Rosa Montero en su columna en el País relata su perspectiva sobre los últimos acontecimientos que azotaron a nivel mundial las relaciones entre hombres y mujeres.

Desde que se destapó el caso Weinstein el tema de la igualdad de género se hace cada día más relevante, y era hora.

Según la columnista española hay un problema de fondo que aun no se resuelve, “cuando estalló el fuego de las denuncias por acoso, todo el mundo parecía estar horrorizado y a favor, como si el planeta entero se hubiera caído de un guindo. Pero luego, como era inevitable, empezó a estructurarse la ofensiva en contra”.

O sea, en el fondo, cada vez que se intenta avanzar en términos de derechos individuales y colectivos nace una contra-respuesta reaccionaria.

Por ejemplo la carta que las intelectuales francesas le dedicaron al tema. Una carta, según la columnista, reaccionaria: “el machismo es una ideología en la que se nos educa a todos y que también nosotras practicamos; pero, sobre todo, deja perplejos por su falacia al intentar confundir la agresión y la humillación con el cortejo amoroso”. Esto también es cierto.

Respecto las actitudes discriminatorias, los últimos años han alcanzado un nivel pocas veces visto. El tema de la igualdad salarial se está transformando en agenda política en muchos países. En Noruega las futbolistas mujeres, por ley, deben ganar los mismos sueldos que los hombres. En Islandia la presidenta es una mujer feminista y ecologista y el mundo financiero está en manos de mujeres con resultados muy positivos.

“La deconstrucción del sexismo cambia profundamente el modelo social y por tanto las vidas de los hombres y de las mujeres”. Cambios radicales en la sociedad siempre son algo que encuentra resistencia, en todo ámbito.

Pero digamos una verdad absoluta. En nuestra sociedad, cultura, realidad, quienes crian, crecen, educan, visten, lavan, alimentan, enseñan a todas las niñas y niños, son las mujeres. Si hay machismo, discriminación, es porque sea hombres que mujeres no están haciendo sus pegas lo suficiente. Hay que tomar conciencia de esto.

Algo que ocurre en Chile y sigue siendo inaceptable e incomprensible es que las mujeres paguen más por su salud por el simple hecho de ser fértiles, de poder tener hijos.

El ejemplo islandés es crucial: en los ’60 salió presidente una mujer y su primer acto fue proclamar una huelga general, a la que participaron miles de mujeres. En vez de estar trabajando o en sus casas cuidando el hogar salieron a la calle y simplemente ahí se quedaron hasta que la justicia tomó el rumbo que tenía que tomar.

Pero se sabe, los chilenos soportamos todo.