Aneth del Pilar: “Esta ley no es ideología, es un derecho humano”

“Para la población trans, sin dudas, las redes sociales han favorecido a que el tema y la agenda trans se difundan, así que las nuevas generaciones no están tan solas en el tema de la construcción del cuerpo, no tan sólo con las hormonas y las operaciones, sino que también con el tema de la identidad”, dice Aneth en esta entrevista.

Durante las últimas semanas, la agenda parlamentaria ha abordado extensamente la Ley de Identidad de Género (LIG) tras cinco años de debate. Mientras que el oficialismo y representantes del mundo cristiano buscan declararla inconstitucional, la oposición y distintas organizaciones sociales celebran su promulgación. A la par, en redes sociales, la discusión se ha centrado en los niños y niñas trans pues los menores de 14 años no fueron incluidos en la ley. Sin embargo, poco se ha debatido sobre los efectos de esta ley en la comunidad trans adulta. ¿Cuál es su opinión respecto a la LIG y cómo piensan que les afectará en lo práctico, en una vida cotidiana que ya es extremadamente poco conocida?

Para ahondar en este tema, conversamos con Aneth, mujer trans de 35 años que actualmente reside en Santiago. Luego de comenzar su transición a los 17 años, de peregrinar por varias ciudades del país, y de participar en distintas organizaciones sociales como Acción Gay, Sindicato Afrodita, Traves Concepción, OTD, y el Sindicato Amanda Jofré, actualmente se desempeña como secretaria en la junta de vecinos “El Progreso”, participa en el Comité de Vivienda “Por un Santiago Multicolor”, y en el Frente de Género y Diversidad del Frente Amplio. Como activista, su trabajo se ha enfocado en empoderar a la comunidad, visibilizar su lucha, sensibilizar a la sociedad y rescatar  lo que queda de la memoria trans: recopilando historias y testimonios de sus compañeras. En la entrevista que presentamos, Aneth destaca que la identidad es un derecho humano, llamando a las generaciones más jóvenes a empoderarse, a perder el miedo, y a enorgullecerse de la lucha histórica de la comunidad trans.

SER TRANS HOY YA NO ES LO MISMO QUE ANTES

¿Perteneces a una organización, cómo fue tu proceso de transición?

-Soy independiente y aunque ya no pertenezco a ninguna organización, pretendo seguir aportando con mi experiencia en distintos espacios. En general, las mujeres trans que somos de otras generaciones, y que comenzamos nuestra transición hace bastantes años, siempre supimos que el trabajo sexual era lo único que nos quedaba. Ver que ahora puede ser distinto, dado que las familias están apoyando e involucrándose en el proceso de transición de sus hijos y de sus hijas, es algo que nos conmueve y nos llena de alegría (….), saber que estas nuevas generaciones no tendrán que desertar del sistema escolar, ni abandonar sus hogares para vivir como realmente sienten ser, y tampoco tener que ejercer el trabajo sexual como único medio para subsistir. Éste es el gran anhelo de la mayoría de nosotras que pasamos por la escuela de la calle: que nadie tenga que prostituirse por obligación, porque quienes quieran ejercer este oficio lo hagan con plena autonomía.

¿Qué crees tú que conlleva ser trans en Chile hoy?

-Por muchas décadas fuimos peyorativamente llamadas “travestis”, se suponía que éramos hombres que se travestían de mujer para así poder vivir nuestra supuesta homosexualidad. No lo he encontrado en ningún libro pero creo que la palabra “travesti” debe venir porque las compañeras tenían que “trasvertirse” de noche, o en lugares cerrados para no ser violentadas, para no ser llevadas presas. En la medida en que fueron pasando los años, las compañeras fueron ocupando las vías públicas para poder ejercer el trabajo sexual. Nosotras siempre agradecemos a las generaciones que estuvieron antes que nosotras porque son las que nos abrieron las Alamedas. Hoy y gracias al empoderamiento de nuestra comunidad, se puede entender de mejor manera desde el área psicosocial. Así descubriremos que existen personas trans que se autoperciben como “transgénero” y otras como “transexuales”.

Para la población trans, sin dudas, las redes sociales han favorecido a que el tema y la agenda trans se difundan, así que las nuevas generaciones no están tan solas en el tema de la construcción del cuerpo, no tan sólo con las hormonas y las operaciones, sino que también con el tema de la identidad. Antes era como más acotado, nos conocíamos todas. En las nuevas generaciones no se da tan así. Lo que pasa es que nosotras compartíamos el escenario de la calle, todas nos identificábamos así, todas nos conocíamos, la red era como más pequeña. Las nuevas generaciones… son otras las instancias o escenarios en donde se conocen, como Facebook. Yo participo en un grupo cerrado de mujeres trans y hasta el momento debe tener como 700 integrantes.

Son hartas…

-La gran mayoría son de Chile, de distintas regiones, pero también participan chicas que son de países vecinos. En este escenario son otros los conocimientos que se comparten, son otras las inquietudes que les asaltan a las cabras. Uno es el tema hormonal, otro son tips de belleza, otro es el tema laboral. Por ejemplo, quieren saber “¿Chiquillas, dónde están trabajando?, ¿Les costó mucho encontrar pega?”. O las que quieren pasar por una cirugía: “¿Chiquillas, ustedes se operaron?, ¿Duele?, ¿Qué doctores hay?”. También, ahora hay personas que tienen otro poder adquisitivo, no sé, que piensan en la feminización facial, por ejemplo, en especial la población trans adulta que está haciendo su transición hace pocos años (…). Aunque nosotras sabemos que la primera aceptación viene desde adentro, desde el corazón, es necesario el apoyo de la familia, de tu círculo cercano, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus redes de apoyo. Yo creo que la población trans, una de las cosas que tiene especialmente en las generaciones más antiguas, es el tema del deterioro de la autoestima. En eso hay que trabajar.

HABLEMOS DE “EMPATÍA” Y NO DE “TOLERANCIA”

Desde tu perspectiva, ¿cómo crees que ayuda en eso la LIG?

-Yo creo que hay un gran avance pero que todavía hay harto desconocimiento y resistencia de ciertos sectores. Hasta que tú no te ves familiarizado con este tema como que no te importa. El chileno se auto-caracteriza como solidario pero somos empáticos sólo con las realidades que son cercanas a nosotros. Si es que eres mamá, por ejemplo, y en el curso de tu hijo hay un compañerito o compañerita trans, a lo mejor ahí recién te va a interesar el tema. Uno de los grandes aportes que han hecho las organizaciones trans y de la diversidad sexual es en el lado educativo. Y en el área de la salud, claro, te instruyen sobre todo lo que es la Circular 21, la 34, y de los avances que se han hecho para que se respete la identidad y la expresión del género de la persona que necesita acceder a estos servicios. Pero lo fundamental es el tema de la sensibilidad: tú, aparte de tu trabajo, eres persona. Es importante la empatía, ponerte en el lugar del otro. Por eso no hablamos tanto de “tolerancia” (porque la tolerancia tiene que ver sólo con el “yo te aguanto pero no te metas conmigo” o “yo te aguanto pero no invadas mi espacio”), sino que de “empatía” porque es algo mucho más profundo, es ponerse en el lugar de otra persona, y es un ejercicio que debiésemos practicar como sociedad.

¿Y cómo aporta la LIG a eso?

-Para mí, esta ley es como una esperanza tanto para las personas trans como para sus familias. Una esperanza, primero, para las nuevas generaciones. Y una esperanza, también, para las generaciones de las compañeras trans sobrevivientes, para que se puedan insertar a la sociedad, luego de un Estado que nos sentenció sin conocernos. Esto no es fácil, no es que la LIG vaya a cambiar todo el pasado y vaya a derribar todas las barreras de acceso que tenemos. Es algo que recién comienza y lo sabemos bien porque en países como Argentina, que ya lleva como cinco años la ley allá, aún existe una violencia terrible contra las trans. Para poder impulsar el desarrollo de la población trans tiene que haber un marco legal pero también, tiene que haber un cambio cultural. Chile está en deuda con nuestra comunidad, después de 30 años del retorno de la democracia.

De todas las personas, inclusive dentro de la diversidad sexual, la población trans es la que está más abajo, es la que menos ha podido acceder a otras cosas. Por ejemplo, compañeros gays y compañeras lesbianas sí se han podido desarrollar profesionalmente aunque también hay un montón de derechos que les falta por conseguir. Pero la población trans está un poco más abajo todavía porque ni siquiera estamos reconocidas como personas, como sujetas de derechos. O sea, una persona trans que está en situación de pobreza ni siquiera puede calificar para los beneficios sociales porque ser trans no existe en el Registro Social de Hogares. Si una persona trans quiere postular a un subsidio habitacional es casi imposible porque la asistente social va ver que es un hombre que no tiene experiencia laboral, es decir, va a ver que es un vago en el sistema y que viene a pedir beneficios. Entonces, no califica.

¿Crees tú que la LIG es un aporte en este tipo de situaciones?

-La LIG, en lo práctico, es una actualización de datos del carnet de identidad, cambios que respetan el nombre social y el sexo registral de la persona. Eso significará cambios profundos en varias materias. Entre ellas, esperamos que se le asignen recursos económicos a la “Vía Clínica”, programa de atención dirigido a personas trans y que nació en el primer gobierno de Piñera. Insisto, hay que hacerse de cargo de la deuda que Chile tiene con la población trans. A veces siento que el Estado, o la sociedad, piensa que las personas trans como que nacen de ‘aquí pa’ adelante’. Entonces, ‘de aquí pa’ adelante vamos a hacer las cosas bien’ pero lo que pasa es que ‘pa’ atrás’ hay mucho daño, hay muchas compañeras que fallecieron y que no se reconciliaron nunca con sus familias (…). Entonces, la LIG te va a dar un carné para poder insertarte en la sociedad, te va a permitir buscar pega, sentirse cómoda, va a cambiar realidades.

LA IDENTIDAD NO ES IDEOLOGÍA, ES UN DERECHO HUMANO

¿Crees que es perjudicial que no se haya incluido a menores de 14 años?

-Claro que sí, la LIG no debiese discriminar en el acceso al derecho de la identidad, en especial con menores de 14 años, en plena pubertad, experimentando todos los cambios hormonales y externos. Yo me intenté suicidar cuando tenía 14 años. La inclusión de niños y niñas en la LIG es un compromiso pendiente. Al menos, en el último trámite, la comisión mixta incluyó un sistema de apoyo, conformado por un equipo multidisciplinario que ayude y asesore a las familias que están viviendo este proceso. Muchas familias tienen la mejor disposición de apoyar a su hija o a su hijo pero va a ser en el entorno en donde se note. Es necesario que la familia esté empoderada para que el hijo o la hija trans sepa que es una persona sujeta de derecho.

¿Y qué opinas de las posturas contrarias a la ley?

-Nosotras sabemos que tenemos la oposición de un sector del mundo religioso, de un grupo de evangélicos que irresponsablemente dicen representar a todo el mundo cristiano. Lo descubrimos durante estos cinco años de incidencia política, realizando lobby a parlamentarios. Fueron muchos los pastores y feligreses que amenazaron a senadores y diputados con “castigarlos” con su voto si apoyaban la LIG. Este grupo se encargó de poner el tema de la ideología de género, como si los trans existiéramos en un mundo imaginario, cuando la realidad es que trabajamos para defender nuestros derechos fundamentales. Nosotras no estamos imponiendo una ideología: estamos defendiendo un derecho humano. Todas las personas tenemos derecho a la identidad y todas las personas somos sujetas de derechos.

Se habló mucho de la autonomía progresiva: ¿Desde qué edad un niño es consciente de la identidad que tiene? Es un proceso, claro, del cual los padres y la familia son parte importante, pero se presentaron ejemplos ilógicos. Pensar que un niño de 10 años va a ir al Registro Civil, sin decir nada, y que iba a llegar a su casa diciendo: “mamá, mira, fui al Registro Civil porque yo me siento niña, y me cambié el nombre y el sexo”.

Suena ridículo…

-Creo que van a ser las nuevas generaciones las que van a dar la batalla en el tema de la identidad. Esta ley, obviamente, marca un antes y un después, pero a esta ley se tiene que sumar una reparación histórica para la población trans adulta. Lo que apremia después de la LIG es el tema laboral, el de las jubilaciones o pensiones asistenciales a las trans sobrevivientes. Pienso, por ejemplo, en la compañera que nunca ha trabajado, el que se le pueda dar una pensión porque el que no haya podido trabajar, con todas las de la ley, no es su culpa. O en las compañeras que llegando a los 40 o 50 años, cuando ya no pueden ejercer el trabajo sexual, se cortan pelo, viven con una apariencia “masculina” para poder trabajar lavando platos o haciendo aseo. No es justo que estas personas tengan que transar su identidad.

LA LIG ES UN GRAN PASO PERO NECESITAMOS DE UN CAMBIO CULTURAL

¿Cuál crees que es el impacto más concreto de la LIG en acceso a ciertos servicios sociales como la educación, salud, o mercado laboral?

-Uno de los tantos e importantes aportes que han hecho las organizaciones trans y de la diversidad sexual es en sensibilizar a funcionarios de distintas áreas, instruyendo sobre la existencia de la Circular 21 y 34 en Salud y la Circular 768 en Educación, grandes avances que apuntan a garantizar el respeto y el trato digno de las personas trans.

En el tema de la inclusión laboral, requerimos del cupo laboral trans, como se ha hecho en otros países. Es importante que el Estado y el área privada se comprometan, por ejemplo, a contratar un porcentaje de personas trans, como existe el porcentaje de personas con capacidades distintas. Es importante, sobre todo, para la población trans adulta que no ha accedido al cambio registral, que no tiene experiencia laboral, muchas de ellas no terminaron sus estudios, y que por todo esto les cuesta más.

Otra cosa importante es considerar a la población trans en todos los instrumentos que levantan información a nivel nacional, como el Censo, la Encuesta Casen, y todas las bases donde se busca recopilar la realidad de la población chilena. Se debe incluir la categoría trans, y si son hombres o mujeres, si es que hay personas trans que van a acceder al cambio registral y que no se van a querer identificar como personas trans. Es importante que todos los instrumentos de levantamiento de información incorporen la temática de identidad de género porque las políticas públicas se hacen en base a estos datos duros. Es importante ampliar el espectro para poder mejorar la calidad de vida de todas las personas y no todas las personas necesariamente vamos a caer en una sola casilla.

Y no todas las personas tienen las mismas necesidades tampoco. Con respecto a la población migrante que es trans, ¿Tú crees que la LIG va a ser una ayuda? 

-Para ser honesta, la población trans que llega a Chile – o la gran mayoría que yo conozco, porque no existen datos estadísticos – llega aquí a ejercer el trabajo sexual. Te estaría mintiendo si te dijera que las compañeras van a llegar a trabajar de profesoras, de cajeras, de gerente de Recursos Humanos, tal vez en peluquería… pero un pequeño porcentaje. Si bien es cierto que en Chile hay una violencia que es social y represión policial, el nivel de violencia que se vive aquí no es tan extremo como en otros países. Imagínate que la expectativa de vida de la mujer trans, en promedio, es entre los 35 y 40 años… siendo que para una persona normal es el doble.

En el caso de las compañeras que viven en Chile, no se ve tanto que tengan que salir del país para buscar una “mejor” vida… pero sí la población trans de países como Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia que encuentran en Chile un país un poco más seguro y en donde la economía les favorece. Son compañeras que no tienen documentos, ni empleo formal, y tienen grandes dificultades para arrendar un departamento, les cobran tres veces lo que vale. Y es triste que lleguen a Chile y únicamente les podamos ofrecer trabajo sexual.

Y no sólo la migración proviene de otros países, a la Región Metropolitana o a ciudades más grandes, también llegan compañeras de distintas regiones. Por ejemplo, antiguamente, cuando una comenzaba la transición, tenías que emigrar, las familias no apoyaban nuestra decisión, y tenías que irte para volver a años después y presentarte con una nueva imagen. Cuando volví por primera vez a Valparaíso, me di cuenta que allí trabajaban muchas compañeras de regiones porque estaba el doctor Guillermo McMillan, quien es pionero y experto en vaginoplastía. Como muchas compañeras tenían el sueño de operarse, llegaban a Valpo o a Viña porque tenían que estar cerca del hospital para hacerse los controles, para conocer a otras compañeras que ya se habían operado… entonces, aprovechaban de trabajar y de tener una red de apoyo.

Has hablado harto del tema cultural pero, ¿en qué medida crees que la LIG aporta a generar una cultura de respeto y empatía?, ¿Pasará lo mismo que con la Ley Zamudio?

-Espero que algún día la sociedad comprenda que, más allá de existir hombres y mujeres “biológicos”, ser “machos o hembras”, existen personas. Nosotras, como personas trans, entendemos que “ser hombre” o “ser mujer” es una construcción social y que mis genitales de nacimiento no determinarán necesariamente quién seré en el futuro.

Basta con conversar con las nuevas generaciones para darse cuenta que ellos vienen con el “chip cambia’o”, y que la resistencia no está en ellos sino que en la población más adulta, que transmite sus traumas, sus temores (…). Los jóvenes de hoy en día son lo suficientemente inteligentes para darse cuenta que la vida no transcurre en “blanco y negro”, por el contrario, está llena de matices. En la medida en que aprendamos a valorar nuestras diferencias, podremos respetarnos de verdad, creceremos como persona y construiremos una sociedad más sana y feliz.

Lo que hizo la Dani (Daniela Vega) con “Una Mujer Fantástica” es un orgullo para Chile, no tan sólo porque ganó un premio Óscar sino porque refresca un tema que llevaba cinco años en el Congreso. Pero ojo… también existen otras películas sobre mujeres trans como “Naomi Campbell” que es protagonizada por la activista Paula Dinamarca. También hay documentales donde participó Mara Rita, quien fue activista y autora del libro precioso “Trópico Mío”.

También, ojo, la lucha trans no nace hace cinco años con la LIG sino que muchos años atrás con la resistencia de las compañeras travestis que resistieron la dictadura, o cuando los neonazis les sacaban la cresta en las llamadas “barridas”. Las que resistieron el 2005 cuando, por el Artículo 373, nos llevaban presas solamente por andar vestidas de mujer porque los carabineros decían que una andaba ocultando su identidad. Entonces, a la par del marco legal, hay que dejar registro de esto.

LA NECESIDAD DE LA MEMORIA Y DEL PATRIMONIO TRANS

¿Qué otras medidas crees que se hacen necesarias para el reconocimiento de la población trans, en concreto?

-Creo que sería tremendamente valioso que todas aquellas personas que son trans y que vivieron en décadas de un Chile mucho más hostil, puedan compartir su testimonio. Pienso que una comunidad que tiene memoria, permanecerá siempre viva. Un país que sabe desde dónde nació, desde dónde vino, tal como pasa con las personas torturadas, exiliadas, desaparecidas, y asesinadas en dictadura. Debemos recordar para nunca olvidar y para que la historia no se repita. Con la población trans debería hacerse lo mismo.

Es importante que las generaciones nuevas sepan lo que costó llegar hasta aquí para que valoren y se enorgullezcan de ser trans. Lo que tiene la población trans es algo súper lindo y único, porque la población trans no viene de padres trans. Las nuevas generaciones necesitan saber cuál es su patrimonio, cuál es su herencia cultural, cuáles son nuestras costumbres – como el arte del transformismo o la vida circense – porque eso les va a servir a ellos, como generación, para quererse más, y poder escribir su historia. Van a pasar 100 o 200 años y van a decir: “no te puedo creer que antes se peleaban por estas hueás”. A lo mejor por estas cuestiones se van a reír de nuestra sociedad. Hay que hacer un trabajo importante en poder documentar, de ir dejando un registro de toda esta cultura.

¿Qué le dirías a las nuevas generaciones?

-Les daría el mismo consejo que les dijo Daniela Vega: que se enorgullezcan de ser quiénes son, que no tengan miedo de pedir ayuda, que luchen por ser libres, y que no cometan el error que cometimos las generaciones antiguas de creer que nosotras teníamos la culpa. El mundo necesita conocernos y aprender de nuestra valentía Y este mensaje no va sólo para las nuevas generaciones trans sino que, también, para las familias que viven esta realidad. La historia de aquí pa’ atrás fue distinta, lo sabemos. Cuando yo llegué a la calle, las cabras me dijeron: ‘piénsala bien porque te van a pegar, te van a patear, te van a escupir, se van a reír de ti, vai’ a perder a tu familia’. Las compañeras me decían ‘piénsala bien porque esta vida no es fácil’… entonces, que las generaciones nuevas no tengan que enfrentarse a este panorama, o que tengan la esperanza de no enfrentarse a este panorama, es precioso.

*Agradecemos a Danitza Jiménez y a Sara Palma de la Comisión de Contenidos de La Rebelión del Cuerpo por colaborar en la transcripción del material.

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