Algunos seguramente estarán diciendo que era cosa de tiempo, de semanas. De esperar. Porque el cuerpo humano, aunque se trate de Rafael Nadal, tiene sus límites. Entonces, lo que acaba de acontecer en el Masters 1000 de Madrid es sorpresa, claro está, pero de ésas que se aguardan, que se mantienen al acecho. Con su público a favor, con el registro casi grotesco de ser prácticamente imbatible en tierra, con Roland Garros a la vuelta de la esquina (donde espera coronarse por undécima vez), el mallorquín cae en los cuartos de final del torneo que se juega en la capital española ante Dominic Thiem por 7-5 y 6-3.

La derrota no sólo impide a Nadal revalidar su título, sino que devuelve la corona a Roger Federer, quien como no defiende puntos en la temporada de arcilla, volverá el lunes al lugar que parece ser más suyo que de nadie: El número de la ATP.

Thiem, por su parte, se enfrentará en semifinales al sudafricano Kevin Anderson, quiensbajó al serbio Dusan Lajovic por 7-6 (3), 3-6 y 6-3.