Frédéric Martel, sociólogo y periodista, relata en el prólogo de su libro que la investigación que realizó para Sodoma, duró cuatro años y que entrevistó a 1.500 personas en diferentes países con la ayuda de ocho asistentes contratados para este fin. Su propósito, aclara, no es sacar a los sacerdotes y obispos homosexuales del clóset, ni tampoco hacer un compilado de abusos, sino que intentar demostrar que la homosexualidad es mayoritaria en la curia y, especialmente, en el Vaticano y que para ocultarla se instaló una estructura de secretismo y complicidad que ha tenido efectos perversos en la conducta pública de la Iglesia Católica.

En un capítulo, adelantado en exclusiva a The Clinic, sobre el pontificado de Juan Pablo II, Martel, autor de varios títulos sobre política y homosexualidad, afirma que Sodano: “Es el «malo» del pontificado de Juan Pablo II (y el «malo» de este libro). Vamos a aprender a conocerle. Diplomático como Casaroli (su antecesor) y taciturno como pocos cardenales, Sodano, según todos los que le conocen, es un cardenal maquiavélico para quien el fin justifica todos los medios. Es la eminencia «negra», no solo «gris», con toda la negrura, la opacidad, de la palabra”.

El autor describe que Sodano, nombrado nuncio en Chile en 1977, conquistó el favor de Juan Pablo II durante la organización de su visita en 1987, principalmente por representar una línea dura anticomunista y porque era más dócil que su antecesor en el cargo de Secretario del Estado Vaticano (y que Sodano conquistó, en 1990)

“Federico Lombardi, que por entonces dirigía Radio Vaticana y después sería portavoz de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, completa esta semblanza del personaje: —Angelo Sodano era eficaz. Tenía una mente sistemática. Era un organizador muy bueno. No era muy creativo ni imprevisible, justo lo que el Papa andaba buscando”, cuenta Martel.

Durante el decenio que estuvo a cargo de la Secretaría de Estado del Vaticano, en el momento en que la salud de Juan Pablo II se deterioraba, Sodano, dice el autor, llegó a ser el “Papa interino” en Roma.

-Angelo Sodano vive hoy en un ático ostentoso de un edificio bautizado como «colegio etíope», en pleno Vaticano. Está recluido en su torre de marfil africano, con todos sus secretos. Si alguna vez existió el jardín del Edén, debió de parecerse a este pequeño paraíso en la tierra: cuando lo visito, cruzando un puente, me encuentro con céspedes impecablemente cortados, cipreses podados y magnolios de flores perfumadas. Es un jardín mediterráneo, con pinos, cipreses y, por supuesto, olivos. En los cedros de los alrededores veo unas cotorras de cabeza púrpura y bigotes, elegantes y multicolores, cuyos cantos, sin duda, depararán un grato despertar por las mañanas al cardenal Sodano (…) Compruebo que en el ático solo vive otro cardenal italiano, al lado de Sodano: Giovanni Lajolo. Protegido e íntimo de aquel, Lajolo, en su calidad de secretario para las relaciones con los Estados, fue su asistente directo en la Secretaría de Estado.

Otros visitantes del edificio se quejan de que un piso esté destinado exclusivamente a Sodano y a quien fuera su mano derecha en el Vaticano, pues fue levantado solo para etíopes.

AMISTAD PROFUNDA CON PINOCHET

Para indagar sobre su huella en Chile, Martel relata que viajó dos veces a Chile y que habló con una “decena” de testigos, además de indagar en los archivos desclasificados de la CIA sobre Chile.

Su primera estadía, como adjunto de la nunciatura, ocurrió entre 1966 y 1968 y luego regresó como nuncio, en 1977. Incialmente, relata el autor, Sodano fue crítico y mantuvo distancia de Pinochet, pero luego, con la excusa de que era necesario para su gestión diplomática, estrechó lazos.

-Sodano trabó una larga relación con Pinochet que los numerosos testigos con los que hablé no dudaron en calificar de «amistad profunda»-, le dijeron a Martel numerosos testigos, aunque el arzobispo François Bacqué, quien fue adjunto de Sodano afirma que sus gestiones ayudaron a proteger los derechos humanos y que fue él quien se opuso a entregar a los miristas que se refugiaron en su embajada, en 1984.

-Según el testimonio de Osvaldo Rivera, un consejero próximo a Pinochet, recogido en Santiago de Chile, Angelo Sodano llevaba una vida de lujo: —Un día me llegó una invitación a cenar del nuncio y la acepté. Al llegar me di cuenta de que era el único invitado. Nos sentamos a una mesa muy elegante, con cubertería de plata. Y me dije: «Este cura quiere mostrarte lo que es el poder, el poder absoluto, y hacerte sentir como el peor de los miserables».

Pablo Simonetti le contó a Marcel que Sodano “era un príncipe. Le veía todo el tiempo: se daba la gran vida. Salía en coche con escolta policial y luz giratoria, algo sorprendente tratándose de un nuncio. Asistía a todas las inauguraciones y exigía un asiento reservado en primera fila”.

Ernesto Ottone, asegura el autor, conoció bien a Sodano y en la entrevista, le comentó:

—En Chile, Sodano parecía todo menos un eclesiástico. Le gustaba la buena mesa y el poder. Me resultaba chocante su misoginia, que contrastaba con sus ademanes muy afeminados. Tenía un modo insólito de dar la mano: no la estrechaba, te hacía una especie de caricia femenina, ¡como una cortesana del siglo XIX justo antes de desmayarse y pedir que le traigan las sales para inhalarlas!

El autor relata que los archivos diplomáticos estaodunidenses desclasificados confirman que, efectivamente, hubo tensiones entre Sodano y Pinochet, especialmente en los primeros años, “pero son más numerosos los documentos que demuestran la lealtad inquebrantable de Sodano a Pinochet. El nuncio miró a otro lado cuando el gobierno detuvo a varios curas acusándoles de actividades subversivas. De hecho, Angelo Sodano acabó siendo, a pesar suyo, el ángel guardián de Pinochet. Empezó a minimizar sus crímenes, en la línea de su predecesor en Santiago que, en 1973, los había desmentido tajantemente calificándolos de ‘propaganda comunista’. También trató de quitar importancia al sistema de torturas sistemáticas, pese a que era masivo y brutal, y abogó por mantener relaciones diplomáticas entre la santa sede y Chile después de que varios países, entre ellos Italia, las suspendieran”.

Sodano fue también un artífice en el nombramiento de cuatro obispos ultraconservadores que hiceron el contrapeso a la Iglesia del Concilio Vaticano Segundo, que tenían mayor peso en la curia chilena antes del papado de Juan Pablo II. Varios de ellos, cuando eran seminaristas, habían frecuentado la parroquia de El Bosque, de Fernando Karadima “En 1983 (Sodano) intrigó para sustituir a (Raúl) Silva Henríquez, un cardenal moderado que criticó los desmanes de la dictadura y se mantuvo leal al presidente de la república, Salvador Allende. Sodano logró que en su lugar fuera nombrado Juan Francisco Fresno Larraín, un notorio aliado de Pinochet y obispo ‘insignificante’”, dice Martel.
“Desde Roma, cuando Juan Pablo II le nombró secretario de Estado, Angelo Sodano siguió moviendo los hilos en Chile y protegiendo al dictador. En 1998 logró que Francisco Javier Errázuriz fuera nombrado arzobispo de Santiago y después propició su nombramiento como cardenal”, dice.

CORTE GAY

Sodano supervisó la visita del Papa Juan Pablo II a Chile, en estrecha relación con el asistente particular del Papa, Stanislaw Dziwisz, quien se encontraba en Roma y viajó con el Papa.

-Según dos testigos que estuvieron presentes, las reuniones de preparación de esta visita arriesgada fueron «muy tensas» y en ellas se formaron «dos bandos» enfrentados, el conservador partidario de Pinochet y el progresista, contrario. Otro aspecto extraordinario de estas reuniones fue que sus participantes fueron «sobre todo sacerdotes homosexuales». El obispo chileno que coordinó la preparación de la visita y uno de sus artífices más eficaces fue un tal Francisco Cox. Este conservador formó parte después en Roma del Pontificio Consejo para la Familia, donde destacó por su homofobia, antes de ser denunciado en Chile por abusos homosexuales-, revela Marcel.

La visita del Papa dio nuevos bríos al dictador, entonces aislado internacionalmente, aunque la oposición también sacó cuentas alegres.

-El dictador no ahorró elogios al nuncio apostólico y meses después le agasajó con un verdadero banquete de honor para celebrar sus diez años de presencia en Santiago. Tuve ocasión de hablar con alguien que asistió a comida y me habló de una complicidad «inhabitual», «inédita» y «anormal» entre el nuncio y el dictador. (Los documentos desclasificados del Departamento de Estado estadounidense lo confirman.)

La amistad, dice Martel, continuó aún después, cuando Sodano ya estaba como secretario de Estado en el Vaticano. Intercedió para que Juan Pablo II le dispensara sus “gracias divinas” en 1993, con motivo de sus Bodas de Oro con Lucía Hiriar y en 1998, cuando fue arrestad en Londres, el Vaticano emitió una airada declaración criticando los intentos de extraditarlo a España.

Santiago Schuler, el dueño del el restaurante El Toro, fue otro de los entrevistados por Martel.“Santiago Schuler es un caso un poco especial. Es un gay partidario de Pinochet”, describe.

-Lo que resulta singular, en cambio, por no decir asombroso, es la existencia de una auténtica ‘corte gay’ alrededor de Pinochet. Nadie la ha descrito nunca con detalle; me corresponde a mí hacerlo, porque entra de lleno en el asunto de este libro. Durante otra cena en la que me da a probar un vino tinto de añada que solo él vende en Chile, le pregunto a Santiago Schuler por la «corte homosexual» de Pinochet. Repasamos una serie de nombres y, cada vez, Schuler coge su teléfono y, hablando con otros simpatizantes de Pinochet que siguen siendo amigos suyos, reconstruye el entorno gay o gay friendly del dictador.

“Hay seis nombres que aparecen siempre. Los seis están relacionados estrechamente con el nuncio apostólico Angelo Sodano. El más ilustre es el de Fernando Karadima”, agrega.

Según las fuentes consultadas por Martel, la policía secreta de Pinochet tenía infiltrada la Parroquia de El Bosque.

“Pinochet estaba fascinado por las informaciones que le transmitían sus amigos, sus espías y sus agentes sobre los homosexuales. Lo que le interesaba especialmente era la jerarquía católica gay’, me dice Schuller”.

Sodano fue un amigo muy cercano a Karadima e incluso se quedaba en su parroquia, donde tenía una habitación reservada conocida como “la sala del nuncio”.

Hurgaba cuidadosamente en la vida de los curas progresistas para saber si eran gais. Luego transmitía todas estas informaciones al nuncio Sodano, para impedir la promoción de los que eran de izquierdas. Otro amigo cercano a Sodano, era Sergio Rillón, estrecho asesor de Pinochet.

“Varios testigos hablan de los conciliábulos de Sodano y Sergio Rillón, el incondicional de Pinochet, y de su intercambio de dosieres. Sodano, que contaba con los soplos de Karadima y alardeaba de todo lo que sabía, bien pudo compartir estas confidencias con la dictadura chilena”, dice Martel.

“Muchos oficiales del ejército, agentes de la policía secreta y consejeros personales de Pinochet, como Rodrigo Serrano Bombal, un militar retirado, y Osvaldo Rivera, su hombre de cultura, también acudían a la parroquia de Karadima. Los ministros y generales de Pinochet oían misa allí, como buenos practicantes”, agrega.

Martel asegura que otro funcionario del régimen cercano a Sodano era Francisco Javier Cuadra, quien fue embajador en el Vaticano.

AMIGO ESPECIAL

Martel afirma que Sodano tenía una “relación privilegiada, itifálica del género ‘marinero’, con un tal Rodrigo Serrano Bombal”.

-¡Menudo personaje este Serrano Bombal! ¡Qué pedigrí! ¡Qué CV! Frecuentaba mucho El Bosque, era exoficial de la reserva de la armada, probablemente agente secreto de Pinochet. (Su pertenencia a la DINA, la Dirección de Inteligencia Nacional, policía secreta de Pinochet, está confirmada por su decreto de nombramiento, que la periodista Mónica González ha podido consultar.) En el libro de González sobre Karadima, un asistente del cura llamado Francisco Prochaska «recuerda: “un día el padre me dijo que había que mantener a los jóvenes fuera del alcance de Serrano porque era ‘peligroso’, era homosexual”.

El Vaticano, afirma el autor, mientras Sodano era Secretario de Estado, “encubrió a Karadima e incluso pidió a la Iglesia chilena que no le denunciara (…) Sodano defendió por sistema a todos los curas acusados de abusos sexuales para evitar el descrédito de la institución, proteger a sus amigos y, tal vez, a sí mismo”.

También se relacionaba con Sodano, Osvaldo Rivera, un hombre mundano que proclamaba ser “experto cultural de Pinochet” y habitué en La Moneda. Rivera, entrevistado por Martel, le contó que recordaba a Sodano “bebiendo whisky rodeado de amigos ricos y refinados’ y luego volviendo a su casa siempre debidamente acompañado, porque llevaba ‘una buena curadera’.

-Sabemos, pues, que durante sus años chilenos Angelo Sodano tuvo un trato asiduo con la «mafia gay» de Pinochet y la parroquia de El Bosque. ¿Qué sabía exactamente? ¿Qué motivos tenía? Conviene aclarar que en ningún momento, ni durante el proceso Karadima, ni en la prensa, ni en decenas de entrevistas que Sodoma he mantenido en Santiago, ha saltado la sospecha de que Sodano participara personalmente en los abusos sexuales sobre menores cometidos en El Bosque (…) En cambio es casi imposible, teniendo en cuenta la magnitud de los crímenes sexuales de Karadima, su frecuencia y los rumores que circulaban desde hacía mucho tiempo, que Sodano desconociera lo que estaba pasando-, dice el autor, citando a Juan Pablo Hermosilla.

“No sabemos por qué el nuncio apostólico Angelo Sodano tenía tanta afición por este círculo homosexual”, dice Martel. “¿Por qué frecuentaba este ambiente justo cuando Juan Pablo II proclamaba que la homosexualidad era un pecado abominable, el Mal absoluto? Se pueden aventurar, en conclusión, tres hipótesis. La primera es que Angelo Sodano fue manipulado por los servicios secretos chilenos, que le espiaron y se infiltraron en la nunciatura aprovechando su ingenuidad, su inexperiencia o sus relaciones. La segunda es que Angelo Sodano era vulnerable, aceptando la hipótesis de que él mismo fuera homosexual, y hubiera sido obligado a comprometerse con el régimen para proteger su secreto. No cabe duda de que la policía política de Pinochet conocía todos los detalles de su vida profesional y privada, cualesquiera que fuesen; tal vez se los había arrancado. Por último, la tercera hipótesis es que Angelo Sodano, ese gran manipulador que compartía las ideas políticas de los consejeros de Pinochet y sus costumbres, se movió a sus anchas en un ambiente que le era familiar”.