83 millones de dólares aproximadamente costará la organización de la COP 25. El evento que, en palabras de este gobierno “será el evento más grande desde la organización del Mundial del 62”.

Si hacemos la comparación con el presupuesto anual del Ministerio del Medio Ambiente, efectivamente pareciera que si no somos capaces de aprovechar esta instancia para marcar un antes y un después en la lucha contra el cambio climático, vamos a terminar haciendo un papelón de proporciones. Los costos totales (incluyendo gastos privados y públicos) ascienden casi a la totalidad del presupuesto anual del Ministerio y, para dar una idea de la dimensión de lo que estamos hablando, corresponde a más de 3.500 subsidios de vivienda. Un Ministerio que convive con un país sacudido periódicamente por noticias de intoxicaciones por emanaciones de gases venenosos y contaminación atmosférica; incendios forestales y sequías; usurpación de derechos de agua; y cientos de otros conflictos ambientales que pasan frente a nuestros ojos. Un Ministerio, que en palabras de sus propias autoridades, “administra pobreza”. En este escenario, ¿qué sentido puede tener organizar un evento tan lejano como pareciera ser esta Cumbre para luchar contra el Cambio Climático?

La respuesta es simple. Tiene sentido y muchísimo, pero sólo si utilizamos sabiamente la oportunidad. La experiencia diaria que vivimos en Chile, de observar con una mezcla de asombro y resignación el deterioro de la biosfera, es una lamentable constante en nuestro planeta. Como lo han comenzado a demostrar las movilizaciones a nivel global, la ciudadanía está empezando a tomar conciencia sobre el hecho indesmentible de que éste es el desafío más importante de la humanidad en el siglo XXI. Necesitamos definir un nuevo trato entre la naturaleza y nuestras sociedades. Por ello, la organización del esfuerzo de coordinación multilateral más trascendental debe transformarse en una oportunidad inmejorable para politizar y socializar el tema en nuestro país: involucrar a la ciudadanía en su conjunto y asumir compromisos ambiciosos a la altura del estado de crisis en que nos encontramos. Hasta ahora, la acción colectiva internacional y las medidas nacionales son limitadas y de muy baja intensidad. Ante el inquietante Informe emitido por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático en noviembre pasado, que cifró en 12 años el plazo perentorio para disminuir en un 50% las emisiones de CO2, los compromisos chilenos expresados en la Contribución Nacional Determina de 2015 son limitados. Sólo se busca disminuir en un 30% las emisiones en relación al total del año 2007 por unidad de PIB. Esto es una propuesta tímida y que debe ser mejorada ya.

Espero que podamos abandonar la discusión de forma y comenzar a dar la discusión de fondo. En esa línea, me permito señalar algunos de los que debiesen ser compromisos urgentes de nuestro país (1) cierre de las termoeléctricas a carbón teniendo por fecha límite el año 2030. (2) Que el total de la Economía chilena sea carbono neutral para el año 2040. (3) Creación de una partida presupuestaria generosa para financiar los esfuerzos de mitigación y adaptación al cambio climático. (4) Aprovechar la discusión de la ley marco de cambio climático para consagrar legalmente estos ambiciosos objetivos mediante un gran acuerdo nacional.

Desde Revolución Democrática, el partido que conduzco como presidenta, asumimos la deuda que el mundo político y la izquierda tiene con la agenda medioambiental. Debemos ser capaces de aprender de nuestros errores y tomar la lucha climática como el primer paso para redefinir la forma en que la humanidad ha diseñado los sistemas sociales, económicos y culturales que nos rigen considerando los límites de la biosfera, que, como hemos visto en los últimos años, estamos sobrepasando de manera peligrosa.

Finalmente, creo necesario hacer un llamado al gobierno a no desaprovechar esta histórica oportunidad y marcar la pauta en la lucha contra el cambio climático. Hace un par de semanas tuvimos la primera movilización nacional organizada por el movimiento Fridays for Future -Viernes por un futuro-, que vio como un millón doscientas mil personas se movilizaron en la lucha contra el cambio climático. Les aseguro que hay muchísimas personas más que se movilizarán este año. Los jóvenes y la población en general está tomando conciencia del riesgo al que nos estamos exponiendo por nuestra inacción y por el poder que hemos dado al capital para impedir la implementación de medidas para avanzar a una economía carbono neutral.
El cambio climático es la principal batalla de la humanidad en el siglo XXI, y como país, debemos estar a la altura del desafío. La COP25 debe salvar el planeta.

Por Catalina Pérez
Presidenta de la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados y Presidenta de Revolución Democrática