IVAN GARRIDO ANDES IRON

¿Cómo fue empezar con el proyecto Dominga después de lo que había ocurrido con Barrancones, ubicada en el mismo sector?

Parece que es nuestro sino: partimos en situaciones tormentosas y… Bueno, fue un golpe como empresa. Como grupo de profesionales chilenos estábamos extremadamente contentos de haber encontrado e intentar desarrollar minería en Chile, con un activo tan interesante como Dominga. Sin embargo, nos dimos cuenta en esa misma época que el proyecto Barrancones fue aprobado por la institucionalidad. Es decir, cumplió con todas sus etapas, fue aprobado y después, como todos sabemos, fue bajado políticamente -por decirlo de alguna manera- por el presidente Sebastián Piñera. Bueno, qué duda cabe, era evidente darse cuenta que estábamos ante una institucionalidad debilitada. Y francamente fue un golpe duro. Lo estudiamos y lo que entendimos es que había una debilidad. Es decir, cómo tú apruebas con toda la controversia nacional que hubo en ese momento y después políticamente se baja el proyecto. Ustedes saben que Dominga está ubicada 11 kilómetros aguas adentro de la zona de Barrancones donde estaba el proyecto del grupo Suez. Entonces, nos obligó a intentar tener una propuesta completamente distinta a la tradicional. Es decir, si seguíamos el camino tradicional, en esa perspectiva, la probabilidad de tener permiso social y ambiental era muy baja.

¿Por qué dice que de la manera tradicional creían o sospechaban que nos les iba a ir bien, si es un proyecto que se había aprobado por la institucionalidad? ¿Pensaban que esto podría depender de otro telefonazo del Presidente?

En el mundo ideal, desarrollado, la institucionalidad define el rayado de cancha. Si tú cumples dentro de ese rayado de cancha y juegas en ese marco, tienes certeza de lo que va a ocurrir. Y si tú te sales de ese margen, tienes los riesgos que son de público conocimiento. Lo que aquí ocurría es que ese rayado de cancha se debilitó. Es decir, la propuesta de Dominga tiene que ver, y se aleja significativamente de todo lo que es corrupción, de que cualquier proyecto que se salga del rayado de cancha no es viable en Chile. Esa es la lectura que hicimos en 2011, cuando nadie entendía eso. ¿Qué hicimos? Entramos y profundizamos en cómo era que una compañía minera podía responsabilizarse más allá de la institucionalidad, de ir al fondo de los problemas reales, sociales y medioambientales que tiene un proyecto similar a Dominga en la ubicación donde está. Y llegamos a hacer cosas como por ejemplo -me voy a pegar un salto grande- pero nosotros estamos para apoyar como proyecto, aunque no somos quienes definen eso, una posibilidad de un área marina costera protegida en ese borde costero, con las singularidades que muchas organizaciones ciudadanas legítimamente han manifestado. Doy este ejemplo porque hay un sustento conceptual científico y técnico que hemos trabajado para poder llegar a decir responsablemente que un proyecto como Dominga sí se hace responsable, puede coexistir y operar en un área costera protegida, utilizando los estándares nacionales y situaciones que en otras partes del mundo ocurren.

¿Antes de eso creía que la institucionalidad en Chile es suficiente? ¿Es una buena contraparte para un proyecto de esta magnitud o de otros?

Claramente no. O sea, no es una pregunta que pueda contestar yo, lo contesta la realidad. O sea, si tú tienes un proyecto como HidroAysén, que finalmente todos conocemos que fue pospuesto, no por razones -es mi opinión personal- técnicas, siendo riguroso a la institucionalidad, sino que políticamente, yo creo que la lectura es que hay un problema con la institucionalidad. No hay una confianza de todos los actores que participan en democracia, no hay una confianza irrestricta a la institucionalidad medioambiental. Eso, por cierto que debilita el planteamiento de un proyecto como este.

¿Pero eso es sólo por los componentes políticos de los proyectos que han fracasado o por las competencias de las autoridades?

Creo que no es ni de uno ni de otro. Esto es un problema país. Por ejemplo, nosotros nos damos cuenta que en la discusión entre los ejecutivos de los proyectos de alto impacto que tengan con la autoridad hay un límite delgado de cuándo hay tráfico de influencias, administración de poder. Todo esto que está ocurriendo hoy día, que a mi modo de ver espero que dé un buen resultado. Está siendo difícil y sobretodo a nosotros nos toca difícil, pero creo que debería dar un buen resultado. Lo que ocurre ahí es como hablar en lenguajes distintos. Tú hablas inglés pero la autoridad habla chino. Entonces, un proyecto debe preocuparse, en mi opinión, realmente del objeto. Por ejemplo, de las emisiones que generan un proyecto, una cuestión muy técnica y que nadie quiere escuchar mucho. Pero es una cuestión súper importante porque afecta a la población. No es un problema medioambiental solamente, es un problema social público de salud. La pregunta es si cumple o no cumple y todos nos quedamos tranquilos cuando dicen que cumple la norma, pero nadie se preocupa en cómo usted sustenta qué va a cumplir la norma.

¿Y cómo debiera ser?

En mi opinión la discusión de fondo tendría que centrarse en cómo la empresa, con las incertezas acotadas, se responsabiliza de los distintos escenarios, en concreto. Parte de la industria que yo he conocido intenta trabajar sobre la certeza, cuando nosotros, la gente que tiene formación científica, sabemos que uno modela las emisiones pero pueden haber cambios climáticos. Lo importante es que si me centro en la población y en querer desarrollar un proyecto, lo que tengo que hacer es que esa empresa se preocupe antes de que ocurran los daños medioambientales y tengan formas claras y precisas de cómo manejar eso. Y si hay un accidente donde hay responsabilidad, que tenga severos castigos.

¿Eso es parte de la estrategia que tienen para presentarse a la comunidad, una zona que venía agitada, convulsionada por lo ocurrido con el proyecto de Barrancones?

Nosotros tuvimos la intuición hace dos años y llegamos a la conclusión de que hoy día en Chile, por lo menos en compañías mineras, tú no puedes hacer proyectos mineros que no involucren como parte de la empresa a los stakeholders (a quiénes puedo afectar). Ese es un discurso que suena súper bonito y mucha gente lo dice. Pero nosotros estamos trabajando en cómo tú realmente los incorporas. Lo primero es que no los incorporas porque eres bueno, los incorporas porque esa gente tiene un derecho, dado por la democracia, institucionalidad actual, que tú tienes que considerarlo como un igual y que por lo tanto tienes que modificar parte de tu proyecto en atención a las preocupaciones legítimas de esa gente. No es fácil porque entras en un problema cultural tanto de la empresa como de las comunidades. Y eso es lo que nosotros nos hemos planteado. Ahora el desafío es cómo bajamos esta idea, en lo concreto. Cómo consideramos, cómo generamos en lo común en el escenario de una zona donde las tres termoeléctricas que operaron ahí, en mi modo de ver, generaron un daño social, sin haberse instalado ninguna de ellas.

¿Qué tipo de daño?

Por ejemplo, lo que ocurre, es que estos proyectos levantan o exacerban diferencias propias que hay en las localidades. O tú las inhibes con propuestas interesantes y positivas o las puedes exacerbar y puedes generar mucho daño social. Y puedes incluso manipular esas diferencias históricas que tienen todas las comunidades. Todo el problema histórico de la transaccionalidad, olvídate. Es una especie de cáncer que está dentro de la empresa y dentro de las comunidades. No ver esa realidad que tiene Chile y que tenemos que enfrentar creativamente, es no estar viendo la realidad. ¿Todo se soluciona con lucas? Olvídate, eso no es así. Entonces, nosotros tenemos experiencias muy interesantes en esa línea y no lo tenemos resuelto. Estamos trabajando en generar esa nueva experiencia.

¿Desde cuándo nace esta preocupación de las empresas por la gente cuando llegan a un lugar? ¿Empezó con Barrancones?

Nacen de la crisis y de haberse paralizado muchos proyectos. A mí me ha tocado. He intentado hablar con todos los grupos en contra nuestro. Hemos tenido situaciones difíciles, donde nos gritan y qué se yo, y honestamente, discrepando de la manera, ha sido buena la crisis que se ha ido generando porque obliga a la empresa a hacer una reflexión. Se lo escuché a Eugenio Tironi hace poco en una entrevista, que a mi me gustó mucho, donde él decía que la empresa no es como se pensaba hace un tiempo atrás de los dueños, de quienes ponen las lucas. La empresa es de los dueños (accionistas), de la administración, (de toda la gente que trabaja) y de los stakeholders, es decir toda la gente involucrada. Ese, a mi modo de ver, es la empresa de hoy. Aquí hay un error empresarial muy grande porque son inversiones extensas en capital, pero que su retorno son proyectos de 30 años. Entonces si tú te vas en la estrategia de zafar, es decir, obtener una Resolución de Calificación Ambiental a como dé lugar, lo que tú estás generando es que te van a parar después que hiciste la gran inversión, por lo tanto tu negocio no va a tener el retorno que tú quieres. Entonces, desde un punto de vista pragmático, empresarial, es lo más torpe que hay.

¿Entonces cuándo esto cambió?

Un hito lo marcó Barrancones y después se hicieron varios cambios cuando se hicieron los tribunales ambientales, el rol que ha jugado la Tercera Sala Constitucional de la Corte Suprema, etcétera. Ahí hay toda una complejidad que es un proceso de cambio. Yo creo que el país hoy día está requiriendo soluciones creativas, innovadoras donde los empresarios y los ciudadanos nos pongamos las pilas para poder llegar a un nuevo acuerdo de cómo se hace empresa.

¿Qué opinión tiene de este escenario al que las empresas mineras se enfrentan, que por un lado está el desarrollo económico y por otro estos, considerados por algunos como “hippies trasnochados”, que quieren conservar todo o que no se haga nada que impacte el sector que habitan, que es contiguo o que visitan?

En mi experiencia personal, la democracia robusta, donde las instituciones funcionen, es la mejor respuesta para las legítimas diferencias que tiene una sociedad. El autoritarismo es negar a esos hippies trasnochados que planteas tú. Yo creo que no son hippies trasnochados. Te lo digo honestamente, no es una posición política para ganar. Creo profundamente que son válidas esas posiciones, como son válidas las posiciones de los empresarios. Son buenos los extremos también porque van tirando las puntas. Lo relevante está en que tú aceptes lo que democráticamente, a través de una democracia representativa y sólida, se vaya acordando por todos y que todos respeten esa institucionalidad. La institucionalidad, a mi modo de ver, es fundamental y es ahí donde se debe generar la discusión y donde debe haber cabida tanto a los hippies trasnochados como a los empresarios. Si la democracia define que vamos para ese lado, bueno, tenemos que respetarla y no hacer “la movida”. Ya sea la manipulación a través de las ONG ambientalistas, esto de Greenpeace, si se le pregunta si manipulaba la realidad a través de la prensa, también le hace daño a la institucionalidad en el mundo. Así como los empresarios manipulan la información también. Yo creo que la solución está en la democracia y tener instituciones, una democracia robusta donde haya confianza en ella y donde cada grupo tenga el derecho a manifestar su postura y que sea escuchado genuinamente.

En ese sentido ustedes en este proyecto en específico dicen “nosotros nos hacemos responsables de un riesgo específico que hay en esa zona, y no es que no vayamos a interferir, pero si llegamos a contaminar o tener un episodio en emergencia nos vamos hacer cargo”.

Eso es lo que decimos y te lo puedo traducir en concreto: lo que nosotros estamos tratando de hacer a través de la institucional actual, cambiar el foco en la certeza, centrar el foco en el caso de nosotros, con un análisis de riesgo, donde la relación pública y privada sea suficientemente flexible para ir modificando de acuerdo a lo que va ocurriendo con el conocimiento científico que conlleva un proyecto de esta naturaliza. Hoy día es una especie de engaño colectivo, lo que intenta el espíritu de la institucionalidad, es que usted me tiene que dar las certezas hoy día de que no va a hacer tal o cual cosa. Eso es un análisis estático. Y uno dice ok, cumplo la norma y la autoridad dice: lo apruebo. Pero qué pasa si la interacción dinámica que tiene la tierra, con el cambio climático, etc, si cambia una condición, lo mas probable es que ese modelo que entregaste y que te aprobó la autoridad, ya no se cumple. Y tu vas a seguir operando porque tienes el permiso.

¿Le costó mucho convencer de esta idea a los inversionistas? Su proyecto es más caro que otros por las condiciones que plantea.

Cuando estábamos en el directorio y planteando todo este cambio de foco o de visión, hubo muchas tensiones, pero uno de los argumentos era ‘oye pero esto me va a salir muchas lucas’. Y tu haces el análisis, este gasto es marginal respecto a la inversión. No es un problema de lucas. Si tu ves el gasto de la minería en poner los proyectos en operación es tan sideral respecto a lo que implica en hacer un buen trabajo con las comunidades y el medioambiente. Para ponerlo en simple: si te orientas para zafar o si realmente consideras que es un derecho del otro en plantear lo que sea.

LA MANCHA DE PENTA

¿Qué opinión tiene de los políticos en general?

Hay de todo, pero creo que los políticos que hay en este país, somos este país también. Veo gente muy bien intencionada y gente chanta.

¿Cómo cree que afectó al proyecto la información que se ha conocido con respecto a la relación de Andes Iron con el caso Penta?

Lo encuentro complicado, grave. Sin embargo, déjame contextualizar: Andes Iron no es una empresa que pertenezca ni de cerca ni de lejos al grupo Penta. No puedo evitar ni inhibir que uno de los socios del grupo Penta es uno de los socios importantes en este proyecto y en ese escenario por cierto que nos golpea. En el caso de Wagner (el ex subsecretario de Minería), que es por el cual en concreto nosotros hemos estado cuestionado en la prensa, es complejo. Nosotros no tenemos ninguna vinculación con los dineros que se le pagaban aparentemente al señor Wagner a través de Penta. Nosotros no necesitamos de los favores ni del cohecho de algún subsecretario de minería para aprobar este proyecto. En nuestro ADN sería completamente torpe centrar la estrategia de un proyecto de esta naturaleza en favores, eso es lo que no hay que hacer. En concreto nos afecta, por qué me van a creer a mi… La probabilidad que me crean es cercana a cero, afecta, es frustrante, pero lo único que nos mantiene es que el contenido del proyecto Dominga responda en el tiempo. Que lo que estamos planteando tiene valor y que se contradice completamente del escenario de poder pagarle a una autoridad.

¿Han podido evaluar cuál es el daño real al proyecto en el caso de que se compruebe el delito de cohecho?

Creo que el daño está hecho, siendo pragmático, se hace mas difícil. Nosotros partimos de la base que en el fondo lo que te obliga es a ser extremadamente más consistente y coherente con lo que venimos planteando hace dos años. No veo otra alternativa, no es la solución aquí que yo salga a defenderme, lo que tiene que defender a Andes Iron y Dominga es la consistencia de su proyecto. Creo que no hay ninguna evidencia que permita relacionarnos penalmente en el episodio de Wagner. Yo nunca me he reunido con el señor Wagner, él como subsecretario y yo como gerente de Andes Iron, ni conversación telefónica. No obstante que mediáticamente la relación entre Wagner, Penta y Andes Iron, está instalada.

¿Usted califica como un error las reuniones que tuvo el Vicepresidente Ejecutivo Pedro Ducci con el subsecretario Wagner? En su declaración a la fiscalía, él plantea que tuvo reuniones y que incluso Wagner le ayudó a modificar una presentación del proyecto antes de que se presentara al ministro De Solminihac, además del correo donde Wagner dice “estamos acá para servirlos”.

Creo que son escenarios significativamente distintos la reunión que tuvo Pedro antes de que se creara Andes Iron -en la protocreación de Andes Iron- que entiendo que hubo una reunión con Pedro y otro escenario es cuando Pedro Ducci y Carlos Délano Méndez trabajaban y eran parte del mismo equipo y se juntan con Pablo Wagner. Lo que yo le dije al fiscal en mi declaración voluntaria, es que cuando nos dimos cuenta que este proyecto era más grande de lo que teníamos pensado, en términos geológicos y mineros, nos pareció pertinente juntarnos con el ministro de minería de la época. Entonces le pedí a Pedro Ducci y Carlos Délano Mendéz que se juntaran con el subsecretario públicamente y le mostraran la presentación que le íbamos a ser al ministro porque era su jefe, de modo que nos pudiera ayudar a ver si era muy técnica la reunión. Me parece pertinente y no me parece un error. Lo que sí, yo pedí que fuera una reunión en la Subsecretaría, que fuera pública, transparente.

¿El alejamiento de la empresa de Mario Livingstone tiene que ver con competencias profesionales o con la gestión de la compra de un estudio del Ministro Undurraga para su fundación Ciudad Justa? Hay cinco correos electrónicos de Carlos Bombal, Mario Livingstone y Hugo Bravo donde se le pide que le pague a Undurraga.

Básicamente teníamos una visión de hacer empresa distinta. Tuvimos muchas diferencias de visión sobre todo en lo que trabajaba Mario. Mario es un excelente profesional que tiene un manejo con la comunidad en el primer paso que das, en ganar las confianzas. Lo hace de manera excelente, pero cuando tienes que avanzar o buscar lo común o cómo vas tejiendo en esta relación asimétrica entre la empresa y la comunidad, teníamos diferencias significativas. Básicamente es al razón de fondo por la cual él sale. Ahora por cierto, también incidió, a mi no me pareció cuando me enteré y no me pareció que expusiera a Andes Iron en una situación de ese tipo.

Y en el caso de Pedro Ducci (yerno de Carlos Alberto Délano), que tiene una denuncia en el SII en su contra, ¿su decisión va ir por la misma línea o cree que eso tiene que esperar?

Esta propuesta de Andes Iron y donde estamos focalizando nuestra defensa, la hemos realizado con Pedro Ducci y con Carlos Délano Méndez, ellos son parte de Andes Iron más allá de que sean accionistas, igual que José Antonio Gárces hijo, es decir, son las generaciones nuevas con las que estamos tratando de hacer un cambio en cómo se hace empresa. Confío plenamente tanto en Carlos como en Pedro y creo que las situaciones en las cuales él podría estar eventualmente involucrado va a poder demostrar que no tiene responsabilidades delictuales de ningún tipo. Estoy convencido de eso y si se demostrara lo contrario es otro escenario.

¿Por qué decidieron apoyar económicamente a candidatos a alcaldes en La Higuera?

Fue parte del aprendizaje nuestro, nosotros no teníamos experiencia en manejar una empresa donde tenías impacto social, hubo una discusión y lo que decían era que había que aportar a la institucionalidad. Fue a través de los conductos regulares y transparentes de apoyar al alcalde. Sin embargo, después tomamos la decisión que una empresa que no genera excedentes, es decir, que no es productiva… cómo ibas a colaborar institucionalmente a la política si no estás produciendo. Y ahí tomamos una decisión estratégica de decir: nosotros no participamos de la ayuda a las candidaturas a través del Servel, porque no es una empresa productiva.

Pero sí hubo aporte a dos candidatos.

Si.

-Se lo pregunto porque son personas que eventualmente después los podían fiscalizar.

Si, por supuesto. No lo hicimos en la campaña pasada y no lo vamos a hacer mientras no sea una empresa productiva y espero que cuando lo sea haya pasado esta crisis y se haya llegado a un consenso democrático y un financiamiento de la política más maduro.