El director del Museo de la Memoria, Francisco Estévez, anunció esta semana que se bajaba del programa “No Culpes A La Noche” de TVN, que conduce Kathy Salosny, asegurando que nadie le dijo que debería compartir panel con José Antonio Kast.

Estévez señaló a través de los medios que “discutir con un negacionista que ha avalado la violación a los derechos humanos en nuestro país. No me parecía prudente hacerlo en el marco de lo que es la celebración del triunfo del No. Entonces por eso me retiré del canal siguiendo el ejemplo de Alejandro Goic”.

Sobre la polémica, el poeta Raúl Zurita envió una carta refiriéndose al tema, asegurando que “ningún show de televisión puede frivolizar el sacrificio monstruoso al que fueron sometido tantos”.

Lee la misiva íntegramente a continuación:

“Hay cosas sagradas. El amor, la memoria por las víctimas de los crímenes que cometió la dictadura en Chile, es sagrada. Más aún, honrarlas, recordarlas, venerar sus cuerpos desaparecidos en el mar, triturados en el desierto, arrojados en los volcanes;  es la forma más desgarradoramente humana afirmar que ellos, es decir, que esos que fueron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos e hijas, nuestros esposos, nuestros nietos, nuestro abuelos, nuestros vecinos, nuestros compañeros de colegio no han muerto en nosotros, que son nuestra carne, que en nuestros brazos y piernas están sus brazos y sus piernas rotas, que en la sonrisa de nuestros pequeños están sus bocas partidas, que en nuestros torsos están sus torsos aplastados, que nosotros y ellos somos un solo cuerpo, que estamos pegados, amarrados por las lágrimas que no terminarán de secarse mientras no haya justicia y verdad para la última de las personas asesinadas, para el último de los desaparecidos, y que nadie, ningún clon de Pinochet o de Manuel Contreras o de Krassnoff  ningún negacionista, puede tocar ni mancillar ni profanar la sacralidad de nuestras víctimas, y ningún show de televisión puede frivolizar el sacrificio monstruoso al que fueron sometido tantos.

Todo eso es lo que dijo Francisco Estévez, director del Museo de la Memoria, al negarse a estar con un payaso cuyo  maquillaje está hecho de sangre. Su gesto, como antes lo hiciera Alejandro Goic, fue el discurso más verdadero y elocuente y sobrepasó para siempre los 20 minutos de la televisión; nos habló de una irrenunciable dignidad, nos habló del nunca más, nos habló de lo sagrado de la memoria, nos habló del amor, nos habló de la vigencia indoblegable de los grandes sueños, nos habló de la terquedad del amor y de su terca, llorosa e invencible esperanza”.