Con la misma silenciosa avidez con que aparecían las poblaciones callampas a mediados siglo pasado en Santiago, la ciudad se va transformando con nuevos gettos. Moles verticales donde los habitantes hacen filas para usar el ascensor, casas que se atomizan en la forma de insalubres piezas para migrantes, residencias satélite que se alejan cada vez más de la ciudad como “solución” habitacional para trabajadores o como palacetes blindados totalmente alienados de la vida en comunidad. Como tema contingente, el sueño de la casa propia sigue siendo una urgencia que ésta vez convoca a la dramaturgia de la obra “Rebecca” como reflejo de nuestros tiempos.

Mientras la compañía Teatro Colaborativo realizaba la investigación que sostiene este trabajo acerca de la historia de la política habitacional chilena y e l rol de las instituciones públicas en la concreción de este ideal, los medios daban cuenta de diversas depredaciones inmobiliarias en la capital: el conflicto ABC1 de los departamentos sociales del alcalde Joaquín Lavín en Las Condes, la venta de loteos irregulares en predios inundables de la periferia y las correrías de los deudores habitacionales encadenándose en cuanto ministerio pueda oírlos.

“Estamos viendo como la ciudad se convierte paulatinamente en un conjunto de nichos gigantes, en donde el volumen de los proyectos no se encuentran pensados en función de la escala humana.  Cuando se reflexiona sobre “el habitar”, no sólo estamos hablando de resolver el problema de habitación, sino que también el de una ciudad que carece de las áreas verdes suficientes para sus ciudadanos, de servicios de primera necesidad cercanos y que permita tiempos de traslado dignos que no implique que un trabajador pierda 4 horas de su día en desplazamientos”, explica el director de la obra, Tomás Ahumada.

Si bien referentes del urbanismo como la Carta de Atenas de Le Corbusier y José Luis Sert, redactada en 1933, dio vida a proyectos extraordinarios dentro de las viviendas sociales como los conjuntos habitacionales de Villa Portales, Villa Olímpica o la Villa Frei, entre otras, parecen prácticas ya extraviadas en la arquitectura moderna de la casa habitación como solución del Estado.

En tal sentido, “Rebecca” funciona en dos sentidos paradójicos como obra: por un lado advierte sobre la compleja trama que hay que sortear para alcanzar el derecho a la vivienda, pero también resulta en una feroz crítica del actual sistema institucional, sus trabas, sesgos y necesidades, cree el director del montaje creado por egresados de la UAHC.

“Como todo beneficio de postulación, hay que conocer muy bien todas las reglas y resquicios para lograr acceder a subsidio para la vivienda. Parte importante de la población consigue su casa a través de este sistema ya que no puede optar a un crédito. Y los que pueden, igualmente se endeudan con el banco por 25 a 30 años. Nos hemos topado también con historias de personas que utilizan el beneficio para obtener otros dividendos y con todo esto, lo importante de hacer la obra tiene que ver con analizar el trasfondo del mecanismo y dar cuenta de que finalmente, más que un subsidio a la demanda, es un subsidio que beneficia a la oferta”, cree Ahumada.


La fantasía de la casa propia

Diversas viñetas y estereotipos de personas en busca de una casa propia se enfrentan a la muralla burocrática representada por esta funcionaria del Ministerio de la Vivienda (“Rebecca”) que recurre a chispazos de humor negro y un blindaje a prueba de resquicios. El humor distiende parte de ese drama tras la galería de personajes como un recurso crítico y que moviliza la obra, creen los autores. “Esta cuota de humor nos permite invitar al espectador a integrarse a la escena, ya que la obra es un ejercicio de teatro participativo en que es fundamental encontrarnos con el empatía de la audiencia e invitarlo a participar en varios momentos del relato”, señala Ahumada.

La obra que se encumbra ya en su segunda temporada en la sala Sidarte, ha despertado el interés de diversas municipalidades y organismos vinculados al servicio de vivienda dado el carácter “informativo” que se desprende de sus 80 minutos de duración. “Han asistido algunos dirigentes de los movimientos de pobladores, tanto en el proceso de creación de la obra como en su desarrollo, lo que ha sido muy importante para nosotros. Finalmente la obra se constituye como otro frente de resistencia en la lucha en torno al derecho de una vivienda digna y la ciudad”, agrega el director de “Rebecca”.

 

-¿Les parece que hay un eufemismo detrás del concepto de “el sueño de la casa propia” si consideramos que esta idea esconde la imposibilidad para muchos de acceder a una casa digna?

-Sin duda que sí. “El sueño de la casa propia” es aquella construcción que han ido formulando tanto los medios como el sector privado desde hace más de 20 años para favorecer una oferta inmobiliaria y para convertir la vivienda en un bien de consumo. El derecho a la vivienda digna y a una ciudad integradora es esa otra cara de una misma necesidad, aquella lucha que llevan desde hace bastante tiempo diversos movimientos de pobladores por una vivienda digna. Cuando se trata de visibilizar la actual precarización de las viviendas para migrantes, la construcción de gettos verticales, y perpetuar la miseria urbana para familias completas, creemos que también es el turno de mejorar las políticas públicas porque con la dignidad humana no se juega.

“Rebecca”

La obra puede verse hasta este sábado en el Teatro Sidarte con funciones a las 20.30 hrs. El Teatro Sidarte está ubicado en Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Barrio Bellavista, Santiago.

 Dirección; Tomás Ahumada
Asistencia de dirección: Carla Schmied

Diseño Integral: Elizabeth Pérez

Música: Luis Balmaceda

Elenco: Karina Ramírez, Valeria Leyton, Francisco Noulibos, Constanza Barrera, Fernando Rosselot