“La salida de Rodrigo Valdés pone de manifiesto que la Presidenta Bachelet no gusta de los ministros: prefiere los secretarios de lealtad perruna…”, escribe Carlos Peña en su columna en El Mercurio en la que analiza el cambio en Hacienda a seis meses de que termine el gobierno.

El abogado sitúa el hecho en el verano de 2014, cuando no se sabía que Valdés ocuparía alguna vez el cargo de ministro de Hacienda y menos que sería reemplazado por Nicolás Eyzaguirre, quien empezaba en la cartera de Educación.

Recuerda Peña que por aquel entonces, Eyzaguirre escribía una carta en la que insinuaba, o más bien marcaba cuál sería su postura en el gobierno que se aprestaba a liderar los destinos del país.

“Antes de que existiera cualquier programa pormenorizado (en esas semanas no había ninguno), manifestó que adhería a él, que la gratuidad universal era indispensable y que él la apoyaría. ¿Habrá una muestra mayor de adhesión que jurar lealtad a un contenido antes de que siquiera se formule? Eso es lo que hizo Eyzaguirre a fin de asumir como ministro”, reseña.

A partir de ese momento,yc sin saber que volvería a ocupar el mismo cargo que ostentó en el gobierno de Lagos, dice es que Eyzaguirre -dice Peña- revela “lo que sería su desempeño en el Gobierno: tomarse en serio, más allá de lo razonable, la denominación de secretario y olvidar el significado que posee un ministro”.

Para Peña, “un secretario es una persona cuya racionalidad está puesta, con lealtad perruna, al servicio de los designios o ideas de aquel a quien sirve. Lo que importa al secretario no es el valor de los propósitos cuya consecución persigue, sino la identidad de quien los formuló. Un ministro, en cambio, es una persona cuyo saber sirve para ejecutar los propósitos presidenciales, pero cuyas ideas y racionalidad ayudan también a configurarlos. En suma, un secretario es un ejecutor ciego; un ministro, un ejecutor con independencia intelectual”.

Entonces, hecho el cambio, se “revela entonces cuál de esas dos concepciones es la que ha predominado en estos años”.

“Quizá los tropiezos de este tiempo se deban a eso, al hecho de que el Gobierno ha estado en manos de una sola voluntad que, demasiado preocupada de sí misma, no contrasta su punto de vista con las razones que esgrimen quienes le rodean. Y así los degrada de ministros a simples secretarios”, cierra.