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Los femicidios en nuestro país y en Latinoamérica han tenido nuevos y terribles episodios en la última semana. Los asesinatos de Florencia en Aysén y Lucía en Mar del Plata, ambas mediante actos de enorme crueldad, además del repudiable acto de violencia cometido contra Lorenza Cayuan, comunera que fue obligada a dar a luz engrillada y rodeada de gendarmes, dan cuenta de un sistema patriarcal que cosifica a las mujeres desde su niñez, obligándolas a experimentar diversos tipos de violencia durante todo su desarrollo.

La violencia de género no puede ser entendida como una serie de acontecimientos aislados, ni debe tratarse políticamente como un asunto que dependa únicamente de los individuos que las ejercen: es nuestra forma de vida y nuestras prácticas sociales las que producen, facilitan y perpetúan dichas agresiones.

Han pasado más de dos décadas desde que el Estado chileno firmó los acuerdos de Beijing 1995, comprometiéndose a acciones concretas para frenar la violencia contra las mujeres. Sin embargo, hasta ahora la política de la transición no ha avanzado en ello.

Emplazamos al Gobierno de Chile a pronunciarse y tomar medidas respecto de los femicidios que año a año se repiten en nuestro país alcanzando cifras alarmantes. Durante el año 2015 fueron asesinadas 58 mujeres y más de 100 sobrevivieron a intentos de femicidio, mientras que en lo que va de este año ya son 39 los casos que terminaron en muerte.

No basta con un Estado que intervenga a nivel punitivo, cuando la violencia ya ha cobrado víctimas. Debemos avanzar en el reconocimiento de las mujeres como sujetas, construyendo un modelo de educación no sexista, que se enfoque en el respeto, la libertad y la autonomía, además de promover iniciativas que permitan a la comunidad organizarse y enfrentar la violencia desde sus propias experiencias.

Para que nuestro país tenga una nueva legislación que supere los límites de la actual Ley de Violencia Intrafamiliar, que únicamente se hace cargo de un rango acotado de supuestos, sin abordar de manera integral todo tipo de violencia por razones de género, es esencial que nos movilicemos y organicemos, que seamos capaces de construir alternativa para lograr estas transformaciones

Las organizaciones aquí firmantes hacemos un llamado a las comunidades, a las agrupaciones, al movimiento feminista en general, a seguir movilizándonos no sólo para acabar con esta escalada de violencia, sino para que las mujeres, la disidencia sexual, los y las excluidas podamos autorepresentarnos políticamente y construir una sociedad donde seamos reconocidas como sujetas.

*Esta declaración es firmada por los movimientos y partidos políticos Izquierda Libertaria, Nueva Democracia, Revolución Democrática y el Movimiento Autonomista.