Mientras Petro hablaba con Trump, Cúcuta salía a la calle a protestar: crónica desde una ciudad fronteriza dividida por la situación en Venezuela
Mientras en la frontera entre Colombia y Venezuela todo parecía transcurrir con normalidad, el centro de Cúcuta concentró la noticia del día. Una marcha contra el intervencionismo norteamericano reunió a cerca de 200 personas justo en el momento en que el presidente Gustavo Petro sostenía una llamada con Donald Trump, horas antes de que el exmandatario estadounidense confirmara una reunión bilateral en la Casa Blanca.
Por Sebastián Palma, desde Cúcuta 7 de Enero de 2026
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Cúcuta podría ser casi cualquier ciudad de América Latina. Desde el aire, al llegar al aeropuerto, se distinguen casas de dos o tres pisos a medio terminar, muros de ladrillo expuesto, techos que parecen quedar siempre para después. En la calle, cientos de motos —con una, dos y hasta tres personas encima— se cruzan entre autos pequeños y buses antiguos de la locomoción colectiva. Hay canchas de fútbol por todos lados, puestos de empanadas en las esquinas, perros callejeros buscando sombra, árboles que resisten el calor. Y en el centro, como ocurre en casi toda la región, un gran mall colorido se levanta como punto de referencia inevitable.
Si hubiera una foto en el diccionario junto a la palabra Latinoamérica, Cúcuta podría ocupar ese espacio sin esfuerzo. Lo que termina de marcar a la ciudad, además del verde, es la humedad. Se siente tanto que da la impresión de que el suelo estuviera siempre mojado. Cómo si la tierra o el asfalto pudiera transpirar.
Muy cerca de Cúcuta está Villa del Rosario, la localidad donde se ubica la frontera entre Colombia y Venezuela, un punto que en la última semana ha concentrado la atención de medios de todo el mundo. Allí están los cuatro canales de televisión chilenos, periodistas brasileños, argentinos, enviados de agencias alemanas, españolas, italianas y francesas. Todos reunidos con la misma pregunta: entender qué ocurre más allá del puente que separa a Colombia de Venezuela.
Es el mismo país que, el fin de semana pasado, vio caer a su presidente, Nicolás Maduro, en medio de una maniobra encabezada por Estados Unidos que, según cifras extraoficiales, habría dejado cerca de un centenar de muertos.
La expectación en Cúcuta y en Villa del Rosario entonces, se convierte en una sola: si habría o no un quiebre en los flujos migratorios. Desde Chile se esperaba lo evidente: venezolanos regresando en masa tras la caída de Maduro. Desde el otro lado, autoridades colombianas advertían un escenario opuesto: un éxodo de chavistas huyendo de la mano dura norteamericana.
Nada de eso ocurrió. En la frontera, según quienes viven ahí y las autoridades migratorias, todo sigue pasando casi igual que siempre.
Esa normalidad es la de cualquier punto limítrofe, no muy distinta —para dimensionarlo— a la relación entre Arica y Tacna. Venezolanos que cruzan a Colombia a comprar mercadería más barata, a atenderse en un consultorio, a visitar a un familiar. El flujo entre quienes entran y salen de Venezuela se mantiene prácticamente en cero.
Entonces ¿Dónde está la noticia? Al menos hoy, no estaba en el puente fronterizo ni en los flujos migratorios. La pauta estaba en el centro de Cúcuta. A las 4:30 de la tarde, mientras la frontera seguía funcionando en piloto automático, unas 200 personas comenzaron a reunirse en la Plaza de los Fundadores para marchar contra el intervencionismo norteamericano y en respaldo al presidente Gustavo Petro frente a las amenazas lanzadas en los últimos días por Donald Trump.
La columna avanzó hacia el Parque Santander sin incidentes “No me da la gana ser una colonia norteamericana”, gritaban iracundos los marchantes. Sin embargo, lo que partió como una protesta contra una eventual intervención extranjera empezó a mezclarse con referencias a Venezuela y, en algunos momentos, con gestos y consignas que rozaban el apoyo a Nicolás Maduro, un giro que incomodó incluso a parte de los propios asistentes.
La paradoja es que, mientras la marcha se armaba en el centro de Cúcuta, Petro hablaba directamente con Trump telefónicamente. No era una hipótesis ni un gesto simbólico: era una conversación real, en medio de una escalada verbal en la que el exmandatario estadounidense había dicho que no descartaba una operación en territorio colombiano, en el marco de su discurso de seguridad y narcotráfico.
Horas más tarde, cuando la manifestación ya se había disuelto y la ciudad retomaba su ritmo habitual, Trump lo confirmó públicamente. A través de un mensaje en redes sociales, señaló que fue “un honor” hablar con el presidente de Colombia, que la conversación abordó la situación de las drogas y los desacuerdos recientes, y que ya se están haciendo los arreglos para una reunión bilateral en la Casa Blanca, incluyendo contactos entre el secretario de Estado Marco Rubio y la Cancillería colombiana.
En la calle, sin embargo, esa confirmación no existía aún. Cúcuta marchó sin saber que, en paralelo, el conflicto estaba entrando en una fase distinta: menos amenaza abierta, más diplomacia directa.

Tal vez por eso la manifestación se vio ambigua. Para algunos cucuteños, sobre todo fuera de la columna, la marcha parecía desfasada, innecesaria o directamente equivocada. En una ciudad donde Petro no obtuvo mayoría electoral, la convocatoria fue observada con distancia y, en varios casos, con rechazo, especialmente cuando el mensaje comenzó a confundirse con una defensa del chavismo.
“Esta manifestación me parece terrible, parece que no vieran como está el país de jodido por Maduro y aun así apoyan a un narco. Ellos dicen que no están con el intervencionismo, pero yo veo un apoyo a Maduro(…) Acá hay gente que no conoce cómo está la frontera”, comenta Angelina Granados, una trabajadora farmacéutica que salió a mirar la movilización con los brazos cruzados.
“Yo marcho en defensa de la soberanía y el presidente Petro, en defensa de la patria. Nosotros como colombianos tenemos que rechazar a Donald Trump porque viene por nuestros recursos. Mira lo que pasó con Venezuela que fue bombardeado. Todos los países que han sido bombardeados por Estados Unidos han quedado en la pobreza, han sido saqueados. Eso no puede pasar en Colombia”, comentaba como contrapunto Sergio Mendez desde la movilización.
Ese contraste se hizo más evidente con otra escena que ocurría casi al mismo tiempo, pero en otro punto: en la frontera, una decena de ciudadanos venezolanos se manifestó abiertamente a favor de Maduro. Un hombre vestido como Simón Bolívar, sosteniendo una fotografía del mandatario venezolano, condensó en una imagen lo que en el centro era más difuso: el apoyo explícito.
La tarde terminó sin enfrentamientos ni desbordes, pero con una lectura incómoda. Mientras Petro optaba por el teléfono y la diplomacia directa con Trump, en Cúcuta se armaba una marcha que parecía llegar tarde o hablarle a un conflicto que, en ese mismo momento, ya estaba cambiando de forma.
La ciudad, una vez más, quedó dividida: entre periodistas buscando noticias, entre quienes salieron a respaldar al presidente Petro, quienes vieron en esa marcha un gesto equivocado y quienes, simplemente, siguieron con su vida, mirando la política internacional pasar —otra vez— por su frontera.




