Habla-el-mitico-Checho-del-Boom-foto-Cristobal-olivares

“Checho del Boom, helmano, aquí haciéndole la conmemoración al chorizo Michael Jackson, helmano, que el machucao era terrible del corte y cantaba de choro y todos lo miraban, cualquier gente que conocía al loco, cualquier de pana sí, el machucao le daba el terrile corte, y era terrile pulento y toah lah mano. Y por cosas de la vida el loco falleció. Yo lo hago esto porque mucha gente me lo ha pedío como un recuerdo pal loco. Le agradezco a la gente que me tira pa arriba y toah las manos. Este loco tiraba pa arriba así a todo ritmo, a pesar de todo era un buen loco, digo yo de corazón y toas las manos. Checho del Boom, helmano, saludos pal loco este, pal Michael Jackson que está en el cielo mirando a todo el mundo. Ahí los vemos de corazón, Checho del Boom. Michael Jackson siempre en la mente. Saludos pa la gente que me funa, helmano. Adiós”.

PICAO A CHORO

Era 2008 y Youtube recién llevaba tres años en internet y no estaba tan masificado. La gente solo lo usaba para mirar videos musicales o extractos de películas. El concepto de youtuber ni siquiera existía, no había nadie que interactuara con la gente al otro lado de la pantalla. Sin pretenderlo, a Checho del Boom un día se le ocurrió dedicarle un video a su polola buenamoza Jacky, con la que no llevaba prácticamente nada de relación, y subirlo a Youtube. Le pidió ayuda a un amigo que grababa videos reggaetoneros y él le dio algunos consejos. Checho del Boom, que siempre fue vivo, sacó el rollo altiro. Tampoco había que saber tanto. Pero pescó una cámara de video “bacán” que tenía, la puso en una esquina de su dormitorio y apretó rec. En la grabación casera, Checho del Boom le canta una canción de amor, le dice lo mucho que la quiere y lo bonita que es. Y lo subió.

El video rápidamente se popularizó entre los miembros de Fotolog y Messenger, las redes que en esos años la rompían. Checho del Boom, que estaba de vagoneta en su casa y había dejado tirado el tercero medio, no lo pensó dos veces y siguió subiendo videos. Lo hacía más que nada porque “era divertido y por niñería”. Pero ahora no eran dirigidos a su polola, sino que mandaba saludos a pedido del público para Pedro, Juan y Diego. Casi todos los que le escribían eran “picaos a choros”, como él se definía en ese entonces. Le pedían que no se olvidara de mensajear al “shorizo Samy” (“ahí pa que se mojen las machucás con mi hermanito, un saludo pa voh, helmano mío, soi del corte mi huacho”), al Polakito, al Sircaashaaa, al Sebasayen y a todos los “huachos de Peñalolén”. Él no tenía idea a quienes iban dirigidos los mensajes. Incluso no tenía idea quién era Michael Jackson cuando le pidieron que le rindiera un homenaje por su muerte. “De hecho, no me sé ni un tema, ni los pasos. Pero como me lo pidieron, lo hice”, cuenta. Una vez hasta un señor de Temuco le depositó quince lucas en su cuenta rut para que le promocionara su discoteque en el sur. Todas sus grabaciones partían con un “Qué pa’ha helmano tira pa´arriba, que estís del corte, un saludo de pana, Chechito del Boom con too el corte pa too los shoros”.

Checho del Boom, de ese entonces de 17 años, se convirtió en una celebridad en internet. Nunca lo llamaron de la tele, pero en la disco Luxor, de Macul, lo atendían como rey. Le daban copetes gratis. Cuando iba al mall del paradero 14 de Vicuña Mackenna, en La Florida, la gente se le acercaba para pedirle fotos. “Ser Checho del Boom me trajo fama. Todas las mujeres me ofrecían hijos, hasta los gays se me tiraban, y yo nada con los homosexuales. Cuando Dios creó a Adán y Eva, fue a Adán y Eva, no a Adán y Esteban. Sin discriminarlos sí”, dice. Reconoce que se le anduvieron subiendo los humos a la cabeza. “Cuenteaba cuando iba a las fiestas, me creía el cuento. Pero nunca dejé de saludar a nadie. Nunca me creí superior. Siempre he sido entero light, buena persona y sencillo”.

En solo cuatro meses, llegó a grabar más de 600 videos que subió en tiempo récord entre 2008 y 2009. Todos eran éxito seguro en internet. Siempre usaba su pieza como locación y de fondo se escuchaba el infaltable reggaetón que pegara en ese momento. En todos aparecía con el jockey dado vuelta, con lentes, un rosario en el pecho y su corte de pelo estilo sopaipilla que dejaba ver unos visos color rucio. También partía con su cámara a las fiestas y discos donde estuviera vacilando. “Eran tiempos en que era rebelde, quería llevar una vida al ritmo de uno, sin trabajar, sin estudiar, sin hacer nada. Había terminado primero y segundo en la nocturna en el San Valentín, en La Florida. Y lo dejé botao. Era abacanao, picao a choro, flaite poh. Me llamaba la atención ese mundo, vestirme de marca, cortarme el pelo, hacerme visos, teñirme el pelo rubio con blondor, quedar rucio”.

Pero no todo fue éxito para Checho del Boom. También fue motivo de burlas para algunos que se reían por su forma de hablar en coa. Recibió amenazas y más de una vez tuvo que salir arrancando antes que le pegaran. Todo eso lo cansó. Cuando cumplió 18 años, bajó todos sus videos de Youtube y cerró su cuenta de Fotolog. Y no se supo más de él. Ahora solo hay una decena de videos dando vueltas en internet que alcanzaron a subir algunos de sus seguidores. Cada uno suma más de cien mil visitas solo en Youtube. Su suicidio virtual hizo que se armara un mito en torno a su persona y surgieran una decena de perfiles falsos con su nombre. Incluso, hay un fan page en Facebook que lo recuerda y que suma más de diez mil seguidores. Muchos de los mensajes que dejan, son a modo de animita virtual, porque más de alguno está convencido que Checho del Boom habría muerto el 2014 en un ajuste de cuentas. Y en parte es verdad. Sergio Ferreira Miranda, el verdadero nombre de Checho del Boom, mató al personaje. Lo único que queda de él es su tatuaje.

SUEÑO REVELADOR

En su época gloriosa en internet, Checho del Boom se creyó el cuento de choro y empezó a delinquir siguiendo las andanzas de “las malas juntas”. Con amigos asaltaban camiones que distribuían gas e intimidaba a los choferes con pistolas a fogueo. “Pero nunca tan malo como para pegarle o matar a alguien. Nunca me eché a nadie. De hecho, no tengo corazón pa pegar una puñalada o andar con una cuchilla”.

La plata que le dejaban los atracos la usaba para comprarse ropa, autos y pagar las cuentas de su casa. Pero también para carretear. “El cigarro me da asco y nunca me gustó la droga. Ahora si me traen un vodka o un ron, te lo acepto. Tampoco me di tantos lujos. Dárselos es andar en autos del año e ir a restoranes de lujo. El lujo es andar del año. Pero para eso habría que robarse un banco o un camión Brinks”.

El 2010 cayó preso en la Penitenciaria de Santiago por robo con intimidación. A los pocos meses salió en libertad. Pero volvió a delinquir. En el 2012 fue condenado a cinco años y un día por robo con violencia. Para sus padres, Carola y Juan, un maestro de la construcción y una dueña de casa, su hijo era un caso perdido. “A ellos les afectó tener un hijo preso, pero fueron de los pocos en irme a ver a la cana”, dice. La otra persona que no lo dejó de visitar fue su expareja. A ella la conoció gracias a la fama que le dio ser Checho del Boom. Un día ella le dejó un mensaje y quiso conocerlo. Intercambiaron chats y el amor surgió. “Con ella engendré a mi hijo en Santiago 1, en la visita conyugal. No perdí el tiempo en la cárcel, ja, ja, ja. Pero después me dejó tirado”. Hoy, su hijo, Luciano Alonso, tiene dos años y medio.

Llevaba catorce días preso en Santiago 1 cuando Checho del Boom sintió el llamado de Dios. Fue un sueño en que lo llamaban a predicar el evangelio. Lo tomó como una señal. Checho del Boom, que nunca supo de oraciones ni de ayunos, se entregó a Jesucristo y optó por dar un giro en su vida: Dejó la calle de los choros, a la que había llegado, y se refugió en la de los evangélicos. “Si allá había cuchillas y peleas, acá todo era bonito. Se come bien y ordenado, hay cerámicas y piezas como de la calle”. Allí también aprendió a tocar el teclado y es parte del coro.
En la cárcel también retomó sus estudios, se leyó todos los diccionarios y libros de sabiduría habidos y por haber, y sacó su cuarto medio con un 6,8. “Privado de libertad lo hice todo: saqué cuarto, tuve un hijo, me hice cristiano. La cárcel fue una buena escuela para mí. De hecho, aprendí lo que es la teología, la escatología bíblica, la apología, la etimología, palabras del griego, del hebreo, viendo predicaciones de grandes hombres de Dios que han inspirado con el espíritu. Me sirvió para darme cuenta que no volvería a delinquir. La libertad vale más que un par de lucas”, dice.

I DON´T HAVE ANY SHINE

Hace unos meses, Sergio Ferreira tuvo otro sueño que lo llamaba a predicar, pero tenía que ser en inglés. “Siempre me ha gustado ese idioma y se me pasó por la cabeza ser profesor de inglés. Después de ese sueño, a los días llegó a la cárcel un cabro que se llamaba Alexis y era profesor de inglés. Con eso, Dios me confirmó el ministerio sobre el inglés. Ahí empecé acercarme a ese muchacho y me enseñó frases como ‘I will fight for my bless’ que significa ‘yo pelearé por mi bendición’, o ‘I don’t have any shine’, o sea ‘no tengo ni un brillo’. O ‘I don’t have any shine in this place, the lord that rules is the lord Jesus Christ’, o sea ‘no tengo ni un brillo en este lugar, aquí el único que reina es el Señor Jesucristo’. Y así fui creciendo. Aprendí los pronous personal, o sea los pronombres personales. Y ahora estoy hablando un poco de inglés, so- so, un poco nomás”.

Por buena conducta, desde hace ocho meses Sergio tiene un nuevo regimen carcelario. Duerme en la cárcel y a las siete de la mañana sale a la calle. Los feriados debe pasarlo encerrado. Este Año Nuevo con los hermanos cenaron pollo con arroz y cantaron alabanzas al Señor. Jamás se le ha cruzado no volver, aunque el encierro en verano sea fome, “ta lleno de chinches y es molestoso”, cuenta. Curiosamente, ahora trabaja repartiendo gas en el camión de un tío. La plata, como era antes en su vida de choro, ahora no abunda. Pero le ha servido para comprarse un auto, una moto y ayudar a su familia. También está tomando un curso de inglés en el Instituto Tronwell. Cuando lo termine y salga en un año más de la cárcel, piensa estudiar hotelería o turismo. Su sueño es irse del país y trabajar en un crucero. “My dream is travel, mi sueño es conocer around the world, every country, porque con suerte conozco Cartagena”, afirma riéndose.

Sergio Ferreira es hoy un tipo que salió del pantano. “No quiero ser como antes. Quiero vestirme fino y elegante, como caballero, usar ternos y camisas. Y conocer a una buena mujer. No me importa tanto la apariencia física. Pero tiene que ser una mujer linda. Tampoco una Jhendelyn Núñez, que es la más linda de la vida, estoy enamorado de ella, para que lo ponga, por si ella lee el diario, ja, ja, ja. Y ya no quiero volver al ritmo de vida de antes. Me han ofrecido robar. Aunque sea lo más fácil, no. Quiero aprender a hablar correctamente y no como flaite. Yo antes era irresponsable, falto de respeto, de 100 palabras 99 eran garabatos. Era antipático, soberbio, altivo, orgulloso, enojón. Ahora quiero ser educado y enseñarle principios a mi hijo”.

¿Por qué crees que se hizo tan famoso Checho del Boom?
-Por la forma de hablar, por lo picao a choro, porque sobresalía, porque era fuera de lo común. Los videos no los hice para hacerme famoso. De hecho, nunca pensé que la gente me reconocería en la calle. Una vez un caballero me paró para decirme que yo era un ejemplo, porque yo en los videos nunca hablé de robos, ni mostré plata ni pistolas, simplemente era mi manera de expresarme flaite.

¿No te dan ganas de resucitar al Checho del Boom?
-No me dan ganas de subir videos. No me interesa. Un productor me llamó para que le dedicara un video a Sergio Jadue, que se robó plata y a políticos, pero no estoy ni ahí: son todos unos ladrones con corbata. Tampoco tengo tiempo, tengo responsabilidades. Si te di esta entrevista es para que conozcan al verdadero Checho del Boom. Nunca quise ser famoso. Menos ahora, estamos con otro énfasis.