¿Le sorprende que la empresa Penta esté involucrada en problemas tributarios?
Me sorprendió el tipo de cuestiones por las cuales está acusada: facturas falsas, las boletas a los familiares, todas esas cosas que no guardan relación con la envergadura del empresario detrás de la compañía. Ahora, siempre he tenido la impresión de que el vínculo de Penta con la UDI es un vínculo mucho más profundo, que no es solo de aportes a las campañas, sino que es permanente, un pilar de apoyo constante.

¿Con qué facultades cuenta el SII para fiscalizar?
Impuestos internos tiene una unidad de grandes contribuyentes, que comenzó a debilitarse cuando asumió Ricardo Escobar, director del SII en el gobierno anterior de Michelle Bachelet. Durante el gobierno de Piñera esta unidad quedó más debilitada aún, luego del escándalo de Johnson’s. Actualmente, el SII tiene facultades para fiscalizar, pero cuenta con muy poco personal.

¿Qué acciones específicas debilitaron la unidad de grandes contribuyentes?
En el SII los profesionales que ocupan los cargos importantes no se clasifican de izquierda o de derecha, sino que están divididos entre quienes son profisco y antifisco. En general, ha habido largas gestiones, desde Escobar hasta ahora, en que las autoridades no han sido profisco.

¿No se supone que si uno está a cargo del SII necesariamente debe ser profisco?
Sin lugar a dudas. Pero hubo algunas administraciones antifisco que se preocuparon de que las empresas operaran, sin ponerle grandes problemas.

¿Cuán distinta es la actual reforma tributaria con el sistema que teníamos antes?
Antes de la reforma teníamos un sistema tributario tremendamente injusto. No digo que ahora se vayan a recaudar los US$ 8.300 millones, pero vamos a estar muy cerca y gran parte de estos impuestos serán pagados por los que tienen más. Entonces, hay corrección, más equidad tributaria.

¿Es posible terminar con la elusión tributaria?
Casi todas las leyes son susceptibles de abrir forados y para eso hay un conjunto de intelectuales que siempre están buscando esos espacios. Por este tipo de asesorías, hay algunos que llegan a cobrar como piso 500 UF, por lo que a las empresas les interesa mucho el trabajo que hacen. Buscan maneras de triangular, de evitar esto o lo otro: son grandes pensadores del forado.

¿Qué le enseñan a los tributaristas en la universidad?
A los tributaristas en la universidad les enseñan cómo pagar menos impuestos, ya sea por elusión o evasión. He escuchado que algunos profesores les dicen a sus alumnos que cuando uno no tiene certeza en qué se van a usar los impuestos, lo mejor es no pagarlos. Hay un problema con la ética tributaria. La reforma tenía una propuesta para sancionar fuertemente a los asesores y los planificadores tributaristas que indujeran a los empresarios a comportamientos de elusión o evasión, pero eso no llegó a concretarse.

¿No existe nada que desincentive esas actitudes?
Existe algo, pero suave. No es para desanimar a nadie. Cuando a uno le pagan 500 UF de entrada para empezar a conversar, la sanción debe ser muy fuerte, para que el negocio deje de ser tentador. Los asesores tributarios son personas muy talentosas. Muchos de ellos vinieron al Senado a hacer presión durante la tramitación de la reforma, y lo hacían con muy buenos argumentos.

¿La reforma tributaria cierra estos espacios de elusión?
El diseño original del proyecto cerraba muchos forados, porque se eliminaban las utilidades no distribuidas con impuestos diferidos, pero eso no ocurrió completamente. Al final, se cerraron varios forados, pero sin duda otros quedaron abiertos, porque en este tema algunos creen que los forados son herramientas que fomentan la inversión. Por ejemplo, el paso por los paraísos fiscales no quedó impedido. Ahora, no siempre los temas se resuelven poniéndole límite a las cosas, sino que a veces es mejor fortalecer los controles y la capacidad de investigar.

Creer que la elusión es una forma de incentivar la inversión es la forma positiva de ver las cosas.
Era sorprendente la cantidad de privilegios que tenían las grandes empresas antes de la reforma tributaria y en ese sentido la nueva normativa es un paso muy importante respecto de lo que había. El FUT, por ejemplo, era un sistema de privilegios muy amplio que ahora quedó bastante cerrado. Por eso es un error pensar que la reforma tributaria no es un cambio estructural, porque lo es.

¿Cuál es la lógica de estos privilegios?
Estoy convencido de que detrás de esto hubo una opción política que fue decir: en un país donde tenemos al comandante en jefe, que fue el dictador, la única posibilidad de transitar a la democracia es creciendo. Y todo se subordinó a crecer. Hubo una especie de pacto de entendimiento implícito entre el Estado y los grandes grupos económicos de facilitarles todo para que hicieran crecer el país. Eso cambió cuando Ricardo Lagos fue candidato y dijo “Crecer con equidad”. Es decir, hay que crecer, pero bajo ciertas condiciones, preocupados de las leyes laborales, de los temas ambientales, entre otras cosas. Eso la presidenta lo recupera hoy con mucha fuerza.

¿Esa es la tensión que existe hoy?
Esa es una tensión muy importante. Esto se va a expresar muy claramente en la reforma laboral.

¿Más que en la tributaria?
Muchas veces en algunas conversaciones nos llegaban señales de que al empresariado le preocupaba mucho más las leyes laborales que los temas tributarios.

¿Y eso por qué?
Porque la acumulación está mucho más condicionada por el margen de utilidad y no por los tributos. La rentabilidad de las empresas tiene bastante que ver con la remuneración y en varios rubros se acostumbraron a pagar muy poco y a no respetar ciertas condiciones, como el desmantelamiento de los sindicatos o el reemplazo de los trabajadores en huelga. Esto es tremendamente precario.