El lenguaje inclusivo avanza fuerte en Argentina impulsado por el movimiento feminista y las adolescentes, que desde sus institutos enarbolan la bandera de la igualdad y defienden la implementación de la “e” al idioma para incluir a las disidencias.

Con la frase “les diputades están indecises” una joven captaba hace unos meses la atención de todos en medio del debate sobre la legalización del aborto en Argentina.

Era Natalia Mira, hoy presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini, uno de los más emblemáticos de Buenos Aires, y sus palabras pusieron el foco en el uso del lenguaje inclusivo en el país.

Su caso no era el único, de hecho, la implementación de esta modificación del lenguaje “está en crecimiento”, explicó a Efe Malena Wilfrido, referente estudiantil del colegio Mariano Moreno de Buenos Aires.

“La realidad es que la mayoría de les docentes (sic) hablan con la ‘e’, escriben con la ‘x’, muchos exámenes que nos entregan están escritos en lenguaje inclusivo, y por ende también te sentís mucho más cómode a la hora de redactar”, señaló.

La juventud impulsa esta transformación y si en un momento fue la “@” para incluir el binario masculino-femenino, ahora la sociedad se dirige también a las disidencias utilizando la “x” y la “e”.

“Es algo cotidiano”, dijo Wilfrido, y aunque entiende la transgresión que supone para generaciones como la de sus abuelos, considera que la verdadera “avanzada” está precisamente en que se dé el debate, “porque lo que no se nombra, no existe y por tanto no tiene derechos”.

Cuando la periodista María Florencia Alcaraz escribió su “Manual de instrucciones para hablar con e”, un aclamado artículo publicado en la revista Anfibia, pensó que el público iba a ser “más hostil” ante un tema que polariza tanto a la sociedad.

Por contra, esta feminista declarada asegura que mucha gente “celebraba poder sistematizar” la información en torno a una discusión que ya estaba dada.

Para ella, el éxito de la “e” radica en que se trata de una letra “incisiva”, “molesta” y que “obliga a pensar en otras identidades”.

Alcaraz es cofundadora de LATFEM, un medio de comunicación feminista centrado en la realidad de Latinoamérica y El Caribe, donde escriben todos sus contenidos con “x”.

Una decisión editorial que comparten otros portales de noticias locales, organizaciones de derechos humanos y que tomó impulso con la fuerza de las adolescentes desde el debate sobre la legalización del aborto y la Ley de Educación Sexual Integral (ESI).

Pero la realidad es diferente en otros puntos del continente.

“En México o Centroamérica es una discusión que se está dando empujada únicamente por los feminismos”, opinó la periodista.

El tema está en la calle. De hecho, según explicó a Efe Juan Roberto Mascardi, coordinador de Fundeu Argentina, muchas de las consultas que recibió en 2018 esta institución cuyo objetivo es difundir “el buen uso del español” fueron sobre lenguaje inclusivo.

“Creemos que la discusión sobre el lenguaje inclusivo excede de alguna manera el plano de las normas gramaticales, dado que se trata de un uso político o transgresor del lenguaje y consideramos de alguna manera potestad de los hablantes tomar ese tipo de decisiones”, argumentó.

A título personal, Mascardi coincide con la idea de que en Argentina “pareciera que ha tenido un alto nivel de penetración”, aunque le resulta “difícil discernir si es un uso mayoritario o amplio de la región o si se ha generado un microclima que ha sido exaltado por los medios de comunicación”.

La Academia Argentina de Letras es tajante.

Si bien reconoce que la “propuesta inclusivista” es “legítima”, respecto a la “e” exponen en una carta facilitada a Efe las razones que, a su juicio, anticipan su “fracaso”.

El texto, firmado por el titular de la institución, José Luis Moure, señala que es una práctica que no surge “desde abajo” como una “necesidad expresiva de un número considerable de hablantes”, sino como una propuesta “numéricamente minoritaria” y nacida de un grupo de clase media que busca “imponer con marca en la lengua” un valor en torno a un reclamo social.

Asimismo, lo califica de “complicación inducida” y “arbitraria”, sin existencia en la conformación histórica de la lengua española, por lo que le resulta una “interferencia lingüística mucho más grave”.

Este año coincidirán en Argentina el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española y el I Congreso de Lenguaje Inclusivo. Solo el tiempo definirá si quienes acusan a esta transgresora variante idiomática de “moda pasajera” se equivocaron.