¿Cómo ha visto la campaña del senador Guillier las últimas semanas y las críticas que se ha ganado de los partidos que lo apoyan?
-A ver, yo creo que ha habido una falta de sincronía. En los partidos tenemos una lógica que está dada básicamente por nuestra capacidad orgánica. Somos, en definitiva, la máquina que ha logrado que primero, la Concertación, y luego la Nueva Mayoría ganara tantas elecciones, sobre la base de lo que siempre hemos denominado la infantería. Esta es una gran máquina orgánica que cubre el país de extremo a extremo, en que se involucran miles de personas. Cada vez que los partidos toman una decisión, esa decisión se multiplica y se lleva a cabo por personas que normalmente no son la primera línea que conoce el país. Son dirigentes sociales, dirigentes deportivos, son organizaciones populares, y son las estructuras de los partidos. Y un buen recordatorio de eso es lo del fin de semana pasado de firmas por Alejandro Guillier, que tenían que ser firmas de independientes pero recolectadas por su comando, que llevaba más de dos meses sin lograrlas, y cuando los partidos se movieron en un sólo sábado obtuvieron prácticamente la misma cantidad de firmas que se habían obtenido en dos meses. Entonces, los partidos de alguna u otra manera lo que ven es una falta de despliegue, que con la experiencia que tenemos nos hace sentir que la elección se pone en riesgo.

¿En qué sentido?
-En que una campaña es una maratón en la que participan miles de personas en la cual no se puede perder tiempo. Acá no basta con los medios de comunicación ni las entrevistas. El trabajo en terreno es vital y es un trabajo que no solo lo hace el candidato. Lo hace el candidato con todos los parlamentarios del bloque que lo apoya, y más abajo los alcaldes y concejales, y más allá de ellos con esos cientos de personas que se nuclean en torno a cada uno de los dirigentes políticos y sociales. La gente que no tiene experiencia en la política tiende a pensar que la política se hace por la vía de los medios de comunicación y eso no es lo único.

¿Y esa es una crítica al candidato?
-No, es una constatación de hechos. Mal que mal, nosotros llevamos ganando elecciones desde el año 1988 y la receta ha sido siempre la misma: la movilización.

Pero esa es la crítica que se le ha hecho: que quiere lejos a los partidos y que la campaña no se despliega.
-Es que no lo voy a poner en términos de crítica. Tenemos una opinión que está fundada en la experiencia y esa es la opinión que ponemos al servicio del candidato. Siempre tengo presente que uno de los elementos más significativos de la autoridad es la posibilidad de tomar decisiones. El que manda toma las decisiones y las decisiones siempre son una apuesta de acierto u error, un ensayo. Lo que nosotros vamos a reivindicar siempre es nuestra opinión. Si nuestra opinión es aceptada, estaremos extraordinariamente felices y satisfechos. Y si no es aceptada y es otro el modelo, disciplinadamente vamos a acatar las directrices, pero vamos a mantener nuestra opinión.

¿En su caso, el hecho de que ya no esté en las reuniones habituales con Guillier y esté más preocupado de la campaña parlamentaria de su partido, tiene que ver con eso?
-No, no, no, eso no tiene nada que ver. Eso es una división de roles. Dentro de nuestro partido nosotros hicimos un análisis de los desafíos que teníamos por delante, de la cantidad de personas que se podían hacer cargo de los desafíos y la verdad es que a mí me pidieron, y estoy muy contento, de hacerme cargo de la campaña parlamentaria. Uno, porque he dirigido elecciones nacionales del partido antes, dos parlamentarias y dos municipales. En ambas nos fue muy bien y el trabajo interno ha sido muy bien evaluado y valorado.

FRENTE AMPLIO VS FRA FRA

¿Usted reivindica la política o una manera de hacerla, pero cómo ha visto esa actividad en el último tiempo? Con las críticas del Frente Amplio o el mismo Guillier.
-La política siempre está fundada en la realidad y no es otra cosa que la expresión de lo que se está viviendo en el país y claramente estamos viviendo un tiempo enredado. Tengo la impresión de que las respuestas de los partidos no han sido satisfactorias y eso es evidente por el resultado. Hay una sensación de malestar, como dicen hoy día los europeos, y hay claramente una marea de insatisfacción que es muy potente. Pero decir eso sin encontrar las causas todavía, es no decir nada. Tengo la sensación de que el malestar de las personas se funda más que en el sistema, y ahí es donde algunas personas han hecho una lectura equivocada, en el funcionamiento del sistema. La gente está mucho más enrabiada con una cantidad de abusos sin control que ha visto registrarse. La gente tiene una sensación de que no avanza, de que trabaja de una manera extenuante y de que los sueldos no crecen al mismo nivel que las necesidades o las aspiraciones. Porque estamos cayendo en lo que llaman la trampa de los países del crecimiento medio, en que la gente cada día quiere más y lo que obtiene no es suficiente para todo lo que quiere. Y las lecturas han sido equivocadas. En la Nueva Mayoría hemos cometido todos colectivamente errores muy graves.

¿Y el Frente Amplio le dice algo?
-El Frente Amplio, la verdad, no es algo que considere un gran remezón de la política chilena. No los voy a ningunear, pero el voto protesta en Chile ha existido siempre y ha tenido muchos canales de expresión. Este es el mismo voto protesta que tuvo Marco Enríquez Ominami y que si uno lo rastrea en el tiempo llega hasta Fra Fra Errázuriz. O sea, desde la gente que quería terminar con la UF en cinco minutos a los que quieren que los derechos sociales sean todos automáticos y gratuitos e instantáneos para todo el mundo, la verdad es que hay pocas diferencias. Y tengo la impresión de que en Chile hay un nicho para cualquier fuerza política que se levante como la fuerza de la protesta. Y ese nicho se expresa hoy día con el Frente Amplio, con diferencias. Ellos tienen una orgánica que nunca tuvo MEO, producto de un proyecto muy personalista; se van a poder proyectar en el tiempo con una expresión parlamentaria que va a ser modesta, pero significativa; y por lo tanto vamos a ver otro canal político de izquierda funcionando. Pero claramente este no es su momento. Ellos no son una amenaza presidencial, no son una fuerza que de verdad tenga representación en todo el país y eso se notó mucho en los resultados de su primaria.

Usted dice que la gente está cansada de los abusos. Pero mire lo que pasa con Piñera: es alguien que, en cierta medida, representa a los empresarios y si la elección fuera hoy, sería el próximo presidente de Chile.
-A ver, al votante de derecha la verdad es que eso no le importa. Tengo la impresión de que las denuncias respecto de manejos económicos de Sebastián Piñera y de su actividad durante los últimos años, la verdad es que a su votante no le interesa. Ellos creen que ese es el sistema, que la ley de la selva es la correcta. Que la economía debe funcionar así. Que en la sociedad hay ganadores y perdedores, y que da exactamente lo mismo. El problema es que hoy es doloroso constatar que la gente que piensa así es más del 40% del país. La sociedad chilena generó un tipo de ciudadano que es así, que participa de un mercado brutal y cruel, que le gusta un mercado brutal y cruel. Que le gusta Piñera, que lo tienen como un ejemplo de vida.

LA INEXPERIENCIA DEL COMANDO

¿Cuál es la responsabilidad que tiene Bachelet en esa desorganización que dice usted que hay en la Nueva Mayoría?
-Nuestra gente está desilusionada y eso no es una situación que solo alcance al gobierno de la presidenta Bachelet, nos alcanza a todos nosotros. Es la desilusión que la gente tuvo respecto del gobierno de Lagos y que se revirtió exclusivamente con el fenómeno de Michelle Bachelet. Y esa es la desilusión que se expresó cuando Frei no fue capaz de ganarle a Piñera. Y por lo tanto esa desilusión nos acompaña hace bastante tiempo. Nuestro problema no es de convencer a la gente, porque la gente de alguna manera se expresa a través del proyecto de país que planteamos. Nuestro problema es movilizarla. Nuestra gente está hoy día en su casa, desilusionada y enrabiada, pero no cruza la vereda. Por lo tanto, nuestro desafío es llamar a la gente a volver a confiar, a volver a creer. Sentir que es importante que logremos desplegar un programa como el que tenemos.

¿Y por qué usted cree que Alejandro Guillier podría representar todo eso?
-La confianza siempre es un elemento intuitivo y la gente la entrega o no la entrega. Es algo de piel. Es algo de mirar a los ojos o de escuchar el tono de voz y de creer o no creer. Y la magia que tuvo Alejandro Guillier y que lo proyectó como un líder nacional, fue la constatación de que él gozaba de ese atributo, que la gente confiaba en él. La verdad es que frente al país el gran valor de Alejandro Guillier es ser una persona confiable y eso es lo que él tiene que cultivar. Si ganamos la elección, la verdad es que la elección la va a ganar Guillier. Y por lo tanto lo que nosotros tenemos que hacer es disciplinadamente tratar de convencer a nuestro candidato cuando tengamos algún evento, pero nosotros no podemos tratar de falsificar al candidato ni podemos tratar de suplantarlo. La fuerza que tenemos hoy día, como en su momento fue Bachelet, es Guillier.

Pero la diferencia es que Bachelet tenía los votos. Hoy día Guillier, según todas las encuestas, no los tiene.
-Guillier, efectivamente, se ha debilitado. Y uno podría analizar todos los hechos que han producido ese debilitamiento, haberse invisibilizado durante todas las primarias. Eso es un costo enorme. Pero eso es culpa nuestra. Tuvimos que asumir de manera masiva que ese fue uno de los efectos de la decisión del Partido Demócrata Cristiano. Cuando ellos decidieron no participar en las primarias, simplemente nos negaron la posibilidad de discutir frente al país, de desplegarnos. Y cuando tú pierdes dos meses de campaña, ese es el costo. Estamos pagando ese costo. Y lo que le estamos pidiendo a ese comando es que entienda que el mejor canal que tiene para desplegar una campaña es la fuerza de los partidos que lo apoyan.

¿Y por qué ha costado que ese comando entienda esto?
-Creo que algo de inexperiencia. No veo gente ahí que haya dirigido una campaña nacional. Algunos de ellos han sido candidatos a parlamentarios, pero no es la misma lógica. Los partidos están subutilizados.

¿Y usted cree que van a ser capaces de dar vuelta esa mala performance que han tenido hasta ahora?
-Son mejores las campañas cortas. Es muy difícil sostener el esfuerzo de una campaña cuando se arrastra durante meses. Eso produce desgaste, agotamiento. Pero también produce un acostumbramiento al mensaje que le quita emotividad, le quita épica. Las campañas cortas son mucho mejores. Yo he hecho campañas nacionales dirigiendo campañas municipales en todo el país que se despliegan perfectamente en 90 o 120 días. Son más baratas, más rendidoras.

¿Y cuándo se despliega esa campaña? Mientras realiza propuestas, Guillier está peleando con los notarios o buscando firmas.
-Me imagino que en el momento mismo que logre inscribir su candidatura, que no debería estar muy lejos. Yo anticipo que esto no debería pasar de 15 días en que tengamos un candidato inscrito.

¿Cuál debería ser el lema para Guillier entonces?
-De todo lo que te he dicho rescataría el hecho de que hay que pedirle a los chilenos que vuelvan a confiar. Lo cual es una petición, no es una oferta.

¿Como cuando Lagos dijo que había escuchado la voz del pueblo?
-Es lo que siempre tiene que hacer un político.

EL LEGADO DE BACHELET

¿Cómo ha visto a Bachelet en este último período? Usted es cercano a su familia.
-La presidenta claramente tiene un sueño de país que sintoniza muy bien con lo que quiere la inmensa mayoría de los chilenos. Ella no es una política improvisada. Es militante de toda la vida y sus determinantes son muy fijas. La presidenta ha cumplido en este segundo mandato con su determinación de correr la cerca en cuanto a derechos sociales y desde ese punto de vista, yo tengo la impresión de que ella se va a retirar en ese contexto. El gobierno ha tenido problemas. Parte de esos problemas ha sido la desafortunada investigación de Caval, que la golpeó fuertemente en términos personales. Y con mucho dolor y con mucho desgarro ella tuvo que ejercer su cargo más allá de todos los dolores personales, de los cuales dio cuenta muy largamente en una entrevista hace algunos días. Las reformas creo que representan el sueño de país que ella tiene. Y si bien uno puede tener diferencias en la arquitectura de detalle, claramente son reformas estructurales que a lo largo de los años al país le van a servir mucho. Por cierto que a la reforma a la educación le falta muchísimo, pero si no hubiera existido la voluntad transformadora de este gobierno habríamos esperado décadas a que eso se realizara.

¿Aunque sea una glosa presupuestaria?
-La derecha no está en condiciones de liquidar lo que ha pasado. Es que es mucho más que el financiamiento. Va mucho más allá de esa decisión presupuestaria y yo creo que no está en condiciones de ir atrás. El país se lo impediría si lo intentara y por lo tanto eso es importante. La reforma tributaria también necesita afinamiento. Hay que hacer una reforma menos compleja. Los costos personales y políticos que haya pagado van a ser su costo, pero tengo la impresión de que cuando haga el balance se va a quedar tranquila.

A pesar de que haya agotado su capital político completo entre sus reformas y los problemas que le generaron su hijo y su nuera.
-No tengo la condición de vocero, pero sí la conozco y soy testigo de que la presidenta nunca tuvo ambiciones personales de figuración. Y la verdad es que estos costos para ella son costos absolutamente irrelevantes.