desarrollo de esa sociedad desde el mundo, desde lo público, como una tarea de Estado.

Y decir 30 pesos, 30 años, o sea, yo hasta ahí llegué. El mundo del arte es un mundo que construye, como diría Walter Benjamin, sobre las cenizas. Nosotros tenemos que construir una puerta permanente sobre la realidad y sobre la que se va construyendo.

Esto quiere decir que todos hemos cometido errores, cuántas cosas nos faltaron, porque no hay completitud en nada de lo que hagas en términos de tareas públicas. Pero no puedes desconocer, borrar de un soplón.

Entonces, a mí me preguntaban en términos políticos, ¿qué te parece esto de la reconstrucción? Y digo oye, pero si llevamos…

—Reconstruyendo cada cuatro años.

—Sí, y yo entiendo, que como nos pasó a nosotros, la Concertación murió, vino la Nueva Mayoría, pero justamente los procesos políticos son tan aniquilantes, no se ven como una continuidad. Y por eso es que se aferran al poder, por eso son tan ensimismados que hoy día no están representando a nadie, y no producen impacto, salvo de ir de tumbo en tumbo.

Y está este apetito permanente de cómo encuentran que todo es tan malo, siempre hay algo que va a parecer nuevo. Y que en realidad nunca es nuevo.


Notas relacionadas