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Francisco Undurraga, ministro de las Culturas: “Un país sin el reconocimiento de su patrimonio tampoco construye el patrimonio hacia el futuro”

En una nueva celebración del Día del Patrimonio este fin de semana, el ministro Francisco Undurraga reivindica una mirada “menos fragmentada” de la identidad cultural chilena. “Los patrimonios de todos y cada uno de nuestros pueblos, ciudades, comunas, nos pertenecen a todos”, plantea, mientras promete una gestión enfocada en ampliar el acceso y “llevar la cultura a la mayor cantidad de gente posible”. Además, habla sobre cuál espera que sea su aporte en la cartera, y dice que el Ministerio de las Culturas no puede ser "secuestrado" por sectores políticos.

Sigue a The Clinic en Google News Por 30 de Mayo de 2026
Francisco Paredes
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Hace un mes, cuando el Ministerio de las Culturas comenzó a adelantar planes, se anunció que este fin de semana -el del 30 y 31 de mayo- se celebraría nuevamente el patrimonio chileno en lo que se ha convertido una fiesta ciudadana masiva. Pero, a diferencia de los últimos cuatro años, sería el Día del Patrimonio, y no “los patrimonios”, como se usó entre 2022 y 2025.

El ministro Francisco Undurraga explica ahora, desde el Palacio Pereira, el volver a la tradición histórica del nombre, donde el patrimonio es uno e indivisible.

“Lo que pasa es que este es el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, no es el Ministerio de los Patrimonios. Y el Día del Patrimonio nosotros lo entendemos como las múltiples acciones ciudadanas que se han hecho en la historia que construyen algo que nos une, que nos identifica transversalmente”.

Añade: “En este ministerio no hay anulación a la individualidad. Nosotros creemos que el constructo social cultural se hace a través de las múltiples visiones, pero tenemos que volver a recuperar como ministerio, como país, ese concepto que nos emociona tanto: cuando en el Maracaná se canta la canción nacional y se corta la música del himno a la mitad y la gente siempre canta”.

Undurraga ha estado estas semanas, desde que aterrizó como ministro, viajando por el país en diferentes actividades que tienen que ver justamente con ir resguardando y celebrando lo que nos une. A días de la cuenta pública, habla con The Clinic sobre su cartera y de cuáles son los acentos para su liderazgo. Y, por supuesto, de la celebración de este fin de semana.

—Se ha destacado que hay actividades del Día del Patrimonio en el 100% del territorio nacional.

—Es un orgullo, es una meta que nos autoimpusimos. Esto no se trata de ganarle a otro gobierno, sino que se trata de cumplir con un mandato que nos dio el Presidente de la República, y me lo dio cuando me invitó a participar como ministro, que es llevar la cultura a la mayor cantidad de gente posible.

Y desde ese punto de vista, no solamente estamos en el 100% de las comunas del país con alguna actividad patrimonial, sino que además tenemos más de 4.000 actividades y tenemos más de 1.000 actividades que son accesibles no solamente física, sino además en términos cognitivos.

El patrimonio es todo aquello que nos relaciona habitualmente, no solamente urbanísticamente hablando, sino también los utensilios, las costumbres.

—Supongo que es importante acentuar este año en un nuevo gobierno, qué es lo que se entiende por patrimonio. ¿Cómo lo están definiendo?

—Bueno, nosotros lo definimos como la historia que compartimos. Es el eslogan, ese es el llamado. Esta, además, es una fiesta muy poco polarizada, en la cual participan muchos ciudadanos, es muy transversal.

Los patrimonios de todos y cada uno de nuestros pueblos, ciudades, comunas, nos pertenecen a todos, ya sea por habitualidad, por observación, por utilización. Y además lo interesante es que los patrimonios no solamente son aquellas edificaciones, entre comillas, antiguas. El patrimonio también está en las propuestas modernas, arquitectónicamente hablando.

La construcción cultural de una sola nación por lo demás es el mandato que emana no solamente del resultado electoral de segunda vuelta del Presidente Kast, sino además del resultado de la primera vuelta del proceso constituyente, donde se nos presentó un texto que quería fragmentar y la ciudadanía le dijo que no.

El año para una nueva Ley de Patrimonio

—Este año se espera sacar adelante la nueva Ley de Patrimonio, que justamente actualiza varias cosas institucionales, pero también expande los conceptos de cuando fue creada la ley.

—Más que expandir los conceptos, lo que hace es definirlos. Para nosotros es muy importante reactualizar una ley que nos acompaña desde 1970 y que se entronca con los orígenes de la Dibam, donde no nos hemos puesto de acuerdo en los conceptos fundamentales de lo que queremos proteger como nación.

Y cuando hablo de esto, no es que esté hablando de darle una carta blanca a nadie, ni al mundo estatal, ni al mundo privado. Lo que hablo es que nosotros tenemos que tener y provocar certeza jurídica que afecta también profundamente a las inversiones del Estado.

Demora en construcción de hospitales, demora en construcción de cárceles, demora en construcción de bibliotecas, demora en construcción de museos. Demoras por hallazgos que después terminan siendo desechados porque no tienen el valor que tenían.

—Pero eso ha llevado la discusión actual a que el patrimonio se ha visto como lastre, como lo que se interpone entre una superconstrucción y el avance del país. La conversación se ha llevado a la economía y el patrimonio.

—No estoy de acuerdo con eso. El Gobierno está trabajando a través de este ministerio en definir qué es lo que se protege y lo que no se protege. Tal como te estaba señalando, hoy día el lastre es la excesiva demora y ambigüedad para poder determinar si es protegible o no protegible. Eso al Estado, en la Región Metropolitana, le ha costado al menos 70 millones de dólares en la construcción, que no son de un ministerio determinado, sino que son de todos los ciudadanos. Entonces no es un tema de que estemos beneficiando a unos por sobre otros, al contrario, queremos generar certeza jurídica.

Queremos agilizar los procesos entendiendo que hay mucha de nuestra historia que tenemos que proteger. Un país sin el reconocimiento de su patrimonio tampoco construye el patrimonio hacia el futuro. Pero nosotros tenemos que descentralizar. La ley lo que está haciendo es generando espacios en cada una de las regiones para que se tomen las determinaciones.

—Usted decía que parte de su mandato ha sido que la cultura le llegue a todos los chilenos. ¿Cuáles son las barreras hoy día de acceso a la cultura en Chile? ¿Cómo se cumple ese mandato?

—Bueno, las barreras de acceso a la cultura hoy día tienen que ver primero con que el ministerio se enfoque no a la masividad por la masividad, sino que para proveer de más cultura a todos los chilenos a través de los actores culturales. Entendiendo las legítimas diferencias de la apreciación que uno puede tener en relación a las expresiones que conviven dentro de este mundo.

Lo que nosotros buscamos es el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio sea un validador de calidad, porque aquí hay mucho profesional que trabaja en forma seria también y lo hace muy bien por cierto. Y desde ese punto nosotros creemos que todo lo que lleve un sello del Ministerio es de calidad.

El trabajo de la cultura no es aislado, tiene que ver también con las ciencias, tiene que ver sobre todo con la educación. La cultura mientras más masiva sea en su llegada a la mayor cantidad de personas, ayuda a la democratización de nuestro país, ayuda a generar un juicio crítico.

“A la cultura se le ha tomado por asalto y ha querido ser capturada por sectores”

—La semana pasada entrevistamos en The Clinic a la exministra Paulina Urrutia y ella hablaba de que en estos 20 años de Ministerio faltaba todavía una mirada al futuro del Estado con la cultura en Chile. Que se vayan acentuando distintas cosas por los gobiernos, pero que realmente exista una política estatal cultural.

—Yo no estoy tan de acuerdo con ella. Nosotros estamos dándole continuidad a políticas que vienen incluso desde mucho antes del gobierno anterior. Toda la dotación de infraestructura cultural que estamos haciendo a nivel regional es algo que no se ha detenido y no se va a detener. Yo estuve poniendo la primera piedra de la Biblioteca de La Araucanía, estuvimos revisando en Punta Arenas el desarrollo de la Biblioteca Regional, que ya tiene un 60% de implementación.

Lo que pasa es que a la cultura se le ha tomado también por asalto y ha querido ser capturada por sectores. Nosotros creemos que la cultura tiene que tener elementos que nos hagan y nos generen identidad del Estado, identidad nacional. Nosotros no tenemos dificultad a la discusión, al contrario, este es un ministerio que evidentemente debiese ser más protagonista del acontecimiento nacional. Pero también la ciudadanía cuando le pregunta dónde están sus preocupaciones, en ninguna de ellas aparece la cultura. Entonces aquí hay que hacer un trabajo más multidisciplinario: educación, ciencia, tecnología.

—Dentro de la discusión de estas semanas de reducir ministerios, se puso sobre la mesa la idea de que Cultura fuera parte del Ministerio de Educación.

—Este es un ministerio que viene desde la Dibam, que dependía de Educación históricamente. Costó mucho que fuera un ministerio. Este es un ministerio en que tenemos que conocernos y reconocernos todos los actores de del país. Es un ministerio que por muchos ha sido señalado como un elemento de exclusión y no de inclusión.

Este es un ministerio donde políticas, no sé si culturales, pero sí partidistas, premiaban al adherente.
Fíjese que dentro de los múltiples reglamentos de todos los concursos que nosotros tenemos, y me lo hacían a ver actores del mundo editorial, en el tema del libro, de los concursos de ferias, existe una cláusula que estamos modificando, que dice que solo podrán participar todos aquellos que hayan recibido aporte durante los últimos tres años. Eso está mal, eso no jugar a favor de la cultura.

—¿Y cómo se contrarresta eso?

—Justamente que no quede secuestrada por esas prácticas. Que no quede tampoco secuestrada por el ministro Undurraga. Nosotros creemos en que la cultura es un aporte; la prueba está en que el Presidente Kast nombra a uno de los cuatro o cinco ministros políticos o con trayectoria política en el Ministerio de Cultura.

Nosotros queremos jugar con reglas claras: aquí no hay que ser de Evópoli para ser Premio Nacional. Y, lamentablemente, durante mucho tiempo parece ser que había que ser de otros partidos para poder ser premio Nacional en Artes, sin faltar el respeto por cierto, a ningún artista.

—Los premios nacionales tienen un jurado que incluye a más personas de otros ministerios.

—Pero la autogeneración del que participa en el último premio. Yo creo que hay que darle más transparencia a todos los procesos internos que afectan todas las condiciones internas en el mundo de la cultura.

Yo tengo que darle garantía a aquel actor cultural que no votó por Kast, que no se siente para nada cercano al presidente Kast y desde luego al ministro que se le va a evaluar por su proyecto y no por su condición.

De recortes y presupuestos

El aterrizaje de Undurraga en el ministerio ha estado, al igual que otras carteras, marcado por la discusión presupuestaria; la detención de la Sala 2 del GAM, el recorte del diez por ciento del presupuesto en el caso de Cultura. Al mencionar el tema, el ministro es enfático en subrayar lo que él cree debe ser entendido en la conversación.

“Los presupuestos en toda empresa, en toda organización, son un sueño hacia adelante. El presupuesto de este año, al primero de enero, era de 533 tantos mil millones de pesos. Para cuando nosotros asumimos, este ministerio ya había sufrido un ajuste provocado en enero por el ministro Grau, de 800 millones de dólares a todo el Estado. Luego ya no era 530 y tantos mil millones, sino un poco menos”, dice Undurraga.

Y añade: “Pero uno puede declarar buenas intenciones y uno puede hacer buenas cosas. El ejecutado del año anterior, con un presupuesto de más o menos 470 mil millones, se subejecutó en un 12%. Quedó efectivamente invertido en cultura en 420 mil millones de pesos. Nosotros bajamos un 9,8% y quedamos en 470 mil, quedamos 50 mil millones de pesos arriba de lo que se ejecutó el año anterior. Yo no quiero juzgar por qué se ejecutó o no se ejecutó y que se dejó de ejecutar, pero sí creo que el debate tiene que ser honesto y no tiene que ser mañoso”.

Hemos estado centrados en estos dos meses en esa discusión. ¿Cuáles son entonces los anuncios del Ministerio de las Culturas que vienen pronto? ¿Va a estar la cultura, por ejemplo, en la cuenta pública?

—Por supuesto que va a estar. Yo te puedo decir que esta es una rueda que no para; el Ministerio no está en inacción, el Ministerio está construyéndose. Nosotros estamos preparando un plan hacia adelante, para lo cual estamos trabajando en un presupuesto, estamos evaluando las líneas. Que además es muy propio de un cambio de administración. Hay que recordarle a la ciudadanía que ganamos nosotros y no ganamos un gallito: nos votaron para que administráramos este país y lo gobernáramos.

Entonces hoy día estamos ya empezando a preparar el presupuesto próximo año, que tiene que empezar a discutirse a partir del último día del mes de septiembre. Para eso hay que trabajar completamente. Aunque parezca que llevamos mucho tiempo, llevamos 80 días. Mi objeto es construir todas las acciones que nos lleven a llevarle la mayor cantidad de cultura a la gente, como lo ha dicho, y en eso no nos cerramos absolutamente nada. La cultura no se detiene y además nunca se va a detener por decreto.

—Usted llegó a este ministerio sin saber mucho del mundo de la cultura, más allá de su historia familiar. ¿Qué ha sido el mayor aprendizaje de cómo se gestiona cultura y de las necesidades de la cultura por parte de un ministerio?

—Bueno, yo he tenido la suerte durante estos pocos meses, de juntarme con muchos actores relevantes del mundo de la cultura. No tengo ningún veto hacia nadie, al contrario, evidentemente yo tengo que aprender, pero tenemos una visión particularmente clara. Yo no soy gestor cultural, nunca lo he sido, pero sí soy gestor en el mundo privado y también en el mundo público. Hacer política también es ser gestor y cuando uno está en la condición de ministro también está en la condición de gestor.

Este ministerio ha sido administrado usualmente por personas que vienen propiamente del mundo de la cultura. Bueno, quizás por eso es un ministerio que no está la palestra de las necesidades de la ciudadanía a través de las encuestas, a pesar de que las acciones que nosotros acometemos son sumamente aceptadas, como por ejemplo, este fin de semana, la gente concurre a los museos y la gente va a las bibliotecas, la gente se entusiasma con las propuestas culturales.

Es un ministerio que necesita ese doble vínculo también de la gestión y también de la relación política y no solamente al interior del gabinete, sino además con el parlamento. Yo creo que puedo hacer un aporte desde una óptica distinta a lo que estábamos acostumbrados. Yo no voy a hablar mal de ningún exministro porque no me corresponde y tampoco está en mi ADN esa situación: yo quiero aportar desde la óptica del gestor. Yo quiero aportar para que nos encontremos en un país que requiere mucha cultura, requiere mucho de relacionarse manteniendo las identidades individuales y colectivas naturales que se reflejan no solamente en la democracia, sino en la sociedad en general. Ser un país en que podamos volver a conversar, que podamos volver a dialogar.

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