Alex Anwandter está sentado en la terraza de un café de Vicuña Mackenna, comuna de Ñuñoa. Se le acerca la mesera y pregunta si le molesta la música para realizar la entrevista, a lo que el cantante le pide gentilmente que le baje un poco. El artista se encuentra en el país por presentaciones en Santiago y Mantagua.

Ha sido un buen año para el músico: estrenó su disco “Latinoamericana” y su trabajo tuvo una buena recepción. Hoy afina sus instrumentos para presentarse el próximo 21 de marzo en la explanada de Matucana 100, dentro del marco “Matucana  Suena”, ciclo que contará además con Nano Stern y Matanza.

En el contexto del emblemático proyecto de Ley del negacionismo y de las políticas sociales que se han dado en Latinoamérica y Estados Unidos, su lugar de residencia, se muestra preocupado y no entiende cómo ciertos pensamientos siguen vigentes en el continente. Además, se refiere al boom del reggeaton, su aprecio por la música de Gianluca (cantante de trap) y al Festival Coachella, que tendrá lugar en abril de este año en California, EEUU.

En nuestro país, en ciertos sectores de la política, evocan la libertad de expresión para justificar discursos clasistas y xenófobos, ¿qué opinas tu sobre el derecho a libertad de expresión y su utilización?

-Me sorprende que la paradoja de la tolerancia, que es súper antiguo, de “tolerar la intolerancia” y la respuesta es no, no sea un conocimiento común y nos veamos obligados a tener este debate, como “¿deberíamos tolerar a los neonazis que nos quieren matar o no?”. Se me hace raro que estemos ahí de nuevo, habla mucho de lo cíclico que es la historia.

Por supuesto que hay que cortar esos discursos y no darles espacios en la sociedad para proteger al resto y a nosotros mismos.

Con respecto a la Ley de negacionismo, ¿Estás de acuerdo con sancionar con cárcel a las personas que nieguen las violaciones a DD.HH?

-Sí. Creo que no debería haber debate al respecto. De hecho, ese es el tema, si existe un debate y la idea es llegar colectivamente al acuerdo hay ciertas cosas que no se pueden discutir; como que asesinaron personas en un régimen autoritario y quien sea que lo niegue nos está haciendo un daño colectivo.

Mientras en la música, Estados Unidos da estas señales de ser más abierta a lo extranjero, en materias políticas es cada vez más segregador y racista de la mano de Trump ¿Quién crees que ganará este gallito cultural? ¿La música o la política?

-Hay ciertas premisas de esa pregunta con las que no estoy de acuerdo. Por ejemplo, que la música es cada vez más abierta a lo extranjero. Por decirte algo, la revista especializada en música más prestigiosa de Estados Unidos, que se llama Pitchfork, prácticamente no reseña nada que sea en español, a pesar de que sean fenómenos mundiales.

Todos sabemos que Shakira es ultra famosa. Jamás han reseñado discos de ella. En cambio el de Rosalía sí, pero no comparto la idea de que está todo EE.UU. pendiente de la música extranjera, para nada.

Lo que me he podido dar cuenta es que es un país diverso en una dimensión que nosotros no conocemos y no tenemos tal grado de diversidad acá. Existen grupos satánicos de Kansas que votan por Trump y creen en la confederación de 1800 y también hay periodistas ultra especializados que “abrazan” la música de Chile. Pero, no le hacen, en absoluto, un contrapeso a la gran fuerza que existe en Estados Unidos que es la supremacía blanca, no están en la misma balanza.

Entonces, ¿Quién está ganando el gallito?

-El gallito no existe.

¿Crees que la reciente ola de ideología derechista más conservadora en el continente es un obstáculo o un incentivo para el desarrollo de la música latina?

-No me gusta mucho la forma de plantear eso porque yo me acuerdo cuando salió Bush, se hablaba mucho de que el rock iba a tener nueva fuerza para responder a todo esto. Pero se me hace que es una evidencia de que existe cierta desconexión, de ciertos artistas, en relación a su contexto.

Por ejemplo, dicen  como “si, va a salir un loco fascista y autoritario pero vamos a tener arte bacán”, o sea, vamos a tener gente ofendida pero van a salir canciones buenísimas. Es súper de mierda pensar así, hay que priorizar las vidas de las personas a que el arte se potencie por tener figuras autoritarias por las que rebelarse.

El PESIMISMO DE “LATINOAMERICANA”

La última vez que te entrevistamos estabas a punto de lanzar “Latinoamericana”, ¿Cómo crees que la gente ha recibido esta propuesta?

-Yo creo que súper bien. Creo que es un disco un poco más difícil o más exigente en el sentido que no está tan evocado a la entretención, pero al mismo tiempo se me hacía importante reflejar lo que yo sentía que estaba pasando, que era una cosa como bien oscura y terrible en el mundo. Tampoco siento que mi responsabilidad sea entretener el 100 por ciento del tiempo.

¿Por eso las canciones son más abstractas que en Amiga, por ejemplo?

-Sí, totalmente. Y es sobre todo medio pesimista. Yo siento que ya se me pasó, porque lo hice. Necesitaba hacerlo.

Fue como una serie de hitos que estaban pasando en el mundo, y una sensación a la que uno se acostumbra rápido, pero hubo un tiempo sobre todo en la época en la que estaba componiendo el disco en la que todo era muy terrible. Yendo en una dirección muy muy equivocada. Y tal vez aún lo está, pero yo ya no soy tan pesimista al respecto.

Entonces, ¿fue cuando lanzaste el disco que se fue ese pesimismo?

-Es que para mí el proceso se completa cuando uno pública. Ahí es cuando te lo sacas del cuerpo realmente. Y, curiosamente, pasaron cosas que me sorprendieron un poco, por ejemplo que gran parte del público se aferró mucho a ciertas frases más esperanzadoras del disco – frases, ni siquiera canciones – y ahí me di cuenta de que me había preocupado inconscientemente de abrir estas pequeñas puertas para que no hubiera una desesperanza completa.

En todo caso tampoco es como un disco ultra angustiante ni nada, tiene canciones entretenidas también y obvio que a la gente le gusta eso.

Tienes una agenda apretada para fines de enero. ¿Qué tienes pensado mostrarle a tus fans en Chile en esta pasada?

-Honestamente es en gran parte el disco nuevo, bueno y obvio que todas las canciones de mis otros discos. Pero el último disco se publicó solo hace 4 meses y hay mucha gente que no ha visto las canciones en vivo. Eso es un proceso súper necesario en mi opinión, la comunicación entre la gente y yo.

No es lo mismo darle una pasada en Spotify a que esté yo comunicándoles la canción frente a frente. Entonces me doy el tiempo para que eso suceda bastante, con distintos públicos y en distintos lugares.

¿Hay algún artista o banda chilena emergente que estés escuchando y que te parezca interesante?

-Sin ser así como mi género preferido, siento que este chico Gianluca tiene una cosa como auténtica. Eso lo aprecio mucho, se nota que lo que hace es de verdad. Más que original es muy sincero, eso es muy importante.

El 25 de enero vas a presentarte en el Roxy Theatre en Hollywood, lugar por donde pasaron Prince, David Bowie, Aretha Franklin, entre otros. ¿Crees que este es un hito importante en tu carrera? ¿Más que otros digamos?

-Quizás me pasó de huaso, pero me enteré mucho después de lo importante que era el teatro. Me dijeron “oye te conseguimos un show en el Roxy” y yo dije “ya, bacán”.

Por ejemplo, no sabía que Aretha Franklin había tocado ahí, me acabo de enterar por ti. La semana pasada me enteré que David Bowie había tocado, entonces como que cada vez me da más miedo. Pero afortunadamente, y suena como medio mamón quizás decirlo, intento no hacer diferencias entre shows.

No porque voy a Pelotillehue voy a hacer un show más penca que si voy a Los Ángeles. Siento que es como cuando un actor de teatro hace una obra. Tienes que emocionarte y hacerlo completamente metido cada vez que lo haces, independiente de quién esté ahí. Igual se trata de comunicación, es algo bien especial, el conectarse con uno mismo y con el público al mismo tiempo. En el minuto que me suba al escenario va a ser igual que cualquier otro show.

Tu eres un artista que hace canciones con mensajes sociales y políticos, criticando el paradigma en el que vivimos. ¿Qué te parece esta paradoja de que alguien que quiera hacer reivindicaciones sociales con su arte tenga que exponerlo en museos y teatros de élite como el Roxy, para que este logre su objetivo de llevar el mensaje a más gente?

-No veo mi carrera como una cosa donde yo tenga que tocar en el Roxy para que alguien escuche mis canciones, más bien porque las canciones han reverberado en el tiempo en el que llegué a tocar a un lugar así. No encuentro que eso sea una meta para mí o le dé más valor a lo que estoy haciendo. Siento que eso es una visión medio, bueno en México hablan del “malenchismo”, que es como que ahora que voy a tocar en ese lugar, ahora tiene validez, y no.

Hace 5 años cuando toque algo aquí en un lugar “x” y donde fueron muy pocas personas, para mí sigue siendo mi oficio y sigue siendo igual de válido.

El festival Coachella este año tiene entre sus platos fuertes a artistas como Bad Bunny, J Balvin, Javiera Mena, entre otros. Esto habla de una tendencia. ¿A qué crees que se debe este boom internacional que ha tenido la música latina en el último tiempo?

-Igual a la Javiera yo la separaría del grupo de J Balvin y Bad Bunny. El boom de la música latina ha tenido mucho que ver con un mercado en Estados Unidos. Cuando salió living la vida loca y fue como un mega éxito, se dieron cuenta de que se podía ganar plata con eso. Ahí se armó una sub industria que, para ser muy sincero, a la mayoría de los músicos no nos toca.

Si no eres de ese género específico, que los gringos llaman “urbano” pero es una estupidez, dígase reggaetón o trap o hip hop, en español en Estados Unidos, igual están como en una especie de periferia musical muy fuera del radar. No los agruparía a todos en una sola cosa.

Nosotros y la música que hacemos en general en Chile, como la Javiera o yo por ejemplo, no creo que formemos parte de ese grupo.

Crees que en ese sentido, lo que se considera música latina de exportación, ¿tiene una deuda con agendas sociales como la de género por ejemplo, ya que hablamos de reggaetón?

-Estoy consciente que es una crítica que se le hace comúnmente al reggaetón, pero se me hace errado apuntarlo como único ejemplo de eso cuando el rock, por otra parte, que tiene una tradición de más de un siglo, probablemente es mucho peor en ese sentido.

Entonces, se me hace que tiene unos ciertos tintes, no sé si de racismo, pero creo que señalarlo es medio absurdo. La música en general tiene deudas con la agenda de género, el planeta entero en realidad. Ese es el punto de hablar de esos temas, que si te vas a cada esfera de la humanidad lo puedes encontrar, por eso es un sistema tan complejo, extendido y difícil de desmantelar.