Matrimonio gay EFE

Las decenas de personas que se habían citado en la escalinata del Supremo a primera hora de la mañana se convirtieron en cientos después de conocerse el veredicto que considera el matrimonio homosexual un derecho constitucional y legaliza, por tanto, las uniones de parejas del mismo sexo en cualquier parte del país.

“Hemos estado esperando este momento por mucho tiempo. (No importa si son) dos padres, dos madres, una mamá, un papá… El amor es amor, es algo de sentido común”, dijo a Efe el joven Freddy Pérez, un neoyorquino de origen mexicano que confía en poder casarse “algún día”, viva en el estado que viva.

Una enorme bandera roja con el símbolo matemático de “igual” se extendía como una alfombra a pocos metros de Pérez, rodeada de las clásicas banderolas con los colores del arcoíris y pancartas con los lemas “El amor vence”, “Sé tu mismo” o “¡Ya es hora!, apoyo el matrimonio para todos”, tanto en inglés como en español.

En un extremo de la escalinata, vestidos con idénticas camisas de cuadros rosas y blancos, Bert Kubli y Mark McElreath contemplaban relajados la multitud de familias y grupos de amigos, tanto homosexuales como heterosexuales, que acudieron a la celebración.

“Nos casamos legalmente en el Distrito de Columbia (donde se encuentra Washington) el 10 de marzo de 2010. Todos en nuestro querido país deberían tener el mismo derecho”, rezaba la enorme pancarta que sostenían, la misma que llevaron ante el Supremo en abril, cuando la corte escuchó los argumentos sobre este caso.

McElreath, que tiene 77 años y salió “del armario” cuando tenía 55, y Kubli, a quien conoció en 2001, se implicaron en la batalla de miles de activistas para lograr que otros en su mismo país pudieran casarse tal y como ellos hicieron hace cinco años.

“Ha sido una travesía increíblemente larga para todos los que hemos estado afectados directamente, pero también ha sido una larga odisea para el país, y esa odisea ha merecido la pena”, afirmó McElreath a Efe.

Ambos saben que habrá resistencia a la decisión del Supremo en los estados más conservadores y debido a “las creencias religiosas” de algunos, pero “el país ha cambiado tan rápido que ya no se le puede dar marcha atrás”, según McElreath.

“Esperamos que la gente que pueda estar disgustada por esta decisión vea, con el tiempo, que es algo bueno, que gente buena se está casando, que la vida sigue. Estoy seguro que, con el tiempo, todos estaremos orgullosos de la decisión que se ha tomado hoy. Yo estoy enormemente orgulloso”, añadió Kubli.

La pareja tiene en total “4 hijos y 9 nietos”, y hoy piensa más que nunca en ellos.

“Este es un buen día para ellos también. Las generaciones más jóvenes han sido muy tolerantes y ya han estado ahí durante mucho tiempo para la comunidad gay y lesbiana, pero esto permite a todos sentir la comodidad de que esto es lo correcto”, explicó Kubli.

Lo mismo parecían pensar las muchas familias que quisieron llevar a sus hijos a las escaleras del Supremo, como una madre que adhirió a la camiseta de su pequeño una pegatina con el mensaje “Apoyo la igualdad” o el padre que, con su hija pelirroja subida a los hombros desde la acera, le preguntaba sonriente, “¿Ves bien?”.

Para Dakar, un joven que vive con su novio Adam en Washington desde hace un año, lo importante es que el Supremo ha decidido que los homosexuales “ya no son ciudadanos de segunda clase”.

Abrazado a Adam y con coloridas gafas de sol, Dakar habla con Efe sobre el “histórico” día mientras aumenta el volumen de los gritos a su alrededor: los demandantes que llevaron el caso al Supremo han empezado a desfilar entre la multitud.

Les recibe un hombre disfrazado de la octogenaria juez del Supremo Ruth Bader Ginsburg, una de los 5 magistrados que votaron hoy a favor de la sentencia; una lesbiana cuya pancarta recuerda los retos pendientes para la igualdad de los homosexuales y decenas de personas cuyas cámaras del celular echan humo.

Entre la multitud, Dakar y Adam se ruborizan ante la pregunta de si planean casarse. “En algún momento, sí. Ese siempre ha sido el plan, ¿no?”, dice el primero.