El mundo paralelo de Héctor Véliz Meza: “No veo los JJ.OO. ni el Mundial ni la Copa América”

“No cambio la hora y en invierno regreso a mi casa con luz de día. Todos mis trabajos siempre han estado en la línea del Metro, y los horarios que escojo para mis compromisos no coinciden con las horas peak. El auto lo desterré en Santiago (…) Con esta filosofía a quién le podría importar que no vea los Juegos Olímpicos, si con mi actitud no paso a llevar a nadie”, dice el periodista y académico.

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Cuesta imaginar o toparse con alguien que de verdad, no por pose, diga que no tiene diablos idea de qué pasa con los Juegos Olímpicos, con la pasada Copa América (que volvió a ganar Chile) o con el Mundial de fútbol, eventos deportivos que dan la sensación de paralizar al planeta o más extremo aún, de convertirse en verdaderas tragedias griegas cuando llegan resultados adversos para el hincha, para el fanático.

Pero bien, uno de esos personajes es el periodista, escritor y académico, Héctor Véliz Meza. “No veo los Juegos Olímpicos ni el Mundial ni la Copa América. Aprovecho esas fechas para salir de compras, sobre todo cuando partidos importantes, porque me atienden rápido y me esfumo del local”, cuenta a La Segunda el hombre experto en la historia de las palabras.

Véliz Meza no se considera un antideportes ni un contreras, sino que más bien dice que los deportes ocupan un lugar muy menor en su vida. “No me atraen, no me motivan. Entre ver un partido de tenis y jugar tenis, prefiero lo último”, afirma.

“No entiendo la filosofía del espectador, prefiero participar”, sostiene el periodista, quien; no obstante, admite que siempre fue negado para el deporte y la gimnasia.

Consultado sobre si alguna vez vibró con un triunfo deportivo nacional, responde que sólo se acercó al televisor a ver los cinco minutos del oro en dobles que ganaron Nicolás Massú y Fernando González en Atenas 2004.

Con todo, Véliz Meza dice que con su actitud no molesta a nadie, que sólo vive en un universo paralelo. “Por ejemplo, no cambio la hora y en invierno regreso a mi casa con luz de día. Todos mis trabajos siempre han estado en la línea del Metro, y los horarios que escojo para mis compromisos no coinciden con las horas peak. El auto lo desterré en Santiago (…) Con esta filosofía a quién le podría importar que no vea los Juegos Olímpicos, si con mi actitud no paso a llevar a nadie”.

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