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La reinante Cultura Binominal se incomoda cuando los movimientos Fuerza Pública (FP), liderado por Andrés Velasco, Red Liberal, encabezado por Sacha Razmilic, y Amplitud, bajo la batuta de Lily Pérez, formulan una proposición conjunta de Reformas Políticas, que –en tres ideas– busca más transparencia, más competencia y más control sobre el sistema de financiamiento electoral.

Esta propuesta surge al advertir que hoy los partidos políticos –en los hechos– tienen el monopolio de la representación popular, pero carecen de una real democracia interna en sus organizaciones y no están sujetos a normas efectivas de control de sus ingresos en función de sus gastos. Además se observa que el alto costo que implica para los individuos constituir una entidad partidista actúa –también en los hechos– como una casi irremontable barrera de entrada a nuevos actores. La consecuencia de todo esto es notoria: la ciudadanía queda sometida a una dirigencia que –siguiendo la Ley de Hierro de las Oligarquías– se reproduce endogámicamente.
¿Es contrario al espíritu republicano el acuerdo logrado con tales propósitos y con estos fundamentos? Claro que no. Entonces, ¿por qué despierta miedos, si no histerias? Muy sencillo. El statu quo se ve desafiado y, por tanto, defiende a troche y moche sus privilegios. No impugnan el contenido del acuerdo, examen por completo ausente en su análisis, sino que, como torpes defensores en una cancha de tierra, en vez de ir tras la pelota deciden darle en las canillas a los delanteros que los retan.

FP opta por la ampliación del campo de batalla, título de la novela del francés Houellebecq, y –al igual que su narrador– se niega a entender la política como un proceso dialéctico (derechas versus izquierdas, por ejemplo), con un código de alianzas único. Este gen autoritario de la Cultura Binominal empequeñece la política y al ser humano, y tampoco respira tolerancia. Por lo mismo, no extraña que, militantes DC particularmente, adherentes a FP, sufran la amenaza de ser arrojados a la hoguera del tribunal supremo para expulsarlos si no reniegan de su simpatía por FP; o, que Amplitud sea acusada de alejarse de la Derecha.

Si esta Cultura Binominal hubiera imperado en los años 80, la población no se habría inscrito en los registros electorales y el Plebiscito del 88 habría sido ganado por Pinochet, pues su alternativa –en vez de ser una coalición democrática y plural– habría sido la unidireccional vía armada propuesta por el FPMR y el PC.

Chile tiene hoy una democracia gracias a que entonces los que habían sido antagonistas irreconciliables [algunos de las fuerzas del CODE (la Confederación de la Democracia), alianza que aglutinó a todos los partidos de oposición a la Unidad Popular, como la DC y el Partido de Izquierda Radical] fueron capaces de deponer sus recelos y desconfianzas en pos de un bien mayor: restablecer el régimen democrático.

Pareciera que los denostadores de la actuación conjunta de FuerzaPública-RedLiberal-Amplitud olvidan que el “Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia”, de 1985, fue un hito político precursor del regreso a la democracia. O sea, sin la amplia alianza que promovió la protección de las libertades fundamentales y el ejercicio del derecho a sufragar, el tránsito a la democracia habría sido menos eficaz de lo que fue.

En el presente, otro autoritarismo está inoculando al mundo partidista, uno que pretende situar a sus directivos más allá del bien y del mal y que, llegado el momento de evaluar propuestas específicas de Reformas Políticas, se limitan a atacar a sus autores en vez de pronunciarse sobre sus aspectos sustantivos, tal como lo haría un niño taimado.

Mientras estas cúpulas no tengan la flexibilidad y actúen con una agenda abierta a la ciudadanía, el divorcio con los electores continuará incrementándose. Fuerza Pública cree que esta desafectación se combate con acuerdos que privilegien más transparencia, más competencia y más control del financiamiento político. En fin, con más democracia y con menos prejuicios.

*Abogado. Escritor. Coordinador
Comisión de Cultura Fuerza Pública