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“¿Cuándo se ha visto a un ente estatal denunciar un abuso propio con la decencia y la humildad con que Eliodoro Matte pide disculpas por conductas ajenas? Nunca, y no lo veremos ocurrir”, aseveró en una sentida carta a El Mercurio el día lunes el exsenador y otrora presidente de RN, Carlos Larraín, en referencia a la supuesta inocencia del dueño de la papelera en el caso de colusión conocido como el Confortgate.

Sus palabras provocaron revuelo y un intercambio epistolar en el diario de Agustín con la abogada Marta Salazar, quien calificó de infantiles los argumentos del personero que acusaba una cruzada de la izquierda contra los empresarios. Larraín contraatacó y adujo que “sólo ponderó la reacción viril y decente de Eliodoro Matte ante una conducta ilegal”.

Pues bien, Larraín no sólo tiene admiración por Eliodoro, sino también un fuerte vínculo comercial al que no ha hecho alusión en su arremetida a favor del personero: Su esposa, Victoria Hurtado Vicuña es socia controladora, a través del Grupo Hurtado Vicuña -vehículo de inversiones que tiene con sus hermanos – de la familia Matte en Almendral S.A, entidad que a su vez es accionista mayoritaria de la empresa de telecomunicaciones Entel.

El lazo se remonta, según la memoria oficial de la compañía publicada en la Superintendencia de Valores y Seguros al año 2005 cuando Almendral S.A, fundada el 22 de julio de 1981, fue tomada por un pacto de actuación conjunta de seis grupos empresariales, entre ellos los Matte y los Hurtado Vicuña.

“El 29 de marzo, Almendral retomó el negocio de las telecomunicaciones, pagando US$934 millones a Telecom Italia International N.V. por el 54,76% de las acciones de Entel. Esta compra se financió con un aumento de capital por 500 millones de dólares y deuda por 467 millones de dólares”, consigna la publicación.

La inversión fue próspera: sólo el año pasado, Almendral tuvo utilidades por $28.173 millones, un 64% menos que en 2013 cuando las ganancias fueron de $50.197 millones.

Según refleja la memoria de “Almendral” los fondos fueron en su mayoría al grupo controlador, que está compuesto por 17 accionistas del Grupo Matte -entre ellos Eliodoro, Patricia y Bernardo como personas naturales- con 32,07% de las acciones; el Grupo Fernández León con 2 sociedades y el 11,84% de los papeles bursátiles; y el Grupo Hurtado Vicuña con 3 sociedades y el 10,64% de la propiedad.

Los Matte se han visto envueltos en una polémica que estalló la semana pasada cuando la Fiscalía Nacional Económica remitió antecedentes al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) donde se imputa que desde el 2000 hasta el año 2011 habría operado el cartel del papel tissue para fijar los precios de productos, colusión que involucra a las empresas CMPC Tissue, de propiedad del grupo Matte, y SCA Chile (ex PISA).

Las operaciones ilegales incluyeron episodios dignos de series televisivas como arrojar computadores al canal San Carlos.

Eliodoro Matte ha responsabilizado de todo a dos exgerentes de su plena confianza, Arturo Mackenna Iñiguez y Jorge Morel Bulicic. Ambos fueron desvinculados de la compañía, pero no han sido querellados por Matte, lo que ha generado suspicacias.

Ayer, en tanto, la Sociedad de Fomento Fabril, a través de la Comisión de Relaciones Internas y Ética de la asociación gremial, acordó suspender los derechos de asociado de las Empresas CMPC S.A., mientras se investiga el cartel.

ENTEL Y SECTOR INMOBILIARIO
El 99,6% de los activos de Almendral están en Entel. De hecho, Almendral es propietario del 54,76% de la compañía, lo que representa un patrimonio de $717.848 millones. Entel es hoy la mayor compañía de telecomunicaciones de Chile y el tercer operador en Perú.

Además de compartir negocios, los Matte y los Hurtado Vicuña son dos familias conservadoras ligadas a la Iglesia Católica. Los primero se vinculan a los Legionarios de Cristo, mientras que Carlos Larraín y su esposa Victoria Hurtado pertenecen al movimiento Opus Dei.

*La información fue confirmada a The Clinic Online por la Dirección de Asuntos Públicos de Entel. Este medio intentó, insistentemente, contactar a Carlos Larraín para conocer por qué no hizo público el vínculo comercial con los Matte en las cartas enviadas a El Mercurio, pero el personero no contestó las llamadas.