Valeria Sarmiento dirigiendo la construcción de La Telenovela Errante el 2017.

El 11 de agosto de 2011, en París, fue el fallecimiento de Raúl Ruiz, un cineasta que rodó más de 120 películas en su filmografía y que tras su muerte, sigue dando noticia por su prolífico trabajo. El año pasado se estrenó en Chile la tercera pieza póstuma del realizador: “La telenovela errante”, trabajo codirigido por la cineasta Valeria Sarmiento, su viuda.

En pleno montaje de la cinta, el trío compuesto por Sarmiento, el montajista Galut Alarcón y la productora Chamila Rodríguez, encontraron en el cine capitalino Normandie seis latas que contenían una reliquia cinematográfica: “El tango del viudo”, el primer -y desconocido- largometraje del realizador chileno, una cinta que, según su propio creador “gira en torno a un hombre cuya mujer se le aparece como un fantasma. El fantasma lo sigue por todas partes, debajo de la cama, debajo de las mesas… a fuerza de frecuentar al fantasma, el hombre comienza a parecerse a él, de modo que va afeminándose cada vez más, en un espiral en el que descubrimos que nunca estuvo casado, y que se trata simplemente de un desdoblamiento de personalidad y un juego esquizofrénico”.

Este proyecto fue rodado en Santiago el año 1967, cuando el director tenía solo 27 años. La cinta fue protagonizada por los actores Rubén Sotoconil, Claudia Paz, Luis Alarcón, Shenda Román y Delfina Guzmán. Sin embargo, debido a la falta de fondos para la construcción de audio, el realizador abandonó el trabajo. Según el propio registro realizado por la productora Poetastros, en un artículo de noticias de la época, el director decía: “El futuro será responsable de dar sonido a esta película, que hoy se guarda en silencio”.

Y así fue.

Luego de revisar el material, tuvieron una importante hazaña: descubrir cuál era el guión de la cinta, hasta entonces muda. Por lo mismo contrataron a Carolina Mujica, Carmen Gloria Uribe y Carmen Figueroa Elgueta, quienes se encargaron de las lecturas de labio facial, señas y expresión corporal. “Tuvimos que reconstruir el sonido con mujeres sordas que trataron de descifrar los diálogos. Y después, junto a Omar Saavedra, tratamos de armar el guión para hacer el doblaje con los actores”, relata Sarmiento.

Tras dejar en suspenso la producción, Ruiz rápidamente pasó a trabajar en el proyecto ‘Tres tristes tigres’, filme que se estrenó en 1968 y que lo catapultó a la fama mundial.

La película “El tango del viudo” que recibió un Fondo de Patrimonio Audiovisual  2018 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio para hacer una investigación y construir por primera vez el guión, el montaje, y el diseño sonoro, pero aún se encuentra a la espera de más apoyo para la realización de la postproducción de la cinta y la construcción del sonido. Se proyecta su estreno para el año 2020.

¿Cómo encontraron todo este material?

-Nosotros sabíamos que existía y Raúl también sabía que existía, pero nunca se dio

el trabajo de terminarlo. Creo que una vez vio el material, pero siempre pasaba a otro proyecto, a otra película y nunca tenía la posibilidad de concluirlo. Después de que terminamos “La Telenovela errante”, le dije a Chamila y a Galut de Poetastros: ¿por qué no terminamos “El tango del viudo”?. Entonces partimos a buscarlo. Estaba guardado en el entretecho del cine Normandie en calle Tarapacá.

¿Cómo continuaron el proceso?

-Galut y Chamila pidieron ayuda al Fondo de Patrimonio Audiovisual para restaurar todo el material y así comenzó la cosa: nos dieron un poco de dinero y comenzamos a hacer todo el trabajo técnico. Después hubo que pensar cómo lo íbamos a terminar, porque eran seis bobinas solamente: la 2, 3, 4, 5, 6 y 7. Faltaba una: La primera.

¿De qué forma completaron ese vacío?

-Lo completamos con el material que estaba, que fue solamente el material que filmó Raúl, pero se montó de manera diferente y de esa forma dio el largo que nosotros queríamos, que era una hora.

Este descubrimiento surge en el mismo proceso de la Telenovela Errante.

En “La telenovela errante” había una idea un poco más clara de la película, había un guion. En este caso fue tomar piezas rotas y armar una especie de mosaico. Pero muy entretenido. Yo me asusté al principio porque dije: “uhh, en qué lío me metí”, pero poco a poco fui fascinándome. La estructura que encontramos entre todos fue muy bonita.

¿El fondo que les permitió hacer?

-El patrimonio que nos han dado basta para llegar a una terminación bastante somera, bastante básica. Para terminarlo bien necesitaríamos un poco más de dinero y para poder trabajar bien la imagen. En simple, nos falta el fondo para la limpieza. Mal que mal, es una película que estuvo 50 años guardada: tiene ralladuras, tiene pelos, etcétera. Y con el nuevo trabajo digital que existe hoy se puede recuperar la imagen con una excelente calidad.

Otra vez el juego con la muerte, un tópico que parecía gustarle a Raúl.

-Claro, esta es la historia de un hombre que encuentra a su mujer muerta y después esta mujer se le empieza a aparecer por todos lados. Y de alguna manera encaja en su obra porque se hermana con el cine fantástico que tanto le gustaba. Temas que trabajó más en el cine europeo, indudablemente. Le fascinaba bastante a Raúl el mundo fantástico y le encantaba el contacto de los vivos con los muertos, y de los muertos con los vivos. La prueba de eso es que se nos sigue apareciendo de distintas formas ahora muerto. Este proyecto es la perfecta metáfora de la presencia de Raúl en nuestras vidas.

Entiendo que esta cinta se filmó en Santiago y lo presenta muy distinto. ¿Qué clase de ciudad es la que vemos en “El tango del viudo”?

-Es interesante porque ves Providencia con los autos antiguos, los buses antiguos. La cinta se filmó en la casa y en el barrio de sus padres porque es una película realizada con muy pocos medios. Entonces todavía existen los vasos,  las copas que se utilizaron en la película como parte del decorado. Se ven los cuadros, se ve el vestuario original de la época, se ven algunos elementos de Santiago. Se ve la calle Huelén, por ejemplo. De alguna manera recupera una ciudad que ya no existe.

¿Cuál fue el primer desafío que tuviste a cargo de esta película?

-Todo fue un desafío en esta película. Empezar primero: entender qué decían los diálogos de los personajes fue todo proceso porque la información que descifraba el equipo de señas muchas veces no coincidía completamente con lo que yo creía de lo que veía en las imágenes. Y además, no lo veía en bocas de los actores de Raúl, así que seguíamos buscando opciones hasta que encontramos resultados que nos dejaron conformes.

Indudablemente yo en mis ratos libres hago esto, después yo sigo trabajando en mis proyectos. Después de “La telenovela errante”, filmé un largo francés que se va estrenar en Chile en mayo que se llama “El cuaderno negro”. Y ahora estoy preparando otro proyecto para filmar. Encabezar este tipo de proyectos es mejor para mí porque me mantengo ocupada todo el tiempo, no tengo baches.

¿Cómo armas y piensas la obra rota de Raúl, en medio de tu propia creación?

– Siempre fue así. Editaba o montaba un filme de Raúl y después pasaba a mis películas.

Ahora es lo mismo.

En el dossier de la película realizado por Poetastros, la realizadora y viuda de Ruiz ahonda en la necesidad de seguir abordando su obra. “Desde que murió Raúl, no he dejado de soñar con él. Cada vez que cierro los ojos, no dejo de estar alerta de las señales de una especie de vida paralela. Una vida en la cual Raúl y yo seguimos conviviendo con algunas discusiones, peleas y también nos seguimos entendiendo como amigos y compañeros (…) Y es verdad: los sueños han sido mi relación con Raúl después de su muerte. Cuando vuelvo a hurgar entre el sinfín de cuadernos, diarios, proyectos teatrales, de ópera o cine que dejó sin terminar o solo quedaron como gestos iniciales de su creación, me resuena este diálogo que continúo con él mientras duermo. En el caso de “El tango del viudo” detecto las mismas intenciones poéticas, filosóficas y críticas del Raúl de siempre, solo que en estado puro, como con un juguete nuevo, dentro de los espacios de la casa que aún compartía con sus padres, doña Olga y don Ernesto. Para mí poder terminar su primer largometraje, es una forma de materializar este diálogo que proviene directamente del mundo de los sueños, donde hacemos películas como siguiendo recetas de cocina improvisadas, e inventamos con los elementos que tuviéramos a la mano. Por eso, ni él ni yo, nunca paramos de filmar”, expresa Sarmiento.