Columna: La ministra Molina ha sido castigada por decir un secreto que todos saben

La Ministra Molina ha sido castigada por decir un secreto que todos saben: que cuando el aborto es ilegal, las mujeres con recursos tienen siempre mayor acceso al aborto que las mujeres pobres. Y pueden acceder también a atención más segura. Eso hace que en su país las vidas de las mujeres adineradas sean más valiosas que las de las mujeres pobres. Aunque Chile ya no es considerado un país en desarrollo, su política de penalizar el aborto lo deja en el grupo de los países más pobres del mundo.

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Desde el inicio de la historia humana las mujeres han buscado el poder determinar si quieren tener hijos y cuándo tenerlos. Lo han hecho porque les importa tanto la vida que no quieren traer un niño al mundo cuando no pueden criarlo. Por muchos siglos los gobiernos y las iglesias han aprobado leyes y han hecho reglas para intentar controlar esas opciones. Como consecuencia se ha penalizado el aborto en muchas partes del mundo.

En los tiempos modernos, las mujeres han estado más cerca que nunca de ser respetadas como seres humanos completos con derechos humanos iguales. Ya que a las mujeres de todas las culturas del planeta se les confía la responsabilidad completa de los hijos, es razonable confiarles también el derecho a prevenir el embarazo cuando no es el momento correcto; y si la prevención falla, a terminar el embarazo cuando no pueden mantener a esos hijos.

Cuando el aborto es ilegal, las mujeres terminan sus embarazos de todas formas, porque se sienten responsables por esos hijos. El Instituto Guttmacher reúne estadísticas sobre el aborto a nivel mundial. Nos dice que penalizar el aborto no disminuye las tasas de aborto:

“Las leyes de aborto altamente restrictivas no están asociadas con tasas de aborto más bajas. Por ejemplo, la tasa de aborto es 29 por cada 1.000 mujeres de edad fértil en África y 32 por cada 1.000 en las regiones de América Latina donde el aborto es ilegal bajo la mayoría de las circunstancias en la mayoría de los países. La tasa es 12 por cada 1.000 en Europa occidental, donde el aborto es generalmente permitido por justificaciones amplias”.

El aborto ha sido practicado en toda sociedad por siglos. Cuando el aborto es ilegal, pasa a las sombras. Como cualquier servicio ilegal, el costo del aborto normalmente es fijado a un precio muy alto. La Ministra Molina ha sido castigada por decir un secreto que todos saben: que cuando el aborto es ilegal, las mujeres con recursos tienen siempre mayor acceso al aborto que las mujeres pobres. Y pueden acceder también a atención más segura. Eso hace que en su país las vidas de las mujeres adineradas sean más valiosas que las de las mujeres pobres. Aunque Chile ya no es considerado un país en desarrollo, su política de penalizar el aborto lo deja en el grupo de los países más pobres del mundo.

“En los países en desarrollo, las mujeres pobres tienen el menor acceso a servicios de planificación familiar y los menores recursos para acceder a procedimientos de aborto seguro; también son las que tienen mayor probabilidad de experimentar complicaciones relacionadas al aborto inseguro”, dice el Instituto Guttmacher.

“Estamos tan enfermos como los secretos que guardamos”, es la forma del psicólogo John Bradshaw de recordarnos sobre el costo que pagamos por mantener secretos. En el caso del aborto ilegal, el costo es más que la vergüenza. Es la muerte y daño de millones de mujeres alrededor del mundo. Y un daño a las mujeres es también un daño a sus hijos.

Si Chile ya no es una nación en desarrollo, entonces es hora de que venga al presente a respetar las vidas de las mujeres. Es hora de agradecer a aquellos, que como la Ministra Molina, se atreven a romper el silencio y decir los secretos.

Charlotte Taft es directora de Abortion Care Network en Estados Unidos y lleva más de 20 años asesorando a mujeres con embarazos no deseados.

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