La tarde del domingo 13 de agosto de 2017 quedará grabada para siempre, y de la peor manera, en el alma de los hinchas del Barcelona. Sí, porque si hay algo que detestan los seguidores blaugrana es cualquier cosa que provenga de la capital española y peor aún si dice relación con el Real Madrid, y para qué decir si más encima es Cristiano Ronaldo.

El reloj del partido registraba 79 minutos y 53 segundos y el marcador del estadio Camp Nou, el feudo catalán, 1-1. Entonces viene un contragolpe blanco. Isco recibe una pelota en el medio y mete un pase profundo hacia la izquierda para Cristiano Ronaldo. El portugués, recién ingresado, corre el balón y lo domina casi en el vértice del área. Le aparece Gerard Piqué, al que el luso se saca enganchando hacia adentro. Ahí, en ese momento que muchas veces se congela en el corazón de los hinchas que ven cómo se acerca la tragedia, Cristiano Ronaldo levanta la vista y le clava la esférica a Marc André Ter-Stegen en el ángulo izquierdo.

Lo que viene después, antes de que el partido termine y el Real Madrid vuelva a anotar para dejar Cataluña con una ventaja de 3-1 en la ida de la Supercopa de España, es Ronaldo corriendo a festejar y sacándose la camiseta número siete para mostrársela a las gradas del Camp Nou. Así, tal cual hiciera Messi meses atrás en las fauces del madridismo.

Después Ronaldo sería expulsado, pero la afrenta estaba hecha. La estocada letal quedaba impregnada para siempre, a la espera de una revancha que se ve poco auspiciosa para el campeón de la Copa del Rey.