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Hace unas semanas atrás, la principal preocupación de Colombia era el virus Zika, debido a que infectó a cientos de embarazadas. Sin embargo, “La Comunidad del Anillo”, una cadena de prostitución que le pega directamente al poder se volvió el principal tema de la agenda pública en las tierras cafeteras. Tal como recogen distintos medios del país sudamericano, es un conflicto que amenaza con seguir escalando y ya van dos renuncias: El director nacional de la Policía Rodolfo Palomino y el viceministro del Interior, Carlos Ferro.

La historia se inició esta semana con un comunicado de prensa que envió el procurador general de esa nación, Alejandro Ordóñez, a los medios. En éste, informó que tenía un video de ocho minutos de duración que acreditaba la existencia de la citada red, y que había atribuciones suficientes para investigar a Palominos. Al final del día, este hecho ocasionó la renuncia de Ferro, quien ha desestimado hacer declaraciones.

Según El País de Colombia, “La Comunidad del Anillo” se trataría de una red de prostitución homosexual dentro de la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en Bogotá.

A Palomino se le acusa de ser el creador de la red y de interceptar comunicaciones de periodistas.

Debido a estas acusaciones, el mismo aludido dio una conferencia de prensa tras renunciar.

“He tomado la decisión en el seno de mi hogar de pedirle al señor presidente que me aparte del cargo como director de la Policía Nacional, estoy presentando mi retiro sabiendo de mi absoluta inocencia frente a los cargos que se me imputan. Reconozco a las autoridades judiciales con la absoluta certeza de que no soy culpable de ninguno de los cargos de los que se me señala”, indicó Palomino en una rueda de prensa en la sede central de la Institución”, aseguró Palominos según consigna “El Espectador”.

El final de esta trama no se ve que tenga un pronto fin. ¡Qué mamadera de gallos!, dicen los colombianos en algunas regiones caribeñas cuando la situación puede prestarse a chiste y no toman las cosas en serio. Al parecer, los políticos y los policías se tomaron muy en serio este dicho popular.