“¿Podrías hacer un bolso para regalar a Arturo en su cumpleaños? Yo te lo pagaría. Tendríamos dos semanas porque él ya se viene a Chile cuando termina la Bundesliga. Pienso en algo pequeño para que use debajo del brazo. Estoy seguro que a Arturo le gustaría y lo usaría. Sería una manera de empezar a mostrarle tu proyecto”. (Carlos Albornoz, 7 de mayo de 2016).

“Ok, yo trabajo en esto ¿Cuál es el color favorito de Arturo?” (Miguel Ángel Manríquez, 9 de mayo de 2016).

“Pienso que el negro es siempre su color favorito. Él es un gran admirador de Phillip Plein. Un diseñador alemán” (Carlos Albornoz, 9 de mayo de 2016).

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Caminando por la ciudad de Oldemburg, en Alemania, el 17 de marzo del año pasado, Sabine Cichos y el artista chileno Miguel Ángel Manríquez chocaron de frente con una extraña efervescencia callejera. En el centro de la ciudad, rodeado de bares y restaurantes, cientos de personas observaban el partido entre el Bayern Munich y la Juventus por el paso a los cuartos de final de la Champion League. El equipo de Turín se imponía por dos goles a cero.

Manríquez recuerda que el volante, lentamente, comenzó a echarse el equipo al hombro. En el último minuto del segundo tiempo, Vidal roba un balón cerca del área rival, cede la pelota a un compañero y la jugada termina en un centro preciso a la cabeza de Thomas Müller. Golazo. Era el dos a dos. El partido se prolongaría en tiempo de alargue.

Sabine rememora que los fanáticos bávaros, entusiasmados por la remontada del equipo, se referían al volante chileno como “el poder”. “Incluso un comentarista deportivo relató que Vidal estaba tan seguro de sus capacidades que los traductores no lo interpretaban literalmente, sino que escondían ese ímpetu, porque allá no es bien visto que alguien muestre tanta seguridad en sí mismo”, explica.

Bayern Munich, finalmente, se impuso por un contundente 4-2 y Vidal fue la gran figura del encuentro. Mientras lo escuchaban hablar por televisión, Sabine tuvo una idea que iluminó el rostro de Manríquez: “¿Por qué no le presentamos el proyecto a Arturo?”, le propuso.

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“Soy Miguel Ángel Manríquez Sepúlveda, nací el 28 de septiembre de 1971 en la ciudad de Curicó, séptima región, y vivo hace seis años en Alemania en la ciudad de Oldenburg…”

Así parte la presentación del artista chileno, creador de una marca de exclusivos bolsos en Alemania, a través de un correo electrónico dirigido al primo hermano de Arturo Vidal, Carlos Albornoz Pardo, un psicólogo experto en emprendimiento y académico de la escuela de Negocios de la Universidad del Desarrollo. Llegaron a él después de llamar a las dependencias del club pidiendo comunicarse con Vidal. Estaban a escasos 810 kilómetros de Munich, a menos de una hora en avión, pero fue imposible contactarlo. Era como pedir hablar con Donald Trump telefoneando a la Casa Blanca.

Sabine y Miguel Ángel optaron entonces por algo más sencillo: googlear el nombre de la persona encargada de administrar la fortuna del Rey, cuyo sueldo anual en ese entonces era de 7.8 millones de euros. Allí apareció Albornoz, calificado por la prensa como el “genio” detrás de las finanzas de Arturo Vidal. El familiar que lo acompañó sus primeros días en Alemania, luego de ser contratado por el Bayer Leverkusen, cuando tenía apenas 20 años.

Fue así como se enteraron que Carlos Albornoz era un pilar clave en la carrera de Vidal. No sólo era el representante legal en varias empresas ligadas al jugador, sino también quien lo introdujo al negocio inmobiliario. Juntos comenzaron a comprar departamentos en el centro de Santiago y terminaron siendo socios del “Club Chicureo”, un exclusivo complejo deportivo, donde invirtieron cinco millones de dólares. “La relación profesional con Carlos surgió gradualmente. Me gusta trabajar con gente que estuvo conmigo antes del éxito en el fútbol”, contó Arturo en una entrevista en la revista Capital donde hablaba de sus inversiones.

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“Me he desarrollado como artista de forma autodidacta. Dejé la escuela a los 13 años. A los 16 me fui a vivir a Santiago…Tomé clases de pintura con José Balmes, Samy Benmayor y Bororo. Eran clases que los amigos y socios del Bellas Artes daban de forma gratuita… En ese tiempo conocí al artista Luis Castro quien me enseñó a hacer bolsos. Llevo 20 años haciendo bolsos”.

El email de presentación de Miguel Ángel Manríquez no sólo explicaba sus orígenes, sino también su arribo a Alemania, sus viajes de perfeccionamiento en Europa y esbozaba parte de su proyecto: una marca inspirada en los caballos alemanes, Pferd Germany, desarrollada durante los últimos cinco años y que incluía una colección de bolsos premium.

Manríquez envió incluso un archivo adjunto con imágenes de una campaña con el fotógrafo personal del diseñador industrial Colani, Rudiger Buhl. Antes de despedirse de Albornoz, asegura que el único chileno a la altura de su talento en Alemania era Arturo Vidal y que por eso buscaba contactarse con él.

Albornoz le respondió amablemente. Le dijo que su historia de vida era “interesante y conmovedora”, que admiraba su capacidad de aprender, y que viajaría a Alemania en tres meses más. Mientras, agregó, podían ir afinando los detalles por email. “Nosotros somos gente de negocios y nos vamos a meter en la medida que veamos una oportunidad”, recalcó.

Los email van y vienen. Manríquez le explica que el estado alemán le ha financiado cinco años de desarrollo del proyecto, que el banco LZO le ha prestado otros 30 mil euros para instalar un atelier, y que el doctor chileno René Cea y la psicóloga alemana Sabine Ciches le aportaron seis mil euros cada uno. Con eso montó su atelier, compró máquinas y herramientas, y confeccionó su primera colección de bolsos de alta costura.

Fue entonces cuando el primo del jugador le pidió que le fabricara un bolso de mano a Arturo Vidal. Un regalo exclusivo y personalizado que seguro le encantaría. Faltaban dos semanas para el cumpleaños del rey Arturo.

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“La inspiración del bolso es Arturo y el fútbol. Lo que trato de mostrar es una camiseta con su nuevo número del Bayern y en el fondo exterior un zapato de fútbol. Los topes (estoperoles) de metal son exclusivos para bolsos livianos, no pesan mucho… Es un bolso para llevar debajo del brazo. Para distintas ocasiones”, así describió Manríquez, vía correo electrónico, el producto que comenzó a confeccionar para el Rey Arturo.

El artista asegura que trabajó a tiempo completo para llegar al plazo estipulado de entrega. Tras el envío, vuelve a la carga, y advierte a Albornoz que la confección del bolso le llevó más de 10 días de trabajo, que el costo económico era muy alto, pero que sea él quien ponga el precio. “Me gustaría que usted pagara lo que estime conveniente”, le escribe, entusiasmado en que el interés se mantenga intacto.

Albornoz le responde que está haciendo gestiones para instalar el producto en Chile. El dos de junio del año pasado, de hecho, la cartera de Vidal fue portada de LUN: Arturo la agita en el aire tras su llegada al aeropuerto de San Diego, en el marco de la Copa América Centenario, llamando la atención de los reporteros gráficos. En la nota del diario Cristián Leporatti, director de la carrera de Publicidad en la Universidad Diego Portales, asegura que Vidal quiere “ser rostro de su propia marca”. Nada se habla sobre el trabajo de Manríquez.

“En ese momento me entraron las sospechas”, asegura hoy el artista.

Manríquez cuenta que si el producto fue aparentemente tan exitoso, replicado incluso en varios medios, nunca Albornoz le dijo si la cartera le había gustado o no a Vidal. “Para un artista es importante saber cómo es recibido su trabajo”, explica.

Desde entonces, el eventual negocio comenzó a enfriarse. “Le escribí para que me explicara eso de traer la marca a Chile, la idea nuestra es que funcionara primero en Alemania. Él comienza a tomar decisiones, excluyéndonos, y sin dar explicaciones al respecto”, agrega Manríquez.

La tesis del artista es que el primo de Vidal quiso apoderarse del negocio y dejarlos a ellos fuera. “Pensó que podía comprar y hacer lo que quisiera, ponerse él y Arturo como las grandes estrellas, y después decirme te doy 500 lucas, trabaja para mí y haces lo que yo quiera. Cuando le ofrecimos esto nunca pensamos que nos íbamos a encontrar con un lobo”, alega.

Fuentes ligadas al académico de la Universidad del Desarrollo aseguran que, pese a la insistencia de Manríquez, la propuesta nunca se concretó: “Mandó varios email muy largos, pidiendo que el fondo de inversión invirtiera en él. Eran correos eternos, mal escritos y con faltas de ortografía. Muy lejos de lo que se usa en temas de emprendimiento, donde la persona es muy concisa. Carlos le pidió números y mandaba textos incoherentes. Miguel cree que es un artista importante, pero nadie lo conoce”.

Asumiendo que el negocio se había ido a pique, Manríquez decidió reclamar el precio real del producto: 3500 euros (poco más de 2,5 millones de pesos). Incluso viajó a Chile, junto a Sabine Ciches, representante legal de la marca alemana, y se presentaron en la oficina de Albornoz en la Universidad del Desarrollo. “Nosotros confiamos en que él reconocería nuestro trabajo, el tiempo invertido, sabiendo que nuestros bolsos costaban caros. Si no hicimos el negocio, está bien, no hay problema, eso puede pasar, pero debe pagar lo que vale el producto”, explica Sabine. Manríquez alega que “nos acercamos a un supuesto inversionista de nivel, pero después empezó a dárselas de pobre y que no tenía plata. Incluso una vez nos dijo que los únicos que podrían comprar el bolso de Vidal eran los narcotraficantes”.

Albornoz, finalmente, pagó doscientos mil pesos por la famosa cartera. Manríquez decidió emprender acciones legales, representado por el abogado Pedro Orthusteguy. Si bien existió un primer acercamiento, lo cierto es que hasta ahora la controversia está en una etapa prejudicial. “Este es un asunto pendiente que generó una contingencia jurídica, pero no se ha cerrado un acuerdo judicial”, asegura el abogado Claudio Cortés, asesor de varias empresas relacionadas con Arturo Vidal.

Cercanos a Albornoz aseguran que el bolso se deterioró, que incluso ofrecieron devolvérselo, pero Manríquez no aceptó. También cuentan que mandaron a tasar el producto y que un artesano lo valorizó en 80 mil pesos.

-Después de conocer a Carlos puedo decir que va a inventar cualquier teoría para desmerecer mi trabajo. Nosotros terminamos la relación precisamente por sus mentiras. Él no es una persona confiable. Es cierto que me ofreció devolver el bolso, pero Arturo ya lo tenía en sus manos y es ridículo quitárselo cuando has creado una obra personalizada. Para mí que Carlos destruyó el bolso para desvalorizarlo y no pagar el dinero que estamos pidiendo- asegura Manríquez.

El artista lleva más de un año en el país intentando superar el impasse con el primo de Vidal y buscando otros inversionistas interesados en el proyecto. El jugador, un damnificado colateral dentro de esta historia, acaba de llegar a Chile a pasar las fiestas de fin de año. Esta vez, al bajar del avión, no llevaba el bolso en sus manos.