Decir que estos muchachos fracasaron es desmesurado. Me dio pena y vergüenza escuchar al comentarista Felipe Bianchi, hacerlo con tanta facilidad y soltura: “fracaso”, dijo el día de la transmisión. Hay que ser moderados en el análisis. Esto es un tropiezo. Un golpe que nos duele, porque estábamos acostumbrados a ganar, pero no un fracaso. Este mismo periodista (Bianchi) fue el que en el 2007, cuando llegamos del Mundial Sub20 de Canadá, con varios de los que el martes jugaron, dijo que el problema de la selección con la policía había sido por atorrantes, borrachos, y mujeriegos. Tengo el recorte del diario.

Esa es precisamente la gente que le hace mal al futbol. El prototipo del malaleche. Por estos días vamos a escuchar muchos comentarios así y no es lo que corresponde. Lo importante es analizar los resultados y ver la forma en que esto se supera. No es el momento de las críticas despiadadas, ni de que algunos referentes del equipo se retiren. Tanto a Arturo Vidal, como a Alexis Sánchez les queda un mundial más, pero habrá que generar el tan esquivo recambio.

Es bueno que hoy suframos, porque hay varios aspectos que mejorar. Es cierto que se ha venido jugando mal desde que perdimos con Paraguay, partido en el que desaprovechamos la clasificación. Algunos jugadores venían con una gran baja en su rendimiento y el técnico hizo jugar a otros que no estaban al 100%. Yo lo dije en su momento: que habían varios que no estaban jugando en sus clubes y que Alexis volvió con un poco de sobrepeso de sus vacaciones.

Si hay que buscar culpables, la culpa al final es de todos. El juego de Chile ha venido cambiando desde que comenzó esta eliminatoria, cuando aún estaba Jorge Sampaoli, quien sacrificó la profundidad que tenía el equipo por el toque del balón. Luego, con Juan Antonio Pizzi, cambió aún más. Entre otras cosas, por su mesura. No solo en lo futbolístico, donde hubo falta de preparación, sino que también en la relación con el jugador. Hay que tener la fuerza para imponer cierta disciplina y él dio mucha soltura.

Los jugadores también aportaron lo suyo. Me extrañó ver en los últimos partidos que algunos le reclamaban en la cancha a un compañero por un mal pase, gesticulando con las manos y los brazos. Eso nunca es aceptable. No pueden quemarse entre ellos delante de la gente. Cosas como esa hicieron que los egos se salieran de los moldes y se fueran a las nubes. No estoy diciendo que el ego sea malo, pero si no se maneja se vuelve un problema. Y esta selección pasó por momentos de exceso de ego. Como cuando comenzaron a decir que iban a pasar por encima de sus rivales, que eran bicampeones, lo que finalmente terminaba agrandando a los contrincantes, que salían a la cancha a reventarnos por agrandados. Los mismos jugadores han salido a decir que les ha faltado humildad.

Pero no es lo único que ha faltado. El recambio está lejos y yo creo que es por egoísmo. A esta selección había que estudiarla, tratar de entender su proceso y replicarlo, pero nadie lo hizo. A mí, por ejemplo, nunca me preguntaron cómo habíamos realizado la preparación del mundial de Canadá. Por último para aprender, porque a los jugadores jóvenes los entrenadores no solo les tenemos que ayudar a llevar la pelota y patear al arco, sino que enseñarles de todo, porque la labor del entrenador es más profunda que la simple táctica.

Y los resultados del fútbol joven están a la vista: hemos ido a sólo dos mundiales juveniles de los últimos cinco que se han disputado. En parte, eso sucede porque los jugadores de 18 y 19 años no son titulares en primera división, la misma situación que ocurría cuando esta selección se inició. Mauricio Isla, incluso, se fue a jugar al extranjero sin siquiera haber debutado en Chile. Cosa muy distinta a la que ocurría con los argentinos: con menos de 20 años, casi todos jugaban en Europa.

A algunos les podrá doler este comentario, pero los triunfos de esta selección no nos han vuelto un país futbolizado. Yo espero que aprendamos de lo que nos han entregado estos jugadores. Que los pilares de este equipo se queden. Aún están en su peak. Han madurado. En el fútbol, como en la vida, cuando uno se cae se para inmediatamente.

No ha habido otra selección como ésta.