Columnista de la U. de los Andes compara a Bachelet con los encapuchados “cobardes” y “obstinados” que no piden perdón

“El encapuchado es impredecible. Todas las semanas sorprende con algo nuevo con lo que busca fijar su posición extremista. El encapuchado es obstinado: aunque todos se lo digan, incluidos sus antiguos compañeros de armas, insiste en su agenda obtusa. Y es que el encapuchado no admite que se equivocó de camino desde el comienzo. El romanticismo al inicio de sus andaduras ha dejado paso a la torpeza crónica y sistemática”.

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“El encapuchado es cobarde. No da la cara, pese a estar en medio de todos. Culpa de sus errores al sistema, a “los mismos de siempre” o a otros. El encapuchado no se arrepiente ni pide perdón; en el mejor de los casos se “disculpa” y dice que de existir la mera posibilidad de haber cometido un error fue culpa de dejarse llevar y de no seguir su intuición”.

Así comienza la columna que escribió para el diario económico de Copesa, Pulso, el profesor de la Universidad de Los Andes, Alberto López-Hermida, escrito que tituló “La presidenta encapuchada”.

En seis párrafos, López argumenta por qué considera que los encapuchados son “cobardes”, “obstinados” y no son capaces de pedir perdón ni enmendar el rumbo, aun cuando todo el mundo les diga que están equivocados.

Ya al final de su escrito, y después de haber afirmado que el encapuchado “se adueña un poco más de nuestras ciudades, alimenta nuestros temores y cultiva nuestras rabias”, el profesor universitario sostiene que “y así, guste o no, es nuestra Presidenta, que semana a semana dilapida fuerza política, social y discursiva para dirigir con verdadero liderazgo al país.

Aquí algunos párrafos del escrito

“El encapuchado es impredecible. Todas las semanas sorprende con algo nuevo con lo que busca fijar su posición extremista. El encapuchado es obstinado: aunque todos se lo digan, incluidos sus antiguos compañeros de armas, insiste en su agenda obtusa. Y es que el encapuchado no admite que se equivocó de camino desde el comienzo. El romanticismo al inicio de sus andaduras ha dejado paso a la torpeza crónica y sistemática”.

“El encapuchado parece no tener a nadie en frente, pese a decir insistentemente que actúa por “el pueblo”. Quienes están llamados a resistirlo o llamarle la atención están de manos atadas por sus propios pecados, la corrección política o la astucia en el actuar del mismo encapuchado, pues el encapuchado se hace la víctima y evita así el juicio, el castigo y hasta la culpa”.

 

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