Al final del día, la serie había quedado empatada a uno. Nicolás Jarry había ganado el primer partido y Christian Garín (95 del mundo) había perdido contra Dennis Novak (154º), un rival accesible considerando los casi 60 puestos de distancia en el ranking ATP. Aunque empatar a uno el primer día con Austria no era un escenario particularmente malo, en la sala de conferencias la vibra era amarga. 

Christian Garín se veía muy afectado por su derrota. Ni el histórico optimismo de Nicolás Massú, que lo acompañaba frente a los micrófonos, lo hacía levantar. El número dos de Chile estaba destruido. Con la voz entrecortada, transmitía su amargura por haber perdido y prometió una revancha que pocos creían. Las críticas sobre Garín volvían a aparecer en las mismas redes sociales que él cerró para no desanimarse.

A Garín le ha costado despegar en su carrera y particularmente en Copa Davis. Le tocó perder partidos definitorios y enfrentar críticas que exigían resultados acordes al talento y las expectativas que generó como junior. Por eso le dolía tanto una derrota evitable en el mejor momento de su carrera.

Las  críticas sobre Garín volvían a aparecer en las mismas redes sociales que él cerró para no desanimarse, pero aún así Massú le puso todas las fichas. Al día siguiente, para la jornada decisiva, el capitán apostó por no ocupar a Jarry en el dobles y guardarlo para el cuarto punto. Una movida de ajedrez que no solo significó darle confianza al inexperto Tomás Barrios como acompañante de Hans Podlipnik. Esa jugada maestra fue también ponerse en el escenario de que el dobles podía perderse y confiar a muerte en Christian Garín para que posiblemente definiera todo. 

Aunque el dobles efectivamente se perdió, la decisión sirvió para mostrar que Barrios tiene tenis y una gran personalidad para defender a Chile. No le pesa la camiseta. Luego Jarry tuvo categoría para sacar adelante un partido muy difícil, donde no pudo soltar su juego ante un Novak que sacó el mejor tenis de su vida. Quizás ese mismo partido con Jarry desgastado por el dobles, no tenía el mismo final. Punto para Jarry y el capitán. 

Así llegamos a la serie empatada a dos y con Christian Garín como el hombre a cargo de definir. El mismo que el día antes figuraba destruido, salía a la cancha con toda la confianza del capitán.

Garín diría si Chile avanzaba o no a las finales de Copa Davis a jugarse en Madrid en noviembre y desde la primera pelota mostró el tenis sólido y la cabeza firme que tanto se le ha reclamado, para aplastar con un 6-2 y 6-1 a Jurij Rodionov (197°) y dejar a Chile entre los mejores del tenis mundial. Punto para Garín, para el capitán y para Chile. 

Ser el capitán del equipo nacional de Copa Davis es hoy día un puesto deseado. Hay jugadores de nivel y desafíos de primera línea. Pero cuando Nicolás Massú tomó la jineta no había nada. Hace cinco años Chile estaba en las penumbras del tenis tercermundista con un equipo incierto y joven.

Massú tomó el depreciado cargo sin calcular costos. Con todo en contra se puso a remar como tantas veces lo vimos salvando partidos imposibles. Hubo derrotas, desafíos de cuarta categoría, rivales semi profesionales, canchas para deprimirse y una serie de irregularidades en la dirigencia del tenis que hubieran espantado a cualquiera. Pero ahí estaba Massú al frente de un grupo de adolescentes que solo con mirarlo entienden que se le puede ganar a cualquiera y que no hay excusas para darlo todo.

Entonces se hablaba de largos plazos y esos discursos que hemos oído mil veces con resultados horribles. La única esperanza era que este grupo de jugadores jóvenes madurara para hacer de Chile un equipo competitivo en el futuro. 

En Salzburgo estuvieron prácticamente los mismos que arrancaron con el proceso para pelear por algo grande. Era el mismo grupo pero con otro peso y actitud. Los jugadores han crecido y la mejor muestra es Nicolás Jarry que respondió a su status de top 50, asegurando esos puntos “lógicos” que en Copa Davis no existen. El equipo técnico tuvo oficio y ahí el ejemplo fue uno que no siempre lo tuvo: Marcelo “Chino” Ríos. En Austria, el ex número uno, justamente cuestionado en su momento por salidas de madre, estuvo enfocado en su rol de asistente, jugando realmente para el equipo, como pocas veces lo vimos. 

Entre los miles de clichés del deporte, hay uno que dice que el triunfo siempre es de los jugadores y sería imposible no darle una buena parte de la razón. Hay otro dice que la victoria tiene muchos padres, pero si hubiera que elegir uno para esta hazaña, su nombre es Nicolás Massú.