Las últimas horas de Cholito en Patronato

Días antes de Navidad, los dueños del perro Cholito abandonaron el barrio Patronato y por dos semanas, el animal esperó, deambulando por el sector, reencontrarse con ellos. La noche del viernes 6 de enero, Cholito también dejó el sector, pero no por su voluntad: fue brutalmente golpeado, supuestamente, por encargo. Esta es la historia de sus últimos días en Recoleta.


La mañana del sábado 7 de enero, Edison llegó a su trabajo en el Barrio Patronato y al ingresar en la Galería Cristal, donde es locatario, observó en el piso un charco de sangre.

-No entendía nada, pero llegué y limpié-, cuenta Edisón, aún conmocionado por la imagen que, horas después, asoció con la extraña desaparición de Cholito, un perro negro que deambulaba por Patronato desde que sus dueños se marcharon del sector.

El testimonio de trabajadores del lugar y los videos que comenzaron a circular por redes sociales, hicieron que Edison, y todo el país, se enterara de que el animal había sido brutalmente golpeado la noche anterior, supuestamente por encargo, por Joseline Cataldo; su pareja, Franco Núñez, y dos personas que aún no han sido identificadas.

El cuerpo de Cholito aún no aparece, pero Edison duda de la versión de los victimarios de que está vivo en algún lugar de la capital porque la sangre formada en charcos, los palos gruesos botados en el suelo y el registro audiovisual de la golpiza dan cuenta de la intensidad del ataque.

-Dos días antes, se habían llevado el perro más chico (Cafecito). Pregunté y me dijeron: “no, es que se lo llevaron a una parcela” y supuestamente (a Cholito) también se lo iban a llevar para el mismo lado. Pero alguien le comentó a una compañera de otro local que había visto cómo golpeaban al perro. Le dijo que parece que lo mataron por lo fuerte que le habían golpeado.

Lo que Edisón aún no logra comprender es por qué se produjo la agresión, si era conocido que había personas interesadas en darle un hogar a Cholito.

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Acostado en la entrada del local 14 de la Galería Cristal, que alguna vez fue su casa, el perro permanecía desde navidad en el mismo rincón, al costado de la puerta de una tienda, sin prestarles mayor atención a los compradores.

Sus dueños eran una pareja de orientales que arrendaban el lugar y le abrían la puerta para que Cholito entrara al hogar donde residió por más de diez años. Su cama estaba ubicada en el segundo piso, donde pasaba horas encerrado con Cafecito, su compañero de aventuras, y muchísimos gatos de distintos colores que todavía pasean por los techos de la galería.

Según los locatarios, sólo gruñía a los que pretendían acariciarlo, pero no ladraba y nunca lo vieron morder a alguien. Se mantenía sano con el pellet que le regalaba una trabajadora de una galería aledaña y también engullía los restos de alimentos que le daban en un restaurante cercano.

Sin embargo, antes de las fiestas de fin de año, la rutina de Cholito era mucho más entretenida, así lo cuenta Juan Ramírez, quien vende ropa junto a su familia en una tienda que se instaló hace tres décadas

–Su dueño paseaba en los pasillos en una bicicleta, fumando su cigarrito con Cholito al lado, era muy pintoresco verlo, considerando que los chinos son más reservados. Traía alegría a nosotros y por eso me duele mucho esto porque la gente que hizo este asesinato, ensució un lugar al que le tengo mucho afecto. Y no sé por cuánto tiempo, pero por lo menos en este momento, todo está muy tenso– cuenta.

Rebeca Gutiérrez, propietaria de “Los Arcos de Recoleta”, ubicado en la avenida principal de la comuna, a media cuadra de la Galería Cristal, también dice que extrañará ver cómo Cholito pasaba todos los días a saludar. Ella instala un bidón partido por la mitad en la calle y todos los días les da agua a los perros de la cuadra para que tomen del recipiente.
Cuenta que Cholito era fiel a sus dueños, la señora Joa, su esposo y Chong, el hijo que, según dice, murió hace más de un año en circunstancias extrañas.

–Lo conocí cuando era chiquitito, porque era un perrito vago y había una familia de chinos lo acogió en su hogar. Primero pasaban los dos perros (Cholito y Cafecito) y después el amo venía atrás con la dueña. Yo les ponía agua porque siempre lo hago y les cambió el aguita a cada rato. Pero estoy hablando de años atrás porque el Cholito ahora ya era viejo. Era simpático porque andaban en una fila, sin collar o cordel. Se sabía entre todos los vecinos que los dueños eran ellos– dice Rebeca, lamentando que no verá más a uno de sus regalones del barrio Patronato.

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Cholito podría haber tenido otro destino. Pese a que arrastraba una cojera producto de un atropello, tres personas se habían encargado de difundir por las redes sociales su abandono y buscaban una familia que pudiera adoptarlo, explica Kimberly Mena, otra locataria de la galería.

–Sé que éramos tres las personas que queríamos otro futuro para Cholito. Una amiga de esta galería se había ofrecido con hogar temporal el mismo día que se lo iban a venir a buscar, pero la dueña de la galería dijo: ‘no, no se lo lleven porque lo van a ir a buscar porque lo llevarán a una parcela y va a estar bien’. Y después de lo que pasó con Cholito, no sabemos el destino del otro perrito que está totalmente desaparecido– cuenta.

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